Enseñanzas de un referéndum de autodeterminación (Un artículo de Cierzo Bardenero)

Firma: Cierzo Bardenero La mañana del día 25 de octubre nos levantamos con el ofrecimiento del Gobierno Autonomo Kurdo de Iraq (KRG) de suspender el resultado del referéndum de...
Exodo de civiles kurdos
Exodo de civiles kurdos

Firma: Cierzo Bardenero

La mañana del día 25 de octubre nos levantamos con el ofrecimiento del Gobierno Autonomo Kurdo de Iraq (KRG) de suspender el resultado del referéndum de autodeterminación celebrado justo un mes antes, así como un alto el fuego como pasos previos a entablar negociaciones con el gobierno iraquí.

A esta situación de conflicto militar abierto y éxodo de decenas de miles de kurdos en busca de refugio en la Región Autónoma Kurda se ha llegado por una suma de errores de cálculo y excesos de confianza en la fuerza propia por ambas partes a lo largo de bastantes años.

En el trasfondo del conflicto subyace la falta de concreción de la federalización del país y, sobre todo, el control de amplias zonas de Iraq entre ambos gobiernos y en especial la rica provincia petrolera de Kirkuk, que ha visto como a lo largo de las últimas décadas sufría repetidas limpiezas étnicas.

Durante años, el gobierno iraquí ha dejado en stand by la situación de los llamados territorios en disputa confiando en su superioridad militar respecto de las fuerzas kurdas y el hecho de  considerarse así misma pieza clave del tablero en el juego que se llevan en la zona potencias globales y regionales a la que no se le puede contrariar.

Estos, y otros motivos, han provocado que el gobierno iraquí no tuviese ninguna prisa en realizar el referéndum por el control de estos territorios que debía llevarse a cabo hace más de una década y al que la irrupción del Estado Islámico trastocó drásticamente sus planes en 2014.

Y es que el desplome del ejército de Iraq en todo el norte del país provocó un vacío que fue aprovechado por las fuerzas kurdas para hacerse con el control militar de zonas en disputa que no controlaba, y en especial Kirkuk y la mayoría de su provincia con excepción del distrito de Hawija.

Durante varios años, el gobierno iraquí se ha visto incapaz de restaurar el control sobre amplias zonas del país, pero una vez entrado 2017 y recobrada Mosul es cuestión de tiempo que el Estado Islámico sea erradicado del país y los ojos de Bagdad se vuelvan hacia los territorios en disputa.

Con el tiempo apremiando, el gobierno kurdo aprovechó un cambio en los bloques en la región para, y apoyándose en Arabia Saudí e Israel, asegurarse el control definitivo de la zona al transformar la región en un país independiente, o en el peor de los casos negociar con Bagdad en posición de fuerza, pero le fallaron los cálculos sobre sus  apoyos de manera ostensible.

La disconformidad de Turquía, Iraq e Irán estaban garantizadas, se presuponían el apoyo saudí e israelí y todo dependía de cómo se decantasen Europa, Estados Unidos o Rusia y aunque el referéndum no suscitó el apoyo de ninguno de los tres, los políticos kurdos siguieron adelante quizás pensando que con los apoyos de dos potencias regionales valdría.

Celebrado ya el referéndum, las presiones al gobierno kurdo no se hicieron esperar aunque el gobierno iraquí amagó con negociar varias veces, pero una vez que incluso el apoyo saudí al referéndum de autodeterminación cayó, la suerte de los kurdos de Iraq estaba echada.

Y esto en una Región Autónoma en la que el sistema democrático vigente es parasitado por unos grupos familiares disfrazados de partidos políticos que desean asegurarse el control de su parcela de poder, en donde el nepotismo y la corrupción son rampantes y en donde estos clanes prefieren quedarse tuertos a condición de que su aliado ciegue al clan rival, la perdida de apoyos al referéndum era una clara llamada al sálvese quien pueda.

Así pues, el Gobierno Regional Kurdo perdió en dos días el territorio obtenido con la sangre, sudor y lágrimas de sus peshemergas durante más de dos décadas y, lo que es peor incluso, el control de los pozos de petróleo que alimentan el presupuesto de la Región y han enriquecido obscenamente a los clanes Barzani y Talabani.

Y si la perdida de territorio y petróleo es grave, mucho peor para esos clanes-partido es la pérdida de imagen de cara a centenares de miles de civiles kurdos que se han visto vendidos de la noche a la mañana y que han tenido que salir a la calle a defender la pertenencia del territorio donde vivían en Kurdistán o emprender de nuevo la huida buscando refugio en la Región Autónoma Kurda.

Pese a que los peshmergas parece que han podido contener al ejército iraquí y milicias aliadas en los límites de la Autonomía Kurda, la victoria de Bagdad  sobre el gobierno kurdo es aplastante estando en su mano saber gestionar la misma para lograr un acuerdo duradero sobre la organización territorial del país.

Parafraseando a Miguel de Unamuno, el ejército iraquí ha vencido, pero en su mano está el convencer ya que una imposición surgida de una victoria militar no resuelve un problema territorial, simplemente lo aplaza hasta que la correlación de fuerzas entre kurdos y árabes sea similar.

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