Escalera hacia el cielo (un artículo de Mikel Zuza)

Firma: Mikel Zuza A estas horas andarán todavía Carlos de Viana y sus acompañantes acostumbrándose a su nuevo entorno del palacio del Condestable, en la calle Mayor. Hay que...
Articulo Zuza

Firma: Mikel Zuza

A estas horas andarán todavía Carlos de Viana y sus acompañantes acostumbrándose a su nuevo entorno del palacio del Condestable, en la calle Mayor. Hay que entenderles, porque antes se pasaron 65 años confortablemente instalados en García Castañón, guardando la pantalla de lo que fue el cine más bonito de Pamplona. Y después otros 12 más guardados en un almacén municipal, sospechosamente parecido al que salía al final de En busca del arca perdida.

Es evidente que eso debió convertirles a todos en cinéfilos de pro, y que tanto el mismo príncipe como el resto de los comensales que comparten las pintadas viandas en uno de los murales, discutirían frecuentemente sobre cuál de las películas que fueron sucediéndose durante décadas ante sus ojos fue sin duda alguna la mejor de todas. Y no es nada sencillo dilucidar tal cosa, aunque a fuerza de verlas en tres sesiones cada día (lo que en 65 años suman nada menos que 129.657 proyecciones), sus diálogos seguramente habrán grabado en sus majestuosas cabezas. Así que escogiendo únicamente dos diálogos por década cinematográfica:

-Rick, creo que bajo ese cínico caparazón se esconde un sentimental. Ríase si quiere, pero me conozco su historial. Le mencionaré dos detalles: en 1935 llevó armas a Etiopía, en 1936 luchó en España con los republicanos.

-Y en ambas ocasiones fui muy bien pagado, capitán Renault.

-Los vencedores habrían pagado mejor… ¿Pero por qué demonio vino a Casablanca?

-Mi salud. Vine a Casablanca a tomar las aguas.

– ¿Las aguas? ¿Qué aguas? ¡Estamos en el desierto!

-Me informaron mal.

 

            – Recuerda lo que dijo no sé quién: en Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, hubo guerras matanzas, asesinatos… Pero también Miguel Ángel, Leonardo y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, democracia y paz. ¿Y cuál fue el resultado? ¡El reloj de cuco!

 

            -El indio, tanto cuando ataca como cuando huye, es inconstante. Abandona pronto. No comprende que se pueda perseguir algo sin descanso, y nosotros no descansaremos. De modo que al final daremos con ella, te lo prometo. Tan cierto como que la Tierra da vueltas.

 

            -Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar…

 

            -Me recuerda a un tipo de mi tierra que se cayó de una casa de diez pisos. Mientras iba cayendo la gente de cada planta le oía decir: ¡Por ahora, bien! ¡Por ahora, bien!

           

            -Un caballero alegre y audaz,

 de día y de noche cabalgando va.

Y canta su canción mientras sigue osado,

en busca de El Dorado.

            Montes de luna cruzando,

bajando a valles de sombra,

y siempre cabalgando.

 

-¿Pecky, tú qué opinas, hemos desperdiciado la vida?
– Eso depende de cómo se mire, Daniel. No creo que el mundo haya mejorado gracias a nosotros dos.
– No, eso no.
– Ni tampoco creo que nadie llore nuestra muerte.
– Bueno, pues que no lloren.
– No hemos realizado muchas buenas acciones
– Ninguna, eso sí es verdad.
– Pero ¿cuanta gente ha viajado lo que nosotros, y visto lo que nosotros?

– Muy pocos, desde luego.

– En este momento, yo no me cambiaba ni por el mismísimo virrey de la India, si tuviera que olvidar mis recuerdos.

 

– ¡Te amo, Robin! Te amo más que a todo: más que a los niños, más que a los campos que planté con mis manos, más que a la plegaria de la mañana o que a la paz. Más que a nuestros alimentos. Te amo más que al amor, a la alegría o a la vida entera. Te amo… más que a Dios.

 

-Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

 

-Durante el día, Isabeau es el hermoso halcón que me has traído. Y por la noche, como ya habrás supuesto, la voz del lobo que oímos es el grito de Navarre. Pobres criaturas que no recuerdan la otra mitad de su existencia humana. Jamás rozan sus carnes, sólo la angustia de un segundo al amanecer o al anochecer cuando casi pueden tocarse, pero no les es posible.

 

-Ezequiel, 25:17: el camino del hombre recto está por todos lados rodeado por las injusticias de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que en nombre de la caridad y de la buena voluntad saque a los débiles del valle de la oscuridad, porque es el autentico guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos. ¡Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos, y tú sabrás que mi nombre es Yahvé cuando caiga mi venganza sobre ti!

 

-Amor mío, te sigo esperando. ¿Cuánto dura un día en la oscuridad? ¿Una semana? El fuego se ha apagado. Empiezo a sentir un frío espantoso. Debería arrastrarme al exterior, pero entonces me abrasaría el sol. Temo malgastar la luz mirando las pinturas y escribiendo estas palabras. Morimos. Morimos ricos en amantes, tribus y sabores que degustamos. En cuerpos en los que nos sumergimos como si nadáramos en un río. Miedos en los que nos escondimos, como esta triste gruta. Quiero todas esas marcas en mi cuerpo. Nosotros somos los países auténticos, no las fronteras trazadas en los mapas, con los nombres de hombres poderosos. Sé que vendrás y me llevarás al palacio de los Vientos. Sólo eso he deseado: recorrer un lugar como ese contigo. Con nuestros amigos. Una tierra sin mapas. La lámpara se ha apagado, y estoy escribiendo a oscuras…

Porque ahora, gracias a que su propietaria original, la empresa SAIDE, los cedió, y al actual Ayuntamiento de Pamplona, que ha tenido la sensibilidad y el acierto de recuperar este fragmento de nuestra historia pequeña (aunque no por eso menos importante), los dos estupendos murales pintados por Eduardo Santonja en 1940, abandonan la pantalla iluminada por lustros de Cinemascope y Panavisión, para formar parte otra vez de la realidad cultural más cercana a los ciudadanos y ciudadanas de Iruña, que acuden a Condestable a ver exposiciones, escuchar conferencias, y participar en cursos y en un montón más de actividades, donde el príncipe y sus amigos volverán a sentirse como en casa.

Y, quien sabe, quizás hasta ese cortejo a caballo se anime cada noche a salir del cuadro para conocer detenidamente su nueva vivienda. Y puede que visiten a don Pablo Sarasate en el primer piso, para que les enseñe a bailar su Zapateado, que es danza muy similar a las que ellos bailaban en los palacios de Olite o Tafalla en el siglo XV. Y si les entra la morriña medieval, siempre podrán bajar a la hermosa estancia de tres arcos ojivales del sótano.

Aunque yo sé bien que lo que más ilusión les hace a todos ellos es poder asomarse a conocer por fin a los gigantes, kilikis y zaldikos cuando éstos –quizás antesdeayer mismo, día de san Saturnino- entren al patio de columnas para refugiarse de la lluvia.

Y entonces seguro que el príncipe Carlos presiente que esto es el comienzo de una hermosa amistad…

Secciones
#OrainKulturayOcio#OrainOpinión

Relacionado con