Dos veces muertos (Un artículo de Basilio Lakort)

Recuerdo muy bien aquellas concentraciones porque siempre estábamos los mismos: el de la farmacia, el tipo de la bici, el cristiano de base, el consejero socialista, el ácrata descreído…
8 de julio de 1978, en la Plaza de toros de Pamplona. Aquella fue una de esas tardes.
8 de julio de 1978, en la Plaza de toros de Pamplona. Aquella fue una de esas tardes.

FIRMA: BASILIO LAKORT   |  

Recuerdo como si fuera ayer una tarde de la primavera del 86 cuando cuatro y el del tambor nos pusimos detrás de una pancarta en la plaza del Ayuntamiento de Pamplona para protestar en silencio durante 15 minutos por el último asesinato de ETA.

Lo recuerdo muy bien porque allá estaba la Garbiñe, la madre de Mikel Zabalza, que solo unos meses antes había que tenido que pasar por el trance de saber que habían detenido a su hijo, la habían asesinado, lo habían ocultado y 20 días después lo habían arrojado al río Bidasoa a su paso por Endarlatza, el único río de agua dulce del mundo que tiene cloro en sus aguas, según se pudo comprobar en la autopsia. A día de hoy, nadie ha sido condenado por el crimen. Ni se espera.

Recuerdo muy bien aquellas concentraciones porque siempre estábamos los mismos: el de la farmacia, el tipo de la bici, el cristiano de base, el consejero socialista, el ácrata descreído… Daba igual que fuera por las víctimas del último coche bomba de ETA o cuando dos pistoleros acabaron con la vida de un diputado de Herri Batasuna. Quince minutos, de pie, en silencio frente al reloj del chupinazo, siempre a las 20.00 horas.

frasebasiliohomenajeY lo recuerdo muy bien porque algún prohombre de la derecha navarra hizo un llamamiento a no acudir porque en la firma de la pancarta se podía leer Asociación por la Paz de Euskal Herria y el topónimo era, por lo visto, mucho más importante que el motivo. Lo de menos era la última víctima, lo importante era no ir a un sitio donde ponía de Euskal Herria. Conviene recordar este tipo de cosas, claro que conviene, para que nadie reescriba la historia.

Y sobre todo volví a recordar todo esto ayer cuando leí estupefacto, y reconozco que indigando, la delirante argumentación que Dignidad y Justicia y un sindicato policial, nada menos que un sindicato policial, daban en su escrito ante la Audiencia Nacional para prohibir el merecido homenaje y reconocimiento que pretende dar el Gobierno de Navarra a aquellos ciudadanos navarros que murieron por una violencia que no fue la de ETA, porque también hubo navarros que murieron a manos de otras violencias, tan injustificables como las que provocaba ETA, aunque fuera muchos menos.

Decían los perpetradores del escrito ante la Audiencia Nacional que se trata de reescribir la historia como si hubiera que volver a escribir el balazo en el pecho que recibió Germán Rodríguez, el disparo a bocajarro que recibió Gladys del Estal, el ahogamiento por inmersión que sufrió Mikel Zabalza, el ametrallamiento indiscriminado de Mikel Arregi o los cuatro tiros recibidos detrás del mostrador de su panadería de Ángel Berrueta.

Aquí no hay que reescribir nada, solo hay que dar el calor institucional y social que nunca han tenido a unas víctimas que merecen exactamente el mismo trato que todas las víctimas asesinadas por ETA que, y me parece perfecto y necesario, han recibido multitud de homenajes y reconocimientos institucionales. Esto no es una cuestión cuantitativa sino una cuestión de memoria, justicia y reparación.

Para la gente que se maneja en el mundo de las leyes dejo la frase de “humillar a las víctimas del terrorismo equiparándolas con los asesinos que perdieron la vida en enfrentamientos armados con los cuerpos policiales” que aparece en el  escrito presentado ante la Audiencia Nacional.

destacadobasilio2Porque creo que con esta frase, alguien de la judicatura debería actuar de oficio. En concreto en el apartado de humillación a las víctimas porque ni German Rodríguez, ni Gladys del Estal, ni Mikel Arregi, ni Mikel Zabalza, ni José Luis Cano ni Ángel Berrueta ni… fueron asesinos, pertenecieron a ninguna banda ni murieron en enfrentamiento armado alguno. Fueron asesinados y, por lo tanto, son víctimas.

No se puede reescribir la historia por mucho que te parapetes tras un sindicato policial presuntamente profesional o cuentes con el apoyo ciego e irresponsable de los medios que escriben a tu dictado. No se puede matar dos veces al muerto.

Creo que fue Bernardo Atxaga quien, en pleno delirio de ETA, realizó la que fue, a mi juicio, la mejor reflexión sobre el silencio sepulcral que, en público, mantenía la izquierda abertzale: “Lo tratan como si fuera un fenómeno meteorológico, algo inevitable contra lo que no se puede luchar”. Entonces, con los coches-bomba volando, denunciar aquello era la postura más cívica. Hoy corremos ese mismo riesgo, que mucha gente considere que fue “algo inevitable, como un fenómeno meteorológico” los crímenes realizados desde el otro lado.

No tuve, ni tengo duda, que hace 30 años había que estar tras aquella pancarta. Como no tengo duda de que hoy en día la postura más cívica es pedirle también al Estado, y no solo a ETA, que reconozca el daño causado, que también fue mucho, para que ningún bárbaro trate de reescribir la historia y humillar a quienes también fueron víctimas.

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