El arte de vivir (Un artículo de Juan Arconada)

"Ahora bien, esto no quita para que intentemos, y en muchísimos casos consigamos, disfrutar de la vida al máximo"
El bilbaíno Ramón Arroyo
El bilbaíno Ramón Arroyo

FIRMA: Juan Arconada*  |

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Habitualmente suelo acudir a las conferencias que organiza ADEMNA (Asociación de Esclerosis Múltiple de Navarra) encuadradas dentro del ciclo CharlEMos.

Para el escasísimo presupuesto del que se dispone, se han tratado temas de interés y se ha contado con la presencia de ponentes de renombre como  Teresa Perales, nadadora paralímpica ganadora de 26 preseas, o Ramón Arroyo, autor de “Rendirse no es una opción” y en el que está basada la película “100 metros” o el deportista y aventurero navarro Antxón Arza, entre otros.

Recientemente acudí a una de estas conferencias. Debo reconocer que no recuerdo ni el título de la misma, ni el nombre de la experta que impartió la conferencia pero sí que me dejó marcado la frase que utilizó para comenzar su disertación. Citó al financiero, estadista, asesor político y filántropo estadounidense Bernard Mannes Baruch (1870-1965) y comenzó diciendo “El arte de vivir consiste menos en eliminar nuestros problemas que en aprender a convivir con ellos”

Solo por escuchar esta frase mereció la pena haber asistido a la charla. Se puede aplicar la misma a distintos aspectos de la vida. Pero cuando, por ejemplo, nuestro problema es una enfermedad crónica y, más aún, si se trata de una enfermedad degenerativa, las posibilidades de eliminarla son nulas. No nos queda otra que adaptarnos a convivir con ella. El problema, en este caso concreto, es que el avance de la enfermedad nos obliga a una adaptación continua y esto es algo que no resulta sencillo y, en ocasiones, resulta agotador tanto en el plano físico como psíquico. Y no solo para la persona afectada sino también para las personas de su entorno.

Ahora bien, esto no quita para que intentemos, y en muchísimos casos consigamos, disfrutar de la vida al máximo. Podemos no haber tenido mucha suerte en cuanto a la salud se refiere, pero nos  podemos considerar personas muy afortunadas, en cuanto a la pareja, la familia, las amistades, al trabajo, etc.

La semana pasada me encontré con una persona -compañera de enfermedad- con un grado de afectación considerable. Su cuerpo inmóvil estaba adornado por una sonrisa, de oreja a oreja, que contagiaba felicidad. Le pregunté qué tal estaba y me dijo, sin dudar, “muy bien” y que estaba muy contenta con todas las acitividades que realizan en el Centro de Día.

Por supuesto que cada persona puede, e incluso, debe ¡faltaría más! quejarse de sus problemas pero seguro que se afrontan mejor cuando aprendemos a convivir con ellos. Yo, en ocasiones, también me quejo pero antes de hacerlo, siempre me acuerdo de esa persona y de su sonrisa e intento estar como  ella. Es decir, muy bien.

*Juan Arconada padece Esclerosis Múltiple y es socio de Ademna

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