Hariri, pieza clave en la desestabilización del Líbano (Un artículo de Cierzo Bardenero)

Firma: Cierzo Bardenero La noche del domingo, lejos de poner fin a las especulaciones sobre su situación y paradero en Arabia Saudita, Hariri sembró más dudas si cabe en...
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Firma: Cierzo Bardenero

La noche del domingo, lejos de poner fin a las especulaciones sobre su situación y paradero en Arabia Saudita, Hariri sembró más dudas si cabe en una entrevista concedida a Future Televisión, muy popular en el mundo árabe y vinculada al partido político libanes que él preside.

Durante una hora. el primer ministro libanes, ostensiblemente cansado y a ratos desorientado, respondía a las preguntas de una Paula Yacoubian que intercalaba las mismas con la lectura de noticias de última hora como movilizaciones populares en Líbano o el terremoto en el Kurdistán para así demostrar que la emisión era en directo.

Aunque Hariri pretendía demostrar que no estaba sometido a presión o censura por parte de las autoridades saudíes, el hecho de que las cámaras captasen la presencia discreta de un hombre que parecía supervisar la entrevista dio al traste con la imagen que se quería dar pese a que Hariri afirmase que el mismo pertenecía a su staff y pretendía informarle de los últimos acontecimientos en el país del Cedro.

A preguntas de la entrevistadora, Hariri no se salió del guion establecido afirmando su voluntad de luchar por el país y el peligro que supone la existencia de Hizbullah por su configuración como un Estado dentro de un Estado que condiciona la política del Líbano y su voluntad de confirmar ante el presidente Michel Aoun su dimisión como primer ministro del país.

Con la entrevista, a su vez quería desmentir las informaciones que circulaban desde primeros de mes en las que se afirmaba que estaba siendo retenido por las autoridades saudíes simultanea a la gran redada anticorrupción ordenada por el príncipe heredero Mohammed Bin Salman, que en realidad pretende ocultar una purga de candidatos al trono de Arabia una vez se acerca la hora de la abdicación o muerte del actual monarca.

Mohammed bin Salman ha sido presentado en las cancillerías y los medios occidentales como un político joven, que pretende modernizar el país, dotar a las mujeres de derechos y eliminar del wahabismo como religión de estado, pero que en realidad encubre a un político violento y poco reflexivo que ha llevado al país a dos catástrofes, una militar como la agresión a Yemen y otra diplomática como es el bloqueo a Qatar.

Si las anteriores aventuras de Mohammed Bin Salman han conseguido que Yemen sea el Vietnam saudí y Qatar acabase basculando hacia el bloque iraní, en esta ocasión el príncipe heredero del trono de los Saud estaría pretendiendo desestabilizar Líbano para neutralizar política o militarmente a Hizbullah, como paso previo al ansiado ataque a Irán.

Esta vez cuenta para sus planes con el apoyo de sus aliados, como son Israel y Estados Unidos en vez de satélites propios como fueron los países del Consejo de Cooperación del Golfo para el caso qatarí y diversos países árabes y musulmanes que necesitan del dinero saudí para cuadrar cuentas en la agresión militar a Yemen.

El plan ideado para neutralizar a Hizbullah descansaría sobre tres patas; la presión diplomática estadounidense que se encargaría de aprobar sanciones económicas contra dirigentes del partido-milicia libanes, la desestabilización política a cargo de Arabia al forzar la dimisión de Hariri volviendo a dejar al país sin gobierno a no ser que aceptasen como primer ministro a un candidato propuesto por Riad más refractario a gobernar con Hizbullah, y por último la amenaza de intervención militar a cargo de Israel.

Como argumento-excusa que motivase el viaje a Riad y la dimisión de Hariri, la televisión saudí Al Arabiya anunció que los servicios secretos libanes había descubierto un complot para asesinar al primer ministro, sin embargo el plan diseñado para desestabilizar el Líbano y neutralizar a Hizbullah insospechadamente se vino abajo, convirtiéndose dicha dimisión, para el común libanes, en la toma del mandatario como rehén por los Saud.

Pese a su pequeño tamaño, Líbano es una pieza clave de la guerra soterrada que mantienen Irán y Arabia en la región y ante la percepción por parte de las instituciones libanesas de que Arabia pretendía usarle de peón de una partida más grande a costa de volver a dejar ingobernable el país de nuevo desbarataron el plan.

En un momento sin precedentes en la historia reciente del país, diferentes facciones remaron en la misma dirección y así el presidente Aoun se negó a aceptar la dimisión de Hariri a no ser que la hiciese en persona, Hizbullah, en boca de su líder Hasan Nasrrallah, evitó caer en las provocaciones saudíes e israelíes y dio su apoyo a su sempiterno rival político pidiendo su liberación y los servicios secretos libaneses, dominados por gente próxima a Riad, negaron la existencia de ningún complot para asesinar a Hariri

En los próximos días podrá verse si el complot ha sido abortado y Hariri se desdice de su dimisión una vez esté en Beirut y prosigue con el plan que le sugiere Riad, ya que no olvidemos que debe una colosal cantidad de dinero a la familia real saudí, o el plan diseñado por