Asterix y Obelix regresan con una historia plagada de guiños a la actualidad

Firma: Jon Spinaro Érase un cargo público que es acusado de utilizar para sus orgías particulares los fondos públicos destinados a la conservación de las carreteras. ¿Le suena? Podría...
Asterix.

Firma: Jon Spinaro

Érase un cargo público que es acusado de utilizar para sus orgías particulares los fondos públicos destinados a la conservación de las carreteras. ¿Le suena? Podría ser un nuevo caso de corrupción en el que se ve salpicado alguno de los partidos que gobiernan en España. Pero, no es eso, es la trama inicial del argumento de Asterix en Italia, la última entrega de la saga de aventuras protagonizadas por los personajes creados por Albert Uderzo y René Goscinny y que ahora regresan en la tercera de las entregas firmadas por Jean-Yves Ferri como guionista y Didier Conrad como dibujante.

Tras Asterix y los pictos y El papiro del César, esta pareja de autores demuestran que han sabido coger bien el relevo de sus creadores y originales y firman un trabajo entretenido, con muchos guiños actualidad, en la línea que sigue el genial Ibáñez en sus últimas entregas de Mortadelo y Filemón. La historia arranca en Roma, donde nos encontramos con Lactus Bífidus, rindiendo cuanta ante el Senado romano por el deplorable estado de las vías romanas, en las que, al parecer, no invierte todo el dinero que corresponde de los tributos, desviándolo para beneficio propio. Para salvar su imagen y evitar la ira del César, Bífidus decide organizar una carrera de cuadrigas a lo largo de toda la Península Itálica que enfrente a romanos, itálicos y bárbaros en la que estará en juego el prestigio de Roma y la unidad de los pueblos itálicos (¿Les suena también una prueba de Fórmula 1 como lavado de imagen?) y que deberá ganar comos sea un romano.

Asterix.

Pero tranquilícense, eso es sólo en las cuatro primeras páginas, el resto tiene los ingredientes habituales en las aventuras de nuestros aguerridos galos habituales para convertir el álbum en un divertido entretenimiento para todos los públicos que rápidamente se ha colado entre los más vendidos desde que apareció en las librerías: romanos a los que soltar mamporros, buenas dosis de gastronomía italiana (los jabalíes se quedan para la cena final), piratas que se pasan al secano tramas conspiratorias para que el triunfo se quede en casa. Todo ello con una divertida serie de cameos de personajes ilustres que los dejo para ejercicio de adivinación por parte del lector.

Por lo demás, Ferri y Conrad demuestran que le tiene bien cogida la medida a los personajes, tanto en el dibujo como en el ritmo narrativo, manteniéndose fieles al espíritu que han seguido sus personajes y sus historias desde que arrancaron con Asterix el galo. Parodias al margen, que también las hay de muchos de los tópicos que se tiene de los italianos, y con algún político afamado haciendo un papel secundario en el tramo final, la obra tiene un aire de aquellos maravillosos dibujos animados de los Autos locos de la factoría Hanna-Barbera, con un malvado encarnado en la persona de Coronavirus y su copiloto Bacilus, que no durarán en utilizar todo tipode tretas y artimañas para lograr la victoria final.

En este tomo, además de todo lo señalado anteriormente, vamos a conocer a una Italia que no se había mostrado nunca hasta ahora en sus historia, con un centralismo romano que busca imponerse en todo, incluso en lo deportivo, frente al resto de los pueblos que habitan la península, entre los que se encuentran vénetos, umbros, etruscos, oscos, mesapios, apulios entre otros.

En definitiva, un álbum que no decepciona y que proporciona momentos de diversión en la que supone ya la decimoséptima entrega de las aventuras de los irreductibles galos.

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