Desmochar castillos y despedregar espacios (Un artículo de Eneko Abal)

Homenaje a quienes voluntariamente o en castigo despedregan en los Castillos de Navarra
Imagen del castelón del Ebro en la actualidad. Foto: EAP
Imagen del castelón del Ebro en la actualidad. Foto: EAP

Firma: Eneko Abal

Los Castillos de Navarra son seguramente los testigos más eternos con los que la historia ha hecho su descripción física de la realidad en el tiempo. Tenemos la fortuna de tener construcciones que albergan cimientos de más de 2000 años y en sus piedras se descubre buena parte del detalle histórico. Y de esto no tendríamos mucha idea si no fuera por el trabajo de muchas personas que acercan el conocimiento de estas fuentes de forma arqueológica o bibliográfica, voluntariamente o a modo de castigo. A todas ellas; gracias. Dos veces Gracias y con mayúsculas.

Es preciso traer a la palestra esas inquietudes y sobre todo su mensaje: por qué llega una piedra a formar parte de una fortaleza en la geografía y cómo llega otra vez al suelo cuando había estado en una fortaleza. Porque no ha sido lo mismo para la ciencia que esa piedra esté en un edificio, en un cimiento antiquísimo o que lo esté entre cientos de piedras, miles, esparcidas sobre un terreno. Máxime cuando no es igual formar una torre que un muro.

Es evidente que no fueron lo mismo todas las piedras, ni todos los viarios, ni todas las fortificaciones. Tampoco todos los terrenos guardan restos ni todas las geografías han llegado de la misma manera a nuestros días. Para dejar de lado definiciones geológicas de tipos de terreno o de piedra es básico titular que Roma pintaba sus edificios de rojo, el mítico rojo romano. Desde la torrecilla que aparece en la curva de cualquier viae hasta las postas del correo. Todo edificio oficial aparece en rojo (con filas rojas de ladrillo y con grandes paredes rojas para ser más exactos). Las calzadas en ese momento eran básicamente una serie de rectas enlazadas mediante curvas, y esas curvas estaban señalizadas al borde del recorrido, y a la vez aparecían otras construcciones en las montañas-guía de las sendas naturales ancestrales. Éstas tenían ciertas peculiaridades dignas de traer al frente para con Navarra.

Hubo varios tipos de construcciones que preceden a la etiqueta de “castillo”

Las torrecillas que aparecían en una curva o bifurcación de la calzada fueron construcciones de uno o dos pisos que guiaban el camino como pequeños faros de luz en la vía. Formaban parte de un sistema de guía ancestral terrestre que era primo hermano del cabotaje de una nave sobre el agua. Personalmente creo que muchas de estas torrecillas fueron de madera en más de un zonal y que no todas pudieron ser de piedra en lugares montañosos o de fácil acceso a madera, pero para estos artículos seguimos siempre las migas bibliográficas, en este caso de la propia regla romana o régimen jurídico.

Sobre las torrecillas es necesario ampliar que no sólo las había rigurosamente en cada curva de la calzada o en mitad de una recta enorme, también hubo otras poco más grandes que sirvieron para orientar a través del horizonte de montes y colinas. Alrededor del trazado y en cada punta estratégica fue esculpido un torreón de dos, tres, y hasta cuatro pisos. No sin antes irlos pintando de rojo, claro. A fin de cuentas es el color que mejor se ve a distancia en días de lluvia, nubes, nieve o niebla.

Las viejas cimentaciones de estos torreones las podemos encontrar entre las laderas cercanas a un viae si no han sido esquilmadas por la labor agrícola industrial o, como bien sabemos hoy, por la misma Conquista de Navarra. Estas torrecillas y torreones los asimila como propios del viae el régimen jurídico de las vías romanas junto a las postas, mansio o las mutatio, y se diferencian dos tipos: la torrecilla dentro del recorrido y el fuerte estratégico anexo. A este tipo de fuertes pertenecen los orígenes de castillos muy conocidos hoy en día, como Irulegui, Amaiur u Orarregui.

En su momento inicial fueron amplios torreones estratégicos a los que se les fueron añadiendo servicios, con ello familias y con ellas un conjunto de población a su vera. Estos añadidos de población en el fuerte son la estricta etimología de la palabra castellum: un bastión, un fuerte, una ciudadela, que crece demográficamente y adquiere para hoy la significación de castillo. Pero la palabra castellum está asociada a “castillo” sin ser exactamente tal etimología, y señalamos de forma inconsciente a “castillo” como esa construcción fuerte.

Realmente castellum tiene varias significaciones como palabra ya que su raíz etimológica se encontraba en el inicio de la bifurcación entre lenguas conceptuales y nominales, así que “castillo” no fue solo lo que vemos en las películas y su definición comprende varios conceptos además de los de “vivienda en un alto” o “torre”. “Castellum” mencionaba a los edificios municipales de una ciudad como castellum aquae si eran de administración y distribución del agua, castella communit para las torrecillas de los muros del poblado, o la castella facta de guarda y correo. Castella significa “asentamiento” y en la definición integral de “castillo” castellum es más bien un edificio civil, no tanto un edificio militar. Y discúlpenme las filologías e historias por tantas generalizaciones, si, hay torrecillas en los muros y en el viae, pero eso correspondía a un régimen jurídico que hoy llamamos público, de la vía, no al militar estrictamente. Para ese tipo de lugares estaba la palabra castra.

