Aportaciones políticas a un debate sobre el TAV (Un artículo de Eduardo Santos)

Debemos tener derecho a decidir en Navarra el modelo de tren que queremos plantearle al Ministerio si lo vamos a financiar
Tren de alta velocidad de Renfe | Foto: Marca España
Tren de alta velocidad de Renfe | Foto: Marca España

Firma: Eduardo Santos*

La clave de todos los debates sobre las grandes infraestructuras públicas es evidenciar el modelo económico y social que esconden. Es sabido que la propia construcción genera una serie de plusvalías obtenidas del presupuesto público que va a parar a las grandes empresas constructoras, que a su vez venden el retorno social en forma de empleo temporal y frecuentemente de escasa calidad. Mantener ese sistema exige una nueva y costosa infraestructura.

La derecha navarra argumenta su necesidad con base en el significante vacío del “progreso”, que es intrínsecamente bueno sin necesidad de mayor justificación. En todas estas obras, el impacto social, medioambiental o económico no tiene importancia o se despacha con un trámite. De la misma manera, la participación pública suele reducirse a criterios restrictivos de legalidad. 30 días en agosto para consultar miles de folios, (frecuentemente de carácter técnico) en una oficina.

El retorno económico de este modelo es un incremento de la deuda pública, que a su vez trae como consecuencia la imposibilidad de dedicar presupuesto a otras necesidades sociales. Por no hablar de la corrupción, que siempre acaba apareciendo. Quienes nos oponemos a este estado de cosas, con frecuencia somos tachados de retrógrados, violentos, o ecologistas trasnochados. No son grandes aportaciones al debate. Lo que si creemos desde PODEMOS-AHAL DUGU es que debe cumplirse la legislación en materia medioambiental. Si hablamos de la modernización del tren en Navarra, con la que estamos absolutamente de acuerdo, debemos hablar de un tren social, que nos sirva para comunicarnos a las personas que vivimos aquí con otros lugares, que sirva para mercancías y para el desarrollo de las empresas de Navarra, lo cual es imposible con la plataforma que el Ministerio proyecta construir. Este tren debe tener un precio razonable, no elitista, que nos permita competir con otras formas de movilidad más costosas y debe ser medioambientalmente sostenible. Por otro lado, es muy importante cumplir la legalidad.

Una infraestructura de tal calibre debe ser sometida a un proceso de participación pública serio. A nadie se le escapa que todos los intereses que acabo de mencionar deben ser ponderados en la decisión política que tomen los organismos legítimos. No conocemos otro camino mejor para una decisión democrática que el hecho de que esos intereses salgan a la luz claramente y luego se equilibren y se ponderen a la vista de todas las personas. Necesitamos saber quién quiere transportar mercancías y hacia dónde, quién quiere acortar los tiempos de viaje, quien se quiere subir en Tudela o en Tafalla, cuánto nos va a costar y por último cómo se va a financiar.

En este punto, y dado que además el autogobierno de Navarra permite firmar un
Convenio con el Ministerio, titular de la competencia de proyecto y construcción de grandes
líneas de ferrocarril, debemos tener derecho a decidir en Navarra el modelo de tren que queremos plantearle al Ministerio si lo vamos a financiar. Porque si nos lo van a imponer al menos no pagamos costes de financiación para adelantarnos una obra que es inútil para nosotras. En sendas preguntas parlamentarias que hicimos en el Congreso, el Ministerio nos decía que “apuesta prioritariamente por la reducción de los tiempos de viaje actuales”.

Y para justificar la obra aludía a un “Estudio de Demanda y Rentabilidad del Corredor Navarro de Alta Velocidad”… fechado en el año 2000. Estas respuestas son de marzo de este año y se juzgan por sí mismas. Lo de Corredor Navarro pónganlo ustedes también entre comillas. De lo demás, nada de nada. En estos últimos tiempos UPN anda a la ofensiva con este asunto. Pretende mostrarnos a todos los grupos del cambio como unos anarquistas que pierden oportunidades. Y pretenden mostrarse a sí mismos como esos buenos gestores que son capaces de traer el progreso con base en su capacidad de negociación con sus dos esenciales escaños.

Sin embargo, en el pacto presupuestario con el Partido Popular sólo han sido capaces de consignar 45 millones de euros de un dinero que el Estado ya nos debe en virtud del desastroso Convenio que ellos mismos firmaron. Además, sólo son capaces de defender la construcción, tal como está planteada por el Ministerio sin preguntar a nadie, del tramo Villafranca-Biurrun, es decir, ese que no conecta con nada ni con nadie, dado que el Gobierno del PP sólo utiliza las grandes infraestructuras como medio para ganarse adhesiones territoriales y Navarra ahora no es interesante porque no gobiernan sus afines. UPN defiende incluso que se haga la obra al margen de Convenio alguno con el Gobierno de Navarra.

Tan navarrísimos que son para otras cosas. Su futuro, su progreso, es ya nuestro pasado y pesa como una losa. La Ciudad del Transporte, Gendulain, el Circuito de Los Arcos, las decenas de urbanizaciones paralizadas, el Navarra Arena, las inversiones en fotovoltaicas, las aportaciones a CANASA, la expansión internacional de la Caja Navarra, los peajes en la sombra de las Autovías del Camino y del Pirineo, la deuda sin cobrar del TAV, las pérdidas en acciones de Iberdrola, la gestión de las deudas de Osasuna con la Hacienda Foral…todo aquello fue progreso, hecho Plan Navarra 2012. Imprescindible para el desarrollo de esta Comunidad Foral.

Una oportunidad que no debíamos perder. La coordinadora del no. La canción suena cansina. Del cambio en el modelo de desarrollo no les interesa hablar. A nosotras sí.

*Eduardo Santos Itoiz es secretario general y diputado de Podemos Ahal dugu

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