Aquellos que se fugaron de San Cristóbal (Un artículo de Basilio Lakort)

"Hoy, en Burutain, han encontrado una fosa en donde se encontrarán restos de algunos de aquellos que fueron fusilados al amanecer en una fuga teledirigida para poder organizar la cacería"
Gato 1

Firma: Basilio Lakort

Mi tía Josefina se exilió voluntariamente de Pamplona a mediados los 40. No estaba perseguida pero era mujer y socialista, ambos términos ejercidos con mayúsculas. Fue a parar a Estados Unidos y lo primero que hizo, nada más llegar al Boston que le acogió hasta su muerte en 2007, fue inscribirse en el Partido Republicano. “No sabía ni palabra de inglés y yo pensé que aquellos tenían que ser los mios”, solía decir entre carcajadas cuando lo recordaba sentada en el apacible Café Pamplona de Cambridge, que ella misma fundó y que se convirtió en toda una referencia en  Massachusetts. De hecho, nunca se dio de baja y cuando le llamaban para reuniones del partido solía responderles con sorna que no iba a acudir, “porque últimamente no estoy nada contenta con la línea que está siguiendo mi partido”. No estuvo nada contenta con la línea de los republicanos, en concreto desde 1945 a 2007.

Hablamos largo y tendido muchas veces, en Cambridge y en Pamplona, de todos los aspectos de la vida. Y, curiosamente, eludía hablar de la Guerra Civil, simplemente lo evitaba. Murió soltera sin haberse casado nunca y en una ocasión, ya en sus años finales, que le tiré de la lengua sobre sus romances y relaciones me hizo referencia a un hombre preso durante la guerra en el fuerte de San Cristóbal. Aquello no pasó de ahí pero no era difícil liar todo lo demás; su carácter, su compromiso, su valentía y su dignidad. Hoy, en Burutain, han encontrado una fosa en donde se encontrarán restos de algunos de aquellos que fueron fusilados al amanecer en una fuga teledirigida para poder organizar la cacería. Una larga noche de 1938 que todavía no ha encontrado su fin.

Me fascina, en realidad me indigna, cómo todavía hay voces en nuestra sociedad que no consideran necesario buscar los restos de los padres de muchos de nuestros abuelos, todavía vivos, que siguen en la cunetas. No me entra en la cabeza, sin más, y espero que jamás me pueda entrar. Que gentes que han vivido 75, 80, 85 o 90 años sin saber dónde están los restos de sus padres y que no puedan darles tierra con dignidad es algo que supera mi entendimiento. Y lo que ya me sume en la total perplejidad es que esto es algo que ha sido interiorizado por un partido político que ha sufrido en carne propia el azote irracional de la violencia, ya que estamos hablando de algo que es de la primera hora del primer día de la primera clase del primer curso sobre Derechos Humanos.

Porque, engaños los justos, quien no dota de recursos es quien no quiere que algo suceda. Espero que alguno de esos abuelos y abuelas puedan en los próximos días recoger esos huesos dispersos en bolsas buscados durante 80 años con la emoción contenida, y que los hagan reposar de forma solemne en sus respectivas tierras. Y que Josefina pueda descansar, allá donde esté, un poco más tranquila.

 

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