Castra fue un campamento militar permanente o temporal, que podía ser en ese caso castra aestativa o castra hiberna según fuera para verano o invierno. Tenía torres fortificadas y muros que debían albergar alguna centuria. Y suponiendo que cada centuria son diez contubernios de 8 personas cada uno, con toda su parafernalia, es lógico señalar que son muchas personas en un mismo lugar. Más para aquel tiempo de demografía escasa y dispersa. Además de éstas, dentro de las características de una castra también diferenciaban entre castra nautica si protegía una zona de agua o castra navalia si lo que hacía era proteger una zona geográfica terrestre. A esta navalia se le ve una evidente raíz nava que ayuda a completar el concepto “navarra” y “nava” .

El castillo de Castejón fue importantísimo en el mapa europeo

Una piedra en el particular y excepcional lugar de Castejón explica a la perfección muchos interrogantes de la historia antigua de Navarra y es necesario que tenga por fin un hueco. En la toponimia de Castejón aparece un castelón y un giraldilla que proyectan el caso excepcional de su presencia en la península y en Europa. Es un montículo encima del Ebro a su paso por Castejón, complicado asegurar en qué momento se erigió como lugar estratégico de Europa, y eso ocurre porque tiene en sus raíces restos anteriores a época romana a la vez que siempre estuvo donde está.

No se puede mover para ver debajo. Es el desagüe y conjunción de los ríos Alhama, Aragón, Arga, Ega y sobre un río Ebro que entonces era grandísimo. Este montículo, geológicamente, no estaba ahí. Ahora bien, es fácil intuir que su situación siempre lo dejó en un centro geográfico con la Bárdena y Contrebia Leucade. El paso más corto al plano peninsular del Duero y su Numancia. Y aún queda sumar que junto a la giraldilla del Ebro estuvo el altar de una importante deidad de la antigüedad, una red viaria reconocidamente comercial y un buen número de “ciudades” próximas (en esa época no se vivía mayoritariamente en núcleos).

Debido a ciertas imposibilidades a la hora de llegar al pasado anterior a Roma solo se pueden atender los restos que dejó tras su decadencia. Pero hubo de haber algo antes del castelón. No sólo por los rastros del derredor sino porque conectó visualmente con Elo, la gran montaña estratégica de los pampilonenses, la Higa de Monreal. También veía tierras de Álava y zonas del norte peninsular si se añade la línea de torrecillas que existió en los Montes del Cierzo, por ejemplo.

Una línea que ejercía de mecanismo viario de señalización pero también de vigilancia, con lo que todo el complejo de torrecillas en las lindes del castelón estaba supeditado a él, oteado todo en la vía, como dice la jurisdicción. Fue toda una obra técnica de la vía y su circunstancia estratégica hizo que protagonizara muchísimas situaciones históricas. Es Elo en el Ebro. Es Elón de Elo en castelón.

Castejón fue una de las pocas torres tan altas en ese tiempo, un rascacielos de la antigüedad con bandas rojas, o en rojo entero, pero culminado con un gran faro, la giraldilla, sobre un amplio patio. Con una gran planicie a su lado suroeste perfecta para el avituallamiento de los carros, legiones y demás personas del viae ab Asturica Tarraco, la vía del Ebro en su parte peninsular. Importantísima en la antigüedad. De Italia in Hispanias ni más ni menos. Ya fuera por el paso militar, comercial o el paso al altar del agua de Cibeles, el plano suroeste del castelón guardó un importante punto turístico de la época, Araciel. En su lado noreste, al otro lado del gran río Ebro, estuvieron las tres torrecillas de las cabezas altas en Valtierra. Así conformaban la señal de la vía de Contrebia al Ebro, en el desciegue de los ríos Arga y Aragón.

Como en toda la hidrografía general este Ebro era más un río-lago que éste resto que encontramos hoy. Fue navegable en amplia medida y también estuvo salpicado de decenas de elementos estructurales como los de las vías y sus torrecillas, aunque eran para el cabotaje fluvial. Ambos cabotajes, vial y fluvial, tienen un común en esas zonas de paso entre un valle y otro, entre el Ebro norte y el medio, el topónimo cadena.

En el presente heredamos unos Castillos de Navarra que son el producto de siglos de dinamismo cultural. Aparecen en muchos documentos y de forma muy particular en los que se desprenden de la bibliografía de la Conquista de Navarra. Las leyes del cardenal Cisneros. En ellas únicamente aparecen las fortalezas singulares, las de la fantaxia navarra que decía el coronel Villalba, pero es imperativo subrayar que no fueron todas las que están. Hubo castras, castellum, aras y arx.

El castelón de Castejón es un ejemplo vivo de lo que ésta reflexión quiere traer a la mesa, una metáfora de un hecho cierto y geográfico y estratégico y comercial y antiguo o reciente. Un hecho humano que ha pasado desapercibido o directamente mal leído. Intencionadamente o no. Castelón es testigo de esta particular rama de la amnesia.

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