Battiato en Pamplona ¡Ya! (Un artículo de Mikel Zuza)

"Porque si Alice y Franco Battiato, que así se llamaba –y se llama- aquel maravilloso artista italiano, sólo quedaron quintos en una astracanada como el festival de Eurovisión, es que el continente ya empezaba a no tener remedio"
battiatook

allen

Firma: MIKEL ZUZA    |

Confieso que la noche del 5 de mayo de 1984, yo estaba mucho más interesado por seguir el “Karate a muerte en Torre-Bilbainos” en que se convirtió la final de Copa gracias a las patadas voladoras que Migueli, Clos o Maradona acabaron dando a los navarros Sola o De Andrés, que en sintonizar un festival de Eurovisión que, ya por aquel entonces, me parecía una cosa bastante antigua y polvorienta.

Sin embargo, mi hermana que era -y es- muy entusiasta de tal certamen, consiguió hacerse en un descuido con el mando de la Telefunken (es decir, que se levantó a poner el UHF), abriéndome de forma tan inesperada las puertas a un mundo completamente nuevo, pues en la pantalla aparecían justo en ese preciso momento los representantes italianos, entonando una melodía que nos dejó a ambos turulatos y sin gana alguna de cambiar de canal hasta que aquella extraña pareja –él ciertamente desgarbado, y ella luciendo un ochentero vestido/gabardina- no terminó de interpretar su preciosa canción.

Naturalmente no entendimos apenas nada de lo que decían. Algo sobre “toser”, aventuré yo. No se qué sobre la “velocidad”, captó ella. Estábamos seguros, en cualquier caso, y aún no habiendo escuchado a los demás participantes, de que los transalpinos ganarían fácil. Las votaciones, sin embargo, dieron el triunfo a unos suecos horteras que ya nadie recuerda, y relegaron a quienes nos habían fascinado al quinto puesto final. Incluso España quedó por encima, gracias a un grotesco y lamentable tema titulado Lady, lady, lady.

Y este es el origen más remoto, creo yo, de la crisis irremisible en la que se halla sumida actualmente la Unión Europea. Porque si Alice y Franco Battiato, que así se llamaba –y se llama- aquel maravilloso artista italiano, sólo quedaron quintos en una astracanada como el festival de Eurovisión, es que el continente ya empezaba a no tener remedio.

La canción que nos había subyugado de tal manera, por cierto, se titulaba I treni di Tozeur, y por un evidente caso de justicia poética, alcanzó durante el año siguiente lo más alto de las listas musicales, hasta conseguir que aquel hombre de gafas y nariz enormes lanzase incluso un elepé en castellano.

Bueno, a nuestra casa llegó en forma de cassette, que compró por fin mi hermana y que yo escuché varias centenas de veces, accionando el rew y el ffwd, adelante y atrás en tantas ocasiones, que estoy totalmente convencido de que la EMI debía fabricar sus cintas en adamantium, el metal imaginario e indestructible de los superhéroes Marvel.

Ese fue el inicio, pero desde entonces son muchas, muchísimas, las veces en las que la música de Battiato ha acompañado mi existencia, porque debieron querer los derviches tourneurs que giran sobre la espina dorsal al son de los cascabeles del Kathakali, y que deben dirigir además los hilos del destino, que mis amigos también fueran seguidores acérrimos de aquél que venía de la isla de Sicilia, que no está lejos del África, tierra extranjera, y que, como ya quedó dicho, cantaba para la EMI.destacadobattiato

De tal manera que hemos pasado muchas veladas etílico-filológicas defendiendo unos que ese sentimiento popular nacía de mecánicas divinas, como un arranque místico y sensual, y otros que deberíamos cambiar el objeto de nuestros deseos sin conformarnos con las alegrías cotidianas. Hacer, en suma, como unos ermitaños que renuncian a sí mismos.

Y en todo este tiempo, que se cuenta ya por décadas, no hemos conseguido aún sus adeptos que el gran Battiato actúe ni una mísera vez en Pamplona. Y mira que tuvimos tantas ocasiones, perdiéndolas, que no volverán, no regresarán, más, porque recordemos que mientras insignes desahogados/as nos postulaban a Capital Europea de la Cultura (mi pobre patria, aplastada por abusos del poder, de gente infame que no conoce el pudor…), lo que se traía era a Georgie Dann o a Los del Río.

