El autor del atropello múltiple de Tudela “limpió los restos de sangre” y “se quedó dormido” tras salir huyendo

El auto del Juzgado de Guardia de Tudela sobre el accidente del Día del Ángel es sobrecogedor en el relato de los hechos ocurridos el domingo
Lugar de los hechos, instantes después de los atropello | Foto: Twitter (Laura Martínez)
Lugar de los hechos, instantes después de los atropello | Foto: Twitter (Laura Martínez)

No solamente dio positivo en cocaína: también había consumido cannabis, según su propia declaración. Una mezcla explosiva que desencadenó la tragedia en el Camino de Las Norias.  Abel L.P. C., vecino de Milagro de 28 años de edad, fue avisado por quienes le acompañaban en el coche de que iba muy rápido. No frenó, y tras el atropello múltiple, llegó a dar un volantazo para quitarse de encima uno de los cuerpos de las víctimas. Posteriormente, cambio el parabrisas de su coche, limpió los restos de sangre y… se quedó dormido. La Juez de Guardia de Tudela que ha enviado a prisión comunicada y sin fianza al presunto responsable del atropello múltiple del pasado domingo en Tudela ha redactado un auto muy pormenorizado que provoca escalofríos.

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El auto, que envía a prisión comunicada y sin fianza a Abel L.P. C., recoge las acusaciones de un delito de homicidio por imprudencia grave, un delito de omisión del deber de socorro y dos delitos leves de lesiones. Y refleja de manera detallada el atestado policial, así como las diferentes versiones de lo ocurrido dadas tanto por testigos que se encontraban en el Camino de Las Norias como, y esto es lo más esclarecedor, de quienes ocupaban el Citröen C4 negro del acusado.

Le avisaron de que iba rápido
Según este relato, Abel L.P. C. conducía “a una velocidad excesiva para las condiciones de la vía”, tanto que los ocupantes de su coche “afirmaron en su declaración que iban asustados de la forma en que conducía”. “Así las cosas”, continúa el auto, “cogió una curva a excesiva velocidad y arrolló al joven Carlos Pellejero, el cual resultó fallecido, y a otras dos jóvenes, las cuales han tenido lesiones que requirieron de su ingreso hospitalario“.

El auto destaca que, según se recoge en el atestado de la Policía Foral, “una de esas jóvenes, en el momento de ser atropellada por el investigado, había quedado en el capó de dicho vehículo; y aquel, para <<quitarse el cuerpo>>, dio un volantazo, cayendo aquella al suelo”. Todo un gesto que hacía presagiar lo que ocurriría después: el conductor no tenía ninguna intención de parar a auxiliar a las víctimas.

“Quitó cristales de la luna delantera”
Y así fue: el auto sigue su relato indicando que Abel L.P. C. únicamente detuvo su vehículo cuando “uno de los ocupantes le dijo que parara”. Del coche se bajaron los dos ocupantes, y el investigado “les dijo que no dijeran nada. Dicha afirmación viene corroborada por la declaración prestada por los ocupantes ante la Policía Foral“, señala la juez.

En cambio, en su declaración, el investigado “ha puesto de manifiesto que en el camino dónde sucedió el siniestro había más vehículos y grupos de gente y que no se apercibió de haber atropellado a personas, pero se sintió asustado y se fue del lugar”.

¿Qué hizo después? El auto describe un nivel de inconsciencia o de frialdad estremecedor. “Del atestado y averiguaciones policiales se infiere, que el investigado siguió conduciendo hasta parar en un campo dónde quitó cristales de la luna delantera, la cual había quedado desquebrajada del siniestro, y una vez realizada dicha actuación, siguió su ruta, previsiblemente, hasta Milagro (Navarra), lugar de su residencia. Llegó al domicilio familiar, metió el coche en el garaje, así como intentó limpiar los restos de sangre del mismo”. Según señaló Abel L.P. C. en su declaración, “le contó lo sucedido a su madre”, dice el auto, “y se metió en la cama donde se quedó dormido, sin saber precisar el rato que estuvo en dicho domicilio”.

Según el auto de la jueza, hay varios posibles delitos: un delito  de homicidio imprudente, castigado con pena de prisión de uno a cuatro años; un delito contra la seguridad vial, castigado con pena de prisión de dos a cinco años; un delito de omisión del deber de socorro, castigado con pena de prisión de seis meses a cuatro años, y un delito de imprudencia grave.

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