Ansarul Islam, la nueva y creciente amenaza yihadista en el Sahel (Un artículo de Cierzo Bardenero)

Desde que se dieran a conocer en diciembre de 2016 con un ataque a los tropas burkinesas, la milicia no ha parado de crecer en la zona
Mapa Sahel

Firma: Cierzo Bardenero

Recientemente han surgido rumores en la esfera yihadista sobre una posible incorporación de la milicia integrista islámica burkinesa, conocida por Ansarul Islam, al Estado Islámico aunque no hay nada confirmado por ahora. El grupo que se dio a conocer públicamente con un ataque contra tropas burkinesas en diciembre de 2016, que costó la vida a 12 soldados de este país en lo que ha sido en el mayor ataque sufrido por las tropas de este país en toda su historia, y desde dicha fecha Ansarul Islam no ha parado de crecer.

Durante este periodo, se ha hecho fuerte en las provincias fronterizas con Mali y Níger y en especial en el bosque de Fhero donde han establecido su bastión, desde donde imponen su ley en la zona atacando puestos de policía y el ejército, cerrando escuelas que imparten educación occidental y disolviendo bodas y otras ceremonias religiosas que consideran ostentosas.

Desde entonces, 300 escuelas han cerrado en la zona, propiciando una fuga de educadores hacia ciudades más grandes en las que buscan la protección de unas fuerzas de seguridad simplemente se conforman con no perder grandes núcleos de población en el oeste-noroeste del país.

Pese a que Ansarul Islam surgió como rama burkinesa de la Katiba Macina, que a su vez es un subgrupo de una organización mayor que opera en el norte de Mali conocida como Ansar Dine, esta primera se negó a formar parte de la fusión de grupos yihadistas en la zona en una organización única llamada Jaamat Nusrat  al-Islam wal muslimin (JNIM) e, incluso, criticó a sus matrices Ansar Dine y Katiba Macina por unirse a la misma.

La fusión de las diferentes ramas de Al Qaeda en la zona con Ansar Dine y Katiba Macina tenía como doble fin enfrentarse de tú a tú contra las tropas de la operación Barkhane en la zona (Francia, Níger, Mali y Burkina) e impedir a implantación y desarrollo del Estado Islámico en la zona del Sahel.

El primer objetivo lo han logrado con creces ya que JNIM ha mantenido la ofensiva contra Barkhane e, incluso, ha incrementado la cantidad de ataques a sus tropas tanto en Níger como en Malí. Por otro lado, también han mantenido en la irrelevancia a los militantes del Mujao que con Abu Walid al Sahrawi a la cabeza había hecho juramento de fidelidad al ISIS para formar el Estado Islámico en el Gran Sahara.

Si el Estado Islámico en el Gran Sahara no lograba crecer, pese al apoyo de la matriz y la cercanía de otros grupos componente del ISIS como las vilayas de Libia y Boko Haram, por pura lógica era imposible que subsistiese un grupo yihadista independiente, compuesto por decenas de militante y en un país en el que el yihadismo es más que una anomalía.

Sin embargo, Ansarul Islam ha sobrevivido a operaciones del ejército burkinés para reinstaurar el control de las provincias fronterizas con Níger y Mali, se ha reforzado e incluso se han detectado colaboraciones entre ellos y Estado Islámico del Gran Sahara y con un grupo irregular compuesto por miembros de la Guardia Presidencial de Compaoré, cuerpo disuelto por estar tras un golpe de estado en 2015.

Los rumores están ahí y simplemente podrían estar esperando tanto el Estado Islámico en el Gran Sahara como Ansarul Islam a la realización de un gran ataque para explicitar la unión de ambas organizaciones yihadistas, al albur de la propaganda internacional que les daría dicho gran atentado.

La necesidad de abortar este gran ataque que se estaría preparando y evitar de forma temprana la implantación de otro gran grupo yihadista en la zona es lo que habría empujado a tropas de Francia, Mali y Níger a lanzar una gran operación contra el bastión de Ansarul Islam en el bosque de Fhore.

Según fuentes de la zona dicha operación se ha saldado con la detención de unas 200 personas en el bosque de Fhero, de las que prácticamente ningún era militante islámico y si jóvenes civiles de la zona de etnia fulani, por lo que la misma  puede considerarse un fracaso y además acrecentar el sentimiento de persecución de los fulanis por los gobiernos de la zona.

La prensa especializada del Magreb da por hecho la unión del ambas formaciones yihadistas, planteando solo la duda en la relación que mantendrían entre ambas, esto es, si Ansarul Islam prestará juramento de fidelidad al emir de Estado Islámico de Gran Sahara, subordinándose a esta o si el juramento sería directamente a Abu Bakr Al Baghdadi, por lo que la relación entre ambas sería en pie de igualdad.

Sea cual sea el tipo de relación entre Estado Islámico del Gran Sahara y Ansarul Islam, lo importante es el surgimiento de un grupo con presencia en Burkina Faso y Níger que a su vez forma parte de una organización global que ya está presente en Libia y Norte de Nigeria y busca nuevos frentes para la yihad tras su desaparición en Siria e Iraq.

Esta nueva organización supondría una competencia en el Sahel que Al Qaeda pretendía abortar con la creación de JNIM y también un nuevo enemigo al que la Operación Barkhane debería enfrentarse en un momento en el que a duras penas pueden mantener el orden en el norte y centro de Mali o en el oeste de Níger.

Por otro lado, el emir de Ansarul Islam, Malam Ibrahim Dicko, en una muestra de pragmatismo y pese a las críticas que lanzó a varios componentes de JNIM por incorporarse a la misma, ha enviado emisarios para reunirse con un destacado emir de JNIM que se mueve al otro lado de la frontera entre Burkina Faso y Mali a fin de mejorar relaciones entre ambas organizaciones.

Pese a que nada es totalmente seguro y la fusión puede acabar descarrilando, es claro que el proceso de reordenamiento del yihadismo en el Sahel aún no ha finalizado, que el resultado de dicho proceso será una o dos organizaciones capaces de hacer frente a los ejércitos francés y de los países de la zona para así controlar los flujos de tráfico de droga, personas y armas a Europa que supla la pérdida de ingresos tras ser desalojados de los pozos de gas y petróleo de Iraq y Siria.

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