El alma del vino (un artículo de Mikel Zuza)

Firma: Mikel Zuza Igual que para obtener vino hay que prensar antes las uvas, así también debían prensarse los libros en aquel tiempo ya lejano en que la imprenta...
El alma del vino.

Firma: Mikel Zuza

Igual que para obtener vino hay que prensar antes las uvas, así también debían prensarse los libros en aquel tiempo ya lejano en que la imprenta era todavía un invento nuevo llamado a revolucionar la difusión del conocimiento.

De esta manera, uvas y páginas, letras y taninos, en definitiva: vino y tinta, compartieron durante siglos una misma forma de elaboración, paciente, reposada y madurativa, que es la que acaba dando como resultado las mejores añadas.

Y cierto que será difícil encontrar una tan abundante –literariamente hablando- como esta que recoge el libro “El alma del vino”, recién publicado por Ediciones Eunate, donde toda una generación de nuevos autores y autoras navarros ponen negro sobre blanco (¿o será mejor decir en este caso tinto sobre blanco?) lo mejor de su ingenio para producir este primer fruto conjunto de la Asociación Navarra de Escritores/as – Nafar Idazleen Elkartea.

 Una entidad que busca sobre todo dar a conocer el trabajo de quienes ahora mismo nos asomamos al folio o a la pantalla en blanco dentro de nuestras mugas. Por eso mismo no resulta demasiado extraño que se haya elegido el vino como nexo de unión de esta cosecha de letraheridos y letraheridas forales.

             Porque Chandler o Hammet tendrían su bourbon; Dumas o Victor Hugo su Armagnac; y Fitzgerald o Highsmith su ginebra, pero eso debió ser porque no tuvieron ocasión de probar el vino de Navarra. Por eso tampoco sorprende que la presentación de la obra tuviera lugar el pasado 30 de noviembre en Olite, auténtico corazón enológico del reino, como demuestra la recién restaurada portada de la iglesia de Santa María, con vides y frutos que, si no fueran de piedra, darían un vino tan excelente como el de sus hermanas que maduran al sol de la zona media.

Precisamente la misma por la que hace miles de años dicen que anduvo Túbal, el nieto de Noé, patriarca bíblico famoso no sólo por carpinterear un arca en la que dio refugio a todos los animales del mundo (incluidos los humanos), sino sobre todo porque al desembarcar, lo primero que hizo fue plantar una viña y, naturalmente, embriagarse con su fruto.

Y sabía lo que hacía, porque vivió nada menos que novecientos cincuenta años, calculando todos los sesudos analistas que han estudiado estos temas, que debió tener por tanto sus tres hijos (Sem, Cam y Jafet) a la edad de quinientos. Lo cual –convendréis conmigo- es imposible de admitir, si no es con mucho vino por medio.

Así que, si en estas próximas Navidades queréis proponeros seguir el método que permitió a Noe alcanzar tan provecta edad, no se me ocurre mejor manera de empezar que recomendaros que os bebáis a pequeños sorbos estos veintiocho relatos y seis poemas que componen “El alma del vino”, con varietales tan estupendamente diversas como el policiaco Cabernet Sauvignon, la romántica Garnacha o el histórico Tempranillo.

 Además, pensad que, si regaláis estos días un ejemplar a alguno de vuestros seres queridos, un escritor o escritora navarra recibirá, sino un par de alas, sí al menos la alegría de ser profeta en su tierra. Y eso siempre merece un buen brindis.

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