Euskarafobia, unas notas (Un artículo de Jesús Barcos)

"En torno al euskera, se manifiesta en la urticaria que a muchos todavía produce el hecho elemental de que la lengua sea lengua y se utilice fuera de los caseríos"
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Firma: Jesús Barcos

Tres episodios sintomáticos que dicen más que cien discursos calculados. El primero: que algunos parlamentarios navarros erdaldunes no se pusiesen cascos de traducción en los tramos en euskera en el Debate sobre el Estado de la Comunidad de hace unos meses. El segundo: que el líder del partido navarro más votado saludase en un acto con un arratsalde on y se produjeran risas.  Y el tercero, también revelador; que el alcalde de Pamplona recordase que el euskera es una de las dos lenguas de la ciudad y la obviedad sonase a novedad.

Tres detalles que pueden servir de indicio para analizar una realidad sociológica profunda y a menudo desatendida. Que en Navarra, incluida su capital, existe vascofobia, aversión notoria en un sector no pequeño de la población votante, que trasciende por lo tanto de un espacio marginal, y que como toda fobia o no se reconoce o se escuda en el adversario.

En torno al euskera, se manifiesta en la urticaria que a muchos todavía produce el hecho elemental de que la lengua sea lengua y se utilice fuera de los caseríos. Detrás de esas personas que transpiran molestias por una k, una tx o un agur, hay también un serio problema de educación. De doble mala educación, con los demás y con la cultura.

Barcos Bueno

Lo mejor que le puede pasar a cualquier idioma, es que se hable más. En cuanto al euskera, necesitado de fomento por  su condición jurídica y social más débil, lo lamentable es que adentrados en el siglo XXI, en una parte de la sociedad que no se ve requerida ni para aprender unas nociones mínimas, exista un rechazo visceral a la lengua vasca precisamente por ser vasca, abonada al marco cesión/firmeza con los nacionalistas.

Lo triste es que articular una preocupación unánime por este destrozo cultural o avanzar sensiblemente en la deslegitimación social de esta tendencia siga siendo un ejercicio harto complicado; peras al olmo para un sector que por más que presume de mesura y navarrismo, como en aquel refrán de la sartén y el cazo, se siente fuerte en su estrépito. Una pena, y a la vez todo un reto.

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