Campión y la medalla de oro de Navarra (Un artículo de José Antonio Beloqui)

Firma: José Antonio Beloqui* El pasado martes tuve la grata sorpresa de ver cómo el Gobierno de Navarra concedía la Medalla de Oro de la Comunidad Foral a aquellos...
Bandera de Navarra

Firma: José Antonio Beloqui*

El pasado martes tuve la grata sorpresa de ver cómo el Gobierno de Navarra concedía la Medalla de Oro de la Comunidad Foral a aquellos que crearon el actual diseño de nuestra bandera; Arturo Campión, Hermilio de Olóriz, y Julio Altadill. Y digo grata porque supone un reconocimiento a personas de gran valía en su época y que por desgracia la historiografía oficial mandó al baúl de los recuerdos.

Arturo Campión, destacó por una inmensa obra cuyo objetivo era rescatar del olvido la historia de Navarra así como su cultura y ponerla donde merecía. Respetado por todos, fue presidente honorario de la Sociedad de Estudios Vascos, Académico de la Lengua Vasca, Académico correspondiente de la Academia de la Historia, y un sinfín más de títulos académicos.

Hermilio de Olóriz fue bibliotecario y cronista de la Diputación de Navarra, y también un reputado poeta. Miembro de la Real Academia de la Historia, es muy conocido por su aportación como testigo durante la Gamazada cuyas vivencias quedaron reflejadas en el libro la Cuestión Foral. De aquellos convulsos días también dejó escrita la famosa Cartilla Foral; pequeño opúsculo a modo de preguntas y respuestas sobre la historia de Navarra.

Julio Altadill, manchego de nacimiento y navarro de adopción, fue miembro de la Academia de la Historia y Bellas Artes de San Fernando, y de la Academia Hispano-América de Ciencias y Artes. Ejerció como militar a la par que dedicaba su tiempo a su otra gran pasión, la historia de Navarra. Una historia que contó a través de una extensa colección de artículos y de libros destacando la labor investigadora sobre el primer cronista de Navarra, el Padre Moret (1615-1687).

Es por ello que no entiendo los motivos por los que han rechazado este galardón partidos como UPN, IE, o PSN. Los motivos de UPN son muy peregrinos a la vez que carecen de un mínimo del rigor del que muchas veces alardean. Apuntan que es un “error histórico” puesto que la bandera es más antigua que el diseño de 1910, lo cual es una metedura de pata de gran calibre. Y lo es por la simple razón que la Diputación de aquel año encargó una bandera porque se carecía de ella. Así lo expresó la propia Diputación en el acta del 22 de enero de 1910 en el que se acordó subsanar la falta de existencia de la bandera de Navarra, disponiendo que se confeccione una que esta Diputación usará en las solemnidades y ocasiones en que lo juzgue oportuno”. Y así lo entendió el propio gobierno de UPN que en 2010 celebró por todo lo alto el centenario de la bandera. La nota de prensa del gabinete de Sanz decía que “esta primera bandera oficial fue izada en el Palacio de Navarra […] el 16 de julio (de 1910)”.

¿Por qué Navarra no tuvo una bandera hasta 1910? Bueno, Navarra llegó tarde pero no mucho más que el resto de países. Porque al contrario de lo que se cree, ninguna de las naciones del todo el mundo han nacido antes del siglo XIX. Ninguna. Y es así porque a partir de 1800, con la caída del Antiguo régimen, se fueron conformando los nuevos estados-nación cuya soberanía residirá en el Pueblo y no en el Rey.

Volviendo a nuestro bandera, es cierto que los encargados del trabajo no partieron de cero, y al igual que el resto de naciones de su entorno cogió como modelo el pendón real. Y ahí sí que tenemos datos muy antiguos, estando la primera referencia en el Fuero General de 1237. 300 años después, Luis Correa, cronista español de la conquista  de Navarra en 1512, describió el pendón de la siguiente forma: “Puso en la delantera trecientos hombres darmas a pie con una bandera colorada, con ciertas bandas de oro en ella, á la cual todos aguardaban y juraron de no la desamparar”. A partir de ahí tenemos varios ejemplos más como la proclamación de Felipe II como rey en 1556, o la expedición de castigo a San Juan de Luz  en 1558.

Aclarada la poca consistencia y la incoherencia del argumento de UPN, vamos con los de IE, y PSN que se han fijado fundamentalmente en desacreditar a Arturo Campión. Y lo hacen de una manera bastante lamentable al comprar la propaganda que el fascismo de 1936 lanzó a través de sus altavoces mediáticos de aquella época. Esos libelos decían que don Arturo se había posicionado a favor del Alzamiento de Franco lo cual no es verdad.

El 13 de septiembre de 1936 las tropas fascistas tomaron Donostia donde residía Campión. Justo ese día, Santiago Ferrer, sobrino y ahijado del intelectual navarro, partió con un comunicado de su tío que se hizo público dos días después en Diario de Navarra. En una breve nota de cuestionable autenticidad, don Arturo se adhirió a los sublevados.

Varios elementos nos deben hacer sospechar. Primero, que no casa de ninguna de las maneras con la forma de expresarse de Campión en toda su extensa y prolija obra literaria, ni por supuesto con el espíritu de la misma. Un inexplicable giro de 180º justo al final de sus días y, casualidades de la vida, cuando entraron las tropas de Franco donde vivía. Segunda, como está escrito a máquina, sólo nos podemos fijar en la firma del documento para tratar de autentificarla; cosa muy difícil de hacer puesto que a esas alturas de su vida estaba prácticamente ciego y en nada se parecía la firma a otras rúbricas anteriores.

La tercera, y en mi opinión más importante, era el propio estado de salud de Campión. José Javier Granja Pascual reunió varios testimonios de quienes habían estado con el “Maestro” como así era conocido. Manuel de Irujo destacó de su reunión con él que “Don Arturo llevaba ya varios años de relativa inconsciencia” y que no estaba seguro que le hubiese reconocido a tenor de la conversación que mantuvieron. Particularmente importante es el del escritor Bernardo Estornés Lasa que refiriéndose a una visita dijo lo siguiente: “Cuando yo le visité, apenas empezada la guerra civil de 1936, hacía ya mucho que estaba prácticamente ciego y en un medio familiar nada afecto a sus ideales. Pudo firmar con su mano temblorosa cuanto quisieron quienes le rodeaban”. Finalmente, Fausto Arozarena relató que Campión, muy desconcertado por los situación, le preguntó “cuándo llegaban los nuestros” en referencia a los carlistas. Y si hay algo en la biografía del intelectual navarro que no ofrece lugar a dudas es que jamás fue carlista.

Así pues, ciego, senil, sin ninguna muestra de entender la realidad en la que estaba, y rodeados de familiares afectos al régimen, don Arturo pudo firmar dicho comunicado y las posteriores donaciones económicas hechas con su nombre al ejército español como podría haber firmado también el Manifiesto Comunista. Convendrán conmigo que, visto lo visto, desprestigiar a Campion por un bulo franquista no solo no se sostiene, sino que recurrir a él es bastante triste.

Para finalizar, aplicar los estándares sociales de la actualidad para descalificar a una persona de principios del siglo XX carece del mínimo rigor intelectual. Si por ello fuera, deberíamos desechar todos los libros de filosofía de la Grecia clásica donde la pederastia era legal, o cambiar de nombre a la capital de Estados Unidos cuyo personaje del que toma el nombre fue, además del primer presidente norteamericano, propietario de un buen número de esclavos.

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