Así es el escalofriante relato de la Fiscalía sobre la violación múltiple de San Fermín

Antes de meterla por la fuerza a un portal de la calle Paulino Caballero, los acusados sopesaron la posibilidad de violarla en las escaleras de los baños del bar Txoko
De izda. a dcha: Ángel Boza, Jesús Escudero, José Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo y Antonio Manuel Escudero
De izda. a dcha: Ángel Boza, Jesús Escudero, José Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuelo y Antonio Manuel Escudero

El Ministerio Fiscal es contundente en su escrito de calificación contra los cinco acusados de la violación grupal ocurrida en la madrugada del pasado 7 de julio en Pamplona, y para quienes pide 22 años y 10 meses de prisión; 18 de ellos por un delito de agresión sexual, 2 años y 10 meses por un delito contra la intimidad y dos años por un delito de robo con intimidación.

Los hechos probados, a juicio de la Fiscalía, son sobrecogedores y no dejan lugar a dudas sobre la gravedad e intensidad de los mismos. Este sería un relato de los hechos que se desprende del escrito de acusación.

Sobre las 2,50 de la madrugada del 7 de julio, los cinco acusados se encontraban en la plaza del Castillo de Pamplona asistiendo a un concierto con motivo de los Sanfermines. El acusado José Ángel P. se encontraba sentado en un banco junto a la Bajada de Javier, donde previamente habían estado sentados los otros acusados, cuando se acercó y se sentó en el mismo banco la joven agredida, de 18 años y natural de Madrid, que había acudido a Pamplona para disfrutar de las fiestas.

Ambos inicían una conversación cuando, en ese momento, se les acerca el acusado Ángel B. y, a continuación, los otros tres acusados. Transcurridos unos minutos, antes de las 3 de la mañana, la joven les indica que se retira a dormir al vehículo con el que había llegado a Pamplona en compañía de un amigo y situado en la zona del Soto de Lezkairu.

En ese momento, los cinco acusados le dicen que le acompañan, si bien su intención era buscar un lugar donde mantener relaciones con ella, proposito que ella desconocía. A continuación, comenzaron a caminar hacía los porches de la Plaza del Castillo donde se encontraban los bares Casino Eslava y Txoko. El grupo entró hasta los porches y valoraron entrar a un portal con escaleras descendentes con el fin antes mencionado, si bien lo desecharon al ser el acceso a los baños del bar Txoko, donde había mucha gente, con lo que continuaron su camino hacia la calle Ezpoz y Mina.

Los acusados se acercaron al portero del Hotel Europa preguntándole si tenía una habitación por horas o por toda la noche “porque se la querían follar”, manteniéndose la víctima alejada de ellos en todo momento. Al no conseguir habitación, siguieron camino del Segundo Ensanche, disgregándose el grupo. Al llegar a la confluencia de Paulino Caballero con la Avenida de Roncesvalles, la víctima caminaba por delante con uno de los acusados, Ángel B., más atrás iba José Angel P., un poco mas retrasado un tercero y mas atrás los otros dos. Durante el trayecto, la víctima se besó con Ángel B.

En ese instante, sobre las 3,08 de la madrugada, José Ángel P. se fija que una mujer se encuentra llamando al telefonillo del portal número 5 de la calle Paulino Caballero, acelerando el paso para alcanzar el portal antes de que la mujer entre y poder acceder a el, cosa que consigue. José Ángel P. entabla una conversación con la mujer y simula que se aloja en uno de los pisos, sube en el ascensor hasta el segundo piso, baja de nuevo y abre la puerta al resto al grito de “vamos, vamos”.

Cuando José Ángel P. franquea la puerta, dos de los acusados cogen de los brazos a la víctima y la meten en el portal diciéndole que se callara y no gritara. La llevaron, tras subir al segundo rellano, a un pasillo sin salida que da acceso a los cuartos de luz y electricidad, de unas dimensiones de 2,72 metros de largo por 1,02 metros en su parte más estrecha y 1,63 metros en la parte más ancha.

Una vez allí, la rodearon entre los cinco, le quitaron la riñonera y el jersey y le bajaron los leggins y el tanga. Ellos, a su vez, se bajaron los pantalones y la ropa interior y, valiendose de su superioridad física y númerica y de la imposibilidad de la víctima de ofrecer la más mínima resistencia, ante el temor a sufrir un daño aún mayor, actuando de común acuerdo y con ánimo libidinoso le obligaron a realizar diversos actos sexuales con cada uno de ellos.

Colocándola de rodillas y rodeándola entre todos, le obligaron a hacer felaciones a los cinco acusados. Así mismo, Alfonso C. y José Ángel P. la penetraron vaginalmente y Jesús E. la penetró anal y vaginalmente, llegando los dos últimos a eyacular sin la utilización de preservativo.

Algunos de los accesos carnales se produjeron de forma simultanea, al colocar a la víctima en la posición de “doggy style”, siendo penetrada anal o vaginalmente por alguno de los acusados mientras le obligaban a hacer felaciones a otros, permaneciendo todos a su alrededor masajeándose los penes para mantener la erección y animándose unos a otros o reclamando su turno. Igualmente, obligaron a la víctima a realizar un “beso negro” a Alfonso C. y José Ángel P.

Mientras se realizaban los hechos anteriormente citados, dos de los acusados, sin el conocimiento de la víctima pero con el consentimiento del resto de acusados, grabaron vídeos y sacaron fotografías con sus teléfonos móviles. En concreto, Antonio Manuel G. realizó seis grabaciones de vídeo y dos fotografías en las que la víctima estaba realizando un “beso negro” a José Ángel P. Dichos vídeos se realizaron para vulnerar la intimidad de la víctima y difundirlos posteriormente en el chat de un grupo de amigos denominado ‘La Manada’, a los que, a las 6,50 de la mañana Jose Ángel P. mando mensajes del tipo “follándonos a una entre cinco”, “todo lo que cuente es poco”, “puta pasada de viaje” o “hay vídeo”.

Cuando los acusados se dieron por satisfechos, se vistieron pero, antes de salir, valiéndose de la situación intimidatoria ante la víctima y de común acuerdo, le quitaron el móvil, le sacaron la tarjeta SIM y la arrojaron en el mismo portal con el objetivo de que la víctima no pudiera pedir auxilio. El teléfono fue recuperado a las 9,30 de la mañana del 7 de julio en la Cuesta del Labrit.

Los acusados salieron del portal a las 3,27 hacía la Avenida de Roncesvalles mientras que la víctima se vistió, cogió su riñonera observando que le faltaba el móvil y salió del portal a las 3,29 de la madrugada yendo a a sentarse a un banco de la Avenida de Roncesavalles en donde fue atendida por una pareja de ciudadanos que la vieron llorando desconsolada en posición fetal, tras lo que llegó una pareja de la Policia Municipal que la trasladó a un centro sanitario.

Tras los hechos, los cinco acusados se dispersaron y cuatro de ellos fueron localizados en la plaza de Toros tras el encierro por las descripciones facilitadas, seguidos hasta el barrio de San Jorge donde tenían aparcado el coche y, finalmente, detenidos.

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