CÓMIC | Humor e ingenio a lo largo de 800 kilómetros (Un artículo de Jon Spinaro)

El noruego Jason recrea en una divertida novela gráfica su experiencia de recorrer el Camino de Santiago en solitario.
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Firma: Jon Spinaro

Miles de personas de muy variadas nacionalidades y diferentes edades toman cada año la iniciativa de realizar la ruta del Camino de Santiago. Las razones suelen ser muchas y muy variadas: desde los que lo hacen por motivos religiosos y espirituales o de una búsqueda interior para conocerse mejor a sí mismo, hasta los que lo realizan por el mero hecho de hacer turismo, conocer los lugares por los que transita, conocer gente, estar en contacto con la naturaleza o simplemente por aventura y deporte. El dibujante noruego Jason decidió al cumplir los cincuenta años alejarse de las fiestas y celebraciones tan pomposas que se han puesto de moda últimamente y optar por recorrer en solitario el Camino de Santiago. Era eso o, según él mismo cuenta, comprarse un Porsche, lo que nos da una idea de que la vida en cuanto a lo profesional le marcha sobre ruedas. Fruto de esa decisión y de la experiencia vivida a lo largo de 32 días nace Un noruego en el Camino de Santiago, su última novela gráfica que acaba de salir al mercado publicada por Astiberri Ediciones.

En Un noruego en el Camino de Santiago Jason vuelve a mostrar su faceta de gran narrador y destila humor e ingenio a raudales a lo largo de sus 186 páginas, en las que irá desgranando, con sus ya personales personajes de rostro perruno, las peripecias y avatares que le acontecieron durante el camino a pie y otras historias que imaginó en sus muchos momentos en solitario. Y es que Jason optó por vivir la experiencia en solitario y podríamos decir que tardó un cierto tiempo en adaptarse a la conversación y las reuniones que tenían lugar al finalizar cada jornada con los peregrinos con los que compartía los albergues.

Curiosidades navarras

Como es de esperar, el territorio navarro ocupa una buena parte de esta novela gráfica, que deja alguna duda sobre la idea que pudo hacerse de las tendencias musicales imperantes en la Comunidad Foral y que le llevaron a sospechar que los Gipsy Kings pudieran ser navarros y se asombra ante un concierto callejero en Iruña de lo que el define como “un grupo de mariachis vascos”. A saber lo que sería eso. Pero sin duda la anécdota más divertida la protagonizará en su llegada a Lizarra cuando, a la entrada de la ciudad y al grito de “¡Estella!” (pronúnciese por su parte “Stela”) se rasga la camisa e interpreta la célebre escena de Marlon Brando en Un tranvía llamado Deseo. Creo suponer que todo esto es sólo fruto de su imaginación, y la representación no tuvo lugar, ya que de no ser así ahora mismo todavía seguiría disfrutando de unas buenas vacaciones en algún centro navarro de salud mental sin llegar a poder escribir el cómic.

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Pero no es esa la única ocasión en la que se hacen guiños al mundo del cine, no en vano, durante varios momentos se harán referencias a películas famosas y a otra que no lo es tanto pero que parece estar siempre en boca de todo peregrino que se precie, como es El Camino, de Martin Sheen.  Al estadounidense le reprochan que en todo su filme nunca se le ve ni lavando los calcetines, ni pinchando ampollas en las plantas de los pies, ni sufriendo las chinches en ningún albergue. Para los que no hemos hecho el camino, estos tres asuntos deben de ser el abc de los problemas a los que se tiene que enfrentar un peregrino. Éstos y los ronquidos, porque Jason, que ofrece una serie práctica y divertida de consejos para llevar bien la caminata, recomienda con ahínco no olvidar los tapones para los oídos. En esto, y en otros muchos momentos del viaje, Jason demuestra ser muy resolutivo y dotado de un gran ingenio para salir siempre airoso de cualquier tipo de inconvenientes y contratiempos, así como de tener un gran sentido del humor para analizarlos.

Nuestro particular peregrino viajó sin cámara de fotos pero tomó notas y apuntes de cuanto le sucedía y en muchos momentos envidió a los antiguos caminantes que hacían la ruta sin instagram ni otras redes sociales pero demuestra ser un gran observador y poco a poco irá superando su reticencia inicial a establecer conversación con la gente, sobre todo al finalizar cada etapa.

Un noruego en el Camino de Santiago es la consecuencia de la propia experiencia personal del autor, que realiza un magnífico análisis reflexivo al final de su viaje y de lo que ha supuesto para él, pero que a lo largo de toda su lectura proporciona al lector una visión diferente de la que habitualmente se suele contar del Camino consiguiendo crear uno de los cómics más divertidos y entretenidos de los que se han publicado últimamente.

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