El Cardenal Cisneros mandó desmochar y su costumbre se mantiene (Un artículo de Eneko Abal)

¡es el materialismo, amigo! La explicación perfecta sobre la inmediatez del sistema patriarcalista en confrontación con el devenir natural
Imagen del monte Orarregi que albergó Sajrat Qais o Silvanus custos, desde Garaño. Foto: EAP
Imagen del monte Orarregi que albergó Sajrat Qais o Silvanus custos, desde Garaño. Foto: EAP

Firma: Eneko Abal

El cardenal Cisneros mandó derruir los muros y fuertes de Navarra. Para recuperar la conciencia de aquel hecho es necesario dejar amnesias como las de Elón, el ojo de Elo en Castejón. Con los castillos es mejor ir a las causas últimas y en ello es cuando es necesario volver sobre las leyes cisnerianas. De menor a mayor volumen de la construcción de un fuerte defensivo, éste puede ser un guión básico de fortificaciones que etiquetábamos como castillo. Arx son las innumerables arquitecturas que hubo en la vía del Ebro por ejemplo, y torreones fueron los estratégicos del norte, siempre indispensables para entender Navarra. Baztan.

Torres como éstas fueron las que hoy vemos en una burbuja atemporal en Donamaria o Biurrun-Olcoz. Las torres, al poblarse, formaban un fuerte como el de Castejón, aunque Elón es mejor cogerlo con pinzas, mejor Marcilla o el de Cortes, etiquetados hoy a la misma altura de castillos como los de Orarregi o Amaiur. Éstos sí fueron castella del viae, una la castella custus o algo así si tenemos en cuenta que Orarregi es el monte del Silvanus custos. La otra no fue una fortaleza-ciudad como fue la de Tafalla o Estella. Y eso por no mencionar las evidentes Pamplona o Araciel que debieran etiquetarse con alguna palabra entre civitatem, regna o Imperium Poernorum. Esta era la carrera de una comunidad como hoy lo es la de las personas, primero ciudad, luego el anhelado reino y finalmente el imperio y su frontera.

Esto de los pomerium y los altares de deidades también tuvo sus piedras como en los castillos, pero todas estas obras de ingeniería son en general destruidas por el cardenal Cisneros en una serie de leyes sobre la fecha de 1512. En época de Conquista. Añadiendo para la posteridad que le olía igual de bien el olor a pólvora quemada que el incienso de misa. Con el tiempo estas piedras y su forma original desaparecieron en la grandísima mayoría de los casos a causa de esas leyes cisnerianas.

El concepto cisneriano sirve a la perfección para englobar y etiquetar todo un proceso de acontecimientos que no sólo protagonizó Cisneros, aún Navarra sufrió siglos de leyes, batallas y afrentas a causa del proceso de Conquista. Fueron antes y después de Cisneros. Estas leyes cisnerianas son las del después de 1512 y tienen muchos vericuetos sin embargo son casi exclusivamente conocidas por las órdenes que concluyeron con el famoso desmoche de los castillos del reino. Incluso con pólvora. Todas saltaron por los aires con lo que hubiera dentro de ellas. Literalmente. Fuera piedra o papel.

Luego llegaron los reyes Carlos I o Felipe II que para decirlo de forma coloquial, dejaban coger las piedras que quedaban en esos lugares y construir casas particulares. Y también otras edificaciones, claro. Lo que provocó que se crearan nuevos poblados, nuevas iglesias y nuevos edificios estratégicos que sí que se mantienen en pie tras a penas unos siglos. Es el Barroco. El estallido final del siglo XVI y sus anteriores. La burbuja de la construcción de entonces.

Después la historiografía llamó a lo acontecido como consecuencia de esa burbuja como Revolución Francesa. Zonificó el problema y con una etiqueta más lo encasilló en el tiempo. Siempre hay una primera acción y no era esta. Lo encasilló en el siglo XVII como Revolución Francesa como llamarán así a años como los del #15m. Tras el siglo XVII vino la Revolución Industrial, luego otra, luego otra… Pero aquí en Navarra fue una crisis importante aquella acción de Cisneros, a Navarra, que vivía de agua y piedras, se le estaba incitando a construir nuevas casas con sus propias piedras, y eso, a una sistémica natural como la de esta parte del Pirineo, le tuvo que suponer una auténtica discordancia. Algo mucho más allá de la afrenta, del disparate o de la contradicción.

