Flores tricolores frente a la suspensión del TSJN (Un artículo de Idoia Saralegui)

"Porque es un sinsentido que en nuestra casa podamos poner las banderas y las flores que queramos y, en cambio, no podamos hacerlo en la casa de todos cuando así lo decide la inmensa mayoría"
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Firma: Idoia Saralegui

Hay cosas en esta vida que le dejan a una ojoplática y hoy me ha tocado una de ellas.

Leo que la sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Navarra suspende la autorización de colocar la bandera republicana el 14 de abril en la fachada del Parlamento. Tras la eliminación de la Ley de Símbolos, votaron a favor de la colocación Geroa Bai, EH Bildu, Podemos, PSN e Izquierda-Ezkerra. Es decir, nada menos que 33 de los 50 representantes de todos los navarros y navarras. Pero, al parecer, el TSJN puede más que la voluntad de la mayoría cuando se trata de proponer o impedir un acto simbólico y cívico. Es alucinante. Y eso que aun no conozco los argumentos, porque miedo me está dando saber cuales son las razones en las que pretenden sustentar su decisión…

Es esa sensación que se me queda cada vez más a menudo de que el mundo se está volviendo loco. Porque esta es una mas en esa carrera hacia el absurdo en la que nuestra sociedad se ha lanzado a tumba abierta. Como cuando hace dos semanas la Audiencia Nacional condenó a Casandra Vera a un año de cárcel e inhabilitación por unos tuits sobre Carrero Blanco. Que pueden no ser graciosos, pero no se condena a nadie por su dudoso sentido del humor.

Además, el tema tratado, no vamos a engañarnos, nos hubiera condenado a todos, toditos todos y de cualquier ideología (que nadie se haga el remilgao ni el estrecho, que no cuela) los que hemos ido alguna vez en San Fermín a la plaza de toros de Pamplona y cantábamos una cancioncilla que ahora no quiero escribir no sea que alguien se fije de repente que es de mal gusto (aunque todos la estáis tarareando ahora en vuestras cabezas), mientras lanzábamos al aire nuestros jerseys. Y el que no la ha cantado, es que no llevaba jersey o tenía demasiada resaca; no porque se le hubiera planteado ningún tipo de dilema moral entre vaso y vaso de sangría.

Y eso por no hablar de que la semana pasada la Audiencia Provincial de Madrid admitió a trámite una querella contra Dani Mateo y el Gran Wyoming por hablar de lo feo que es el Valle de los Caídos. Que solo de pensarlo, una no puede evitar morirse de la risa.

Eso si, en los dos anteriores casos,  la Justicia había sido más bien remolona y se lo había tomado sin agobios (Casandra escribió su primer tuit en 2013 y se la condenó cuatro años después; y El Intermedio de Los Caídos se emitió en mayo de 2016 y ha sido esta semana cuando la denuncia ha sido admitida a trámite). En cambio, en este caso, los del TSJN no han corrido, han volado.

Vivimos en una sociedad que se ha vuelto tan friki que estamos llegando al borde del ridículo, con la justicia dedicada a estas cosas de qué chiste se cuelga o que bandera se ondea en vez de a la corrupción o a otros de los grandes problemas de la gente.

Dice una amiga mía que, en vez de tomarnoslo a mal, se debería engalanar el próximo viernes la fachada del Parlamento de flores rojas, amarillas y violetas. Todo el mundo sabrá qué representa y, además, será un precioso homenaje de esa mayoría de navarras y navarros que queríamos que esa bandera ondeara por un día recordando los valores de la II República. Porque es un sinsentido que en nuestra casa podamos poner las banderas y las flores que queramos y, en cambio, no podamos hacerlo en la casa de todos cuando así lo decide la inmensa mayoría.

Por eso deberíamos proponer flores tricolores el viernes frente a la decisión del TSJN. Siempre he sido de las que ha pensado eso de “Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa”. Reivindicar con flores me parece un bonito gesto que deberíamos plantearnos en vez de hacer mala sangre, que es lo que apetece ante situaciones así. Y también es lo que a algunos les gustaría que hiciéramos.

 Y eso que insisto, nunca he sido muy de trapos, pero hay cosas como esta que hacen que a una le salga la vena simbólica, folklórica y sepa que ese día voy a hartarme de celebrar los colores y sueños de la república frente a un pedazo de la sociedad controladora y asfixiante que están queriendo imponernos de un tiempo a esta parte su forma de ver el mundo, sus gestos, su sentido del humor e incluso sus colores.

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