¿Será que, efectivamente, hay aquí demasiada gente que prefiere la ensalada a Beethoven y Sinatra o las uvas pasas a Vivaldi porque le dan más calorías? ¿Será quizás que, se diga lo que se diga, esta nunca ha sido tierra de fervientes partidarios del shivaísmo asiático, de estilo dionisíaco, ni de la lucha pornográfica de griegos y latinos?

Pero no, no puede ser eso, porque aquí también, cuando a veces un temporal no nos deja salir, y por un instante retorna el anhelo de vivir a distinta velocidad, no sirven excitantes ni ideologías. Se quiere otra vida.

Sí: claro que podría yo conformarme escuchando Radio Tirana, que no transmite más que música balcánica, porque no soporto ciertas modas, la falsa música rock, la new wave española, el free-jazz punkie inglés ni la monserga africana. Pero desde luego que bajo ningún concepto quisiera acabar bailando a ritmo de siete octavas en Irlanda del Norte con otra gente ya tan anciana como yo, sin haber visto cómo se nombra al Franco que sí se lo merece de verdad, hijo adoptivo y predilecto de Pamplona.

He escrito, por si acaso, al gobernador de Libia para que vaya poniendo en antecedentes al Genio. Porque la estación de los amores viene y va, pero los deseos no envejecen, a pesar de la edad. Así que harto de tanatoriales bandas-tributo y de continuas reposiciones del Hoy no me puedo levantar, que nos dejan sumergidos sobre todo en basuras musicales, exijo a nuestros responsables culturales que nos conduzcan deprisa a las puertas de Sirio, donde un equipo experimental preparará a Battiato para el largo viaje hasta Iruña.

Ya no hay excusa que valga, porque vivir no es muy complicado, si puedes renacer después y cambiar varias cosas: las frivolidades, y tanta estupidez. No. No hay obstáculo alguno para que el Gayarre o Baluarte acojan de una buena vez a nuestro ídolo. Vale, quizás tengamos que hacer previamente una colecta, y desde luego poner bajo llave al personal artístico y a la falsa cultura. Aunque conste que no tenemos la culpa de que existan espectáculos con humo y rayos láser, y de que los escenarios estén llenos de necios que se mueven. Gritad conmigo: Up, patriots to arms! Engagez-vous! La música contemporánea, es –muchísimo- peor aún.

battiato

Así, el maravilloso día en que la bandera blanca ondee al fin sobre el puente de Miluce o sobre el de la Magdalena (“sul ponte svento la bandiera bianca, sul ponte svento la bandiera bianca…”), hasta el forastero que busca la dimensión insondable la encontrará -por una vez- dentro y no fuera de nuestra ciudad. Y esa será la única vez que lleve yo la contraria al Maestro: nada de no time, no space. Time: ahora, ya. Space: Pamplona, Navarra.

¡Traed a Battiato ya, o preparaos para sufrir la ira funesta del prófugo afgano! Acostumbrados como estamos por estos pagos a obras completamente inútiles, provocad por una vez un sentimiento nuevo que mantenga alta nuestra vida, haciendo que la Perspectiva Nevski una definitivamente la Alexanderplatz con la plaza del Castillo. Ese es, sin duda, el nuevo entusiasmo que le queda por latir al corazón.

Y entonces me despertaré en primavera sabiendo que te quiero, y no me enfadaré inútilmente sin verdadera razón. Y podré decirte que te vengo a buscar, aunque no sólo para verte o hablar, sino para que vayamos juntos, cortando entre bromas manojos de ortigas, al concierto que tenemos pendiente desde nuestro último viaje a Roma. Y, qué puñetas, también porque requiero tu presencia para entender mejor mi esencia, porque nunca necesitas ponerte unas gafas de sol para tener más carisma o sintomático misterio. Y sobre todo porque eres un ser especial y yo, siempre te cuidaré.

 

Secciones
#OrainKulturayOcio#OrainOpinión

Relacionado con