A grandes rasgos es el momento en el que empezaron a desaparecer y a prohibirse muchas de las cosas que hoy se llaman a palestra, desde la reproducción de libros con tales y cuales informaciones hasta la propia conversación en euskara. Resulta interesante concluir que al final lo que resultó una discordancia fue poner un anzuelo con casas y piedras de aroma flamante para ver si picaba una comunidad que vivía por y para las piedras, por y para las casas y por y para el agua. Aquella gente de 1512 parece que no entendía absolutamente nada de la sociedad que acababa de conquistar – o si –. Y no solo por las piedras o las casas. Es increíble pero tras mil años de la desaparición de Roma todavía alguien las llamaba “vasconas” en su historiografía.

El anzuelo no fue tal y se produjeron auténticas broncas sociales de su tiempo, en Olite en 1564 por ejemplo. Estos sucesos ocurrían porque a la sociedad indígena se le empezaba a vetar el acceso a sus propios recursos, a sus propias armas y fortificaciones e igualmente a su propia cultura. Después, siglos después, sirvan las quemas de mujeres o persecuciones de Zugarramurdi o de Urdax que hoy la espectacularidad material trata con tanta gracia. Son ejemplos perfectos de qué es lo que ocurre con el sistema natural al paso de los siglos.

El universalismo del sistema material se imponía. Por alguna razón desprestigiaba al natural y se imponía de forma casi antigua, romana, lo que condenó el problema a su expansión como siempre y donde siempre: en la zona del Ebro norte. Lo que resumen las leyes cisnerianas es precisamente eso, todas esas acciones posteriores a 1512, no del antes, a cerca de la conquista de esta cultura. Las trampas y los conflictos anteriores a esa fecha también sometieron a Navarra a otros climas pero no pueden compararse a estos cisnerianos. Porque el antes ocurrió bajo una geografía independiente y el después cisneriano trajo la disolución de ésta y su sistema natural.

Las leyes cisnerianas merecen un último y básico apunte sobre el comportamiento y la percepción de Navarra por lo que consiguieron en la sociedad. Porque lo que en un principio fueron quejas como las de Olite por el desmoche de fortificaciones pasaron a ser una forma nueva y baratísima de construcción. Gratis más bien. Una burbuja inmobiliaria que dejaba construir casas gratis en un sistema político-social que desde su llegada no dejaba de utilizar el dinero como anzuelo último.

¡Es el materialismo, amigo! Es la explicación perfecta sobre la inmediatez del sistema patriarcalista en confrontación con el devenir, con la recompensa del sistema natural. Al saltarse el devenir obviamos el disfrute del camino, algo extirpado del ser humano al materializar hasta necesidades, las necesidades creadas del capitalismo, la digievolución dentro del sistema material. Porque esto no es evolución. Es otra cosa.

A causa de la conquista y de las leyes cisnerianas hubo revueltas hasta incluso el siglo XVII y su persecución. A partir de ahí la sociedad anterior va desapareciendo para pasar solo a hablar en la lengua, pero en ese punto de la Historia llegó el Racionalismo y mandó a parar, como cantaba Carlos Puebla, y aparecieron los absolutismos en escena para ver que aquellas fortificaciones y restos de sistemas naturales en la geografía, que no son precisamente racionalistas, que no son patriarcalistas, suponía un auténtico bache en su camino.

De esa época se pueden distinguir grandes desapariciones y silencios aunque el más revelador para este artículo es el comportamiento de desmochar castillos, que permanece en el telón de fondo de la obra. En ese último lugar que nadie ve y que de tan por supuesto ha quedado inoculado, obviado. Desmochar es una acción prima hermana lejana de la acción de despedregar en la medida que ocurre dentro en el mismo espacio donde acabaron las piedras. En el mismo espacio de la misma sociedad que se quejaba del desmoches. La que sufrió un primer comportamiento de desmoche ahora lo sufre de despedregue. Despedregar es limpiar de piedras un terreno en el que ha habido una construcción que las dejara desperdigadas. No en todos los espacios hubo un resto, claro, pero hoy es un famoso castigo en muchas familias navarras emparentado y contradictorio con desmochar. Aunque también ha dado grandes descubrimientos. Mejor ver el lado bueno ¿no?

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