La silla de ruedas la llevo en el culo, no en la cabeza (Un artículo de Juan Arconada)

Esta es la historia de un scooter eléctrico que en a penas dos años ha recorrido medio mundo
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FIRMA: JUAN ARCONADA

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Antes que nada debo presentarme. Soy un scooter eléctrico plegable y tengo poco más de dos años de vida.

Soy un bicho raro entre mis compañeros de camada ya que los últimos scooters eléctricos que habían salido de la fábrica habían sido adquiridos por personas mayores y, por tanto, el trayecto más habitual era el realizado desde su casa al cercano club de jubilados donde sus dueños jugaban la habitual partida vespertina de cartas o al supermercado de la esquina a realizar una compra puntual. Es decir, llevaban una vida sosegada y sus baterías eran cargadas una vez a la semana como mucho.

Cuando salí de la fabrica no las tenía todas conmigo. Mi comprador, que acababa de cumplir los 47 años, había comprobado en su último viaje a Milán que los bastones comenzaban a ser insuficientes para desplazarse.

No me esperaba una vida tranquila ya que hasta mis oídos llegó una leyenda urbana que decía que mi dueño -cuya afición favorita era viajar- había llegado a hacer diez viajes en un año.

Desde el primer día fui bien recibido en su casa y todo parecía indicar que me iba a convertir en un miembro imprescindible para futuros desplazamientos. El destino para la Semana Santa de 2015 era Edimburgo.

Ese fue mi primer destino y, por tanto, mi primer vuelo. Una ciudad manejable en cuanto a tamaño pero con bastante adoquín y empinadas cuestas.

Juan Arconada scooter viajero 1

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Aún recuerdo orgulloso mi debut por la Royal Mile y la llegada al famoso castillo de la ciudad. Aunque construido en el siglo XII, el que iba montado encima de mí recordaba que fue allí donde Mike Oldfield presentó junto a unos cuantos gaiteros Tubular Bells II allá por el año 1992.

La primera experiencia fue positiva, y tenía ganas de viajar en tren.  Qué mejor destino que Sevilla y su Feria de Abril para disfrutar del ferrocarril de alta velocidad.

A pesar de que las casetas, en general, no son muy amplias, conecté rápidamente con la fiesta y, además de hacer mi labor de vehículo, también servía de mesita auxiliar para colocar la hielera con botellas de manzanilla y algún que otro plato de jamón. Para relajarnos, tras los excesos cometidos,  pasamos el fin de semana en Cádiz que nos sirvió a unos para cargar las pilas y a mí para cargar las baterías.

Mi primer evento deportivo fue todo un lujo y tuvo lugar en junio en París adonde fuimos para presenciar las semifinales del prestigioso torneo de Roland Garros y pasear por esa fantástica ciudad que es una de mis favoritas. El fin de semana previo a S. Fermín nos escapamos a Lekeitio. Allí pudimos comprobar el ambiente que siempre reina en la pequeña localidad vizcaína.

Tuve un verano tranquilo pero en septiembre teníamos dos destinos previstos: Londres y el Périgord. Recuerdo con añoranza ese vuelo ya que una simpática azafata de British Airways, viendo lo plegado que me quedaba, me permitió volar en un pequeño armario dentro de la cabina del avión y no en la bodega.

También recuerdo lo que disfruté desplazándome y  visitando casi todos los recovecos del British Museum deslizándome confortablemente por su suelo liso y brillante.

En el viaje al Périgord tuve que compartir maletero con la bici plegable y los bastones por lo que fui algo más prieto. Recuerdo muchos bonitos pueblos de la zona pero especialmente Sarlat y Rocamadour. Este último sobre todo por su accesibilidad a pesar de estar suspendido sobre un acantilado.

Para finalizar el 2015, en cuanto a viajes se refiere, ya estaba preparado para cruzar el charco por primera vez, y visitar la magnífica y musical ciudad caribeña de La Habana.

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Evidentemente no es el paraíso de la accesibilidad y, además, al llegar al aeropuerto José Martí sufrí mi primer incidente. Me tiraron desde la bodega pegándome un fuerte golpe. Debido al mismo, mis dueños, no podían desplegarlo correctamente. Afortunadamente Ainhoa es muy mañosa y pudo ponerme a punto para disfrutar de la capital cubana

En 2016 quería conocer Sevilla en febrero. Había oído que no hace falta que sea Feria para visitar la ciudad ya que tiene suficientes atractivos en tiempo ordinario.

Esa Semana Santa me llevaron a Budapest que es igual de interesante que la cercana Praga. La parte de Buda algo más difícil para desplazarme por los adoquines que la parte de Pest, Tras el esfuerzo realizado tuvimos que acudir a los baños termales de Széchenyi a relajarnos,

Como el año anterior me habían gustado mucho, tanto la Feria de Abril de Sevilla como Roland Garros, nos vimos obligados a repetir. En el mes de junio fuimos al tacón de Italia, a Puglia, una zona preciosa y nada masificada donde pasamos bastante calor y visitamos Lecce y Alberobello entre otros interesantes sitios.

En septiembre cruzamos en coche el hexágono francés para vistar Alsacia con varias etapas a la ida y a la vuelta. De esta forma, además de poner el campamento base en Colmar y Estrasburgo, conocimos, entre otros lugares, Lyon, Dijon, la alemana Baden Baden y hasta coronamos el mítico Alpe d’Huez.

Para finalizar 2016, tenía ganas de volver a cruzar el charco y conocer Nueva York. Dicho y hecho. Con incidente de avión incluido, nueva caída, esta vez en el aeropuerto JFK –debe ser que no me sientan bien los viajes transoceánicos- pusimos a prueba la autonomía de mis dos baterías con jornadas maratonianas por la Gran Manzana. También reclamamos a la compañía aérea y recibimos una compensación económica por no haberme tratado con cuidado.

Este año 2017 he estado en Madrid, en la playa de las Catedrales y Llanes, así como en París ya que me ha aficionado a Roland Garros.

Además este año he tenido he tenido la fortuna de tener a muy pocos metros a Rafael Nadal vencedor en diez ediciones. He escuchado ciertos rumores que dicen que me van a llevar al hemisferio Sur a final de año. Aunque me tienen fatigado, eso tiene una pinta fantástica a pesar de que me hablan de cincuenta horas de vuelo entre ida y vuelta.

Juan Arconada Scooter Viajero 3

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De todas formas, no me cambio por mis hermanos que acuden todas las tardes a jugar la partida de cartas. Algunos de ellos, no sin cierta dosis de envidia, me comparan con el baúl de “la Piquer”.

¿Qué quiero decir con todo esto? Por supuesto que es más incómodo tener que viajar con un scooter o con una silla de ruedas, pero seguro que, si te gusta viajar, más incomodo es quedarte en casa. Mientras se pueda, aprovecharemos las herramientas de las que disponemos para seguir disfrutando del placer que es viajar ya sea andando o sobre ruedas como es en mi caso.

Y aunque no sea para viajar, y solo sea para desplazarte por tu ciudad, un scooter o una silla de ruedas, no son el enemigo en el que se piensa cuando se habla de una enfermedad como la esclerosis múltiple sino que son aparatos que, en el caso de necesitarlos, nos pueden faciltar la vida y nos llevan donde nuestras piernas ya no lo hacen. Ya se ha hecho célebre esta frase:  “La silla de ruedas la llevo en el culo no en la cabeza”.

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