Cómic | 155. El prisionero de la cárcel del fin del mundo

Agustín Comotto debuta con su primera novela gráfica “155”, en la que recrea la vida del anarquista ucraniano-argentino Simón Radowitzky
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Firma: Jon Spinaro

La figura de Simón Radowitzky es muy poco conocida en España pero permanece en la memoria de muchos colectivos  anarquistas y de lucha obrera en Argentina y otros lugares del mundo. Anarquista judío, nació en las cercanías de Kiev, sobrevivió a un pogromo zarista en ruso, se libró de la deportación a Siberia por ser menor de edad, huyó a Argentina siendo un adolescente y tras cometer un atentado contra Ramón Falcón, pasó 21 años en la cárcel de Ushuaia hasta que le fue concedido el indulto y el destierro por parte de Hipólito Yrygoyen tres meses antes del golpe de Estado por el que fue derrocado.

Agustín Comotto ha dedicado seis años a profundizar en la vida de Radowitzky gracias a una intensa labor de investigación que le ha llevado a viajar a Amsterdam México, Francia, Buenos Aires, Francia y la cárcel de Ushuaia. Fruto de ello es “155”, un trabajo publicado por Nórdica Cómics.

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Simón Radowitzky es un personaje bastante curioso porque no sólo es un mito en Argentina sino una figura reivindicada por todos los colectivos anarquistas a través de los tiempos. Sin ser tan conocido como Sacco y Vanzetti, quizás porque los mataron y por todo el movimiento que se generó en torno a ellos, la obra recuerda a este personaje, que pasó 21 años en la cárcel y fue puesto en libertad por petición popular.

Las razones de su larga estancia en presidio no fueron otras que el atentado cometido contra Ramón Falcón, sobre cuya personalidad nos habla Agustín Comotto: “Era el jefe de la policía, un coronel de Julio Argentino Roca, el último presidente que extermina a los indios en la última Campaña del Desierto, bajando a la Patagonia, donde matan a los varones, confinan a las mujeres y entregan a los hijos en adopción para tener más espacio de expansión terrateniente. Falcón está entrenado en ello y cuando el siguiente presidente, Figueroa Alcorta le nombra jefe de la policía le encomienda, para el Centenario de la República, en 1910 crear una policía modélica que él militariza y pone en marcha con técnicas militares en las que la tortura es un método absolutamente profesionalizado. Luego instrumentaliza la huella digital, creada por un croata llamado Vucetic, e inventa una cédula de control que pertenece a la policía, y no al Estado”.

Además de esto, su policía, “los cosacos de Falcón”, fueron grupos de choque que atacaban con caballos a la población , mataban y con la ayuda de los bomberos limpiabann el escenario para que posteriormente los periodistas hicieran las fotos. Esta práctica es la que utilizó el 1 de mayo de 1909, dejando 10 muertos y 105 heridos. “Allí hay un joven judío de origen ucraniano, Simón, que apenas hablaba castellano y que presencia todo y que contempla cómo el país que iba a ser el de su futuro es como la Rusia zarista que extermina y arrasa con la caballería igual que en los pogromos que había dejado atrás en Rusia”, añade Comotto.

“155” recoge muchas historias, la de un niño judío que se salva de un pogromo zarista, la de un inmigrante que llega a Sudamérica, la historia de alguien que pasa hambre en una ciudad industrial como era el Buenos Aires del 1900, y la historia de la rebeldía, de una persona que no está conforme en un programa que deja a unos afuera y a otros adentro. Como dirían los discursos existencialistas, la autoconcienciación de unos personajes que no saben leer y escribir y los lleva a la emancipación.

Radowitzky nunca abjuró de sus ideas ni renegó del hecho por el que fue encarcelado, “pero hay que decir que fue una persona que reivindicó el pacifismo toda su vida, y que a la vez ejerció la violencia, con lo que tenemos una de las fases que más me apasionan del personaje. Hay una contradicción monstruosa porque el nunca consideró que hubiera asesinado, lo suyo lo consideraba un acto de justicia, y sufrió toda su vida la culpa de un asesinato colateral del objetivo que él tenía, que era el secretario de Falcón, Lartigau. Pero al margen de eso, él siempre reivindicó que lo suyo había sido un acto de justicia”, indica Comotto.

Un acto que le hizo permanecer 21 años encarcelado en Usuhaia hasta que recibió el indulto, pero su historia no acabó allí. Radowitzky vivió en Barcelona la Guerra Civil Española y falleció en Ciudad de México en 1956.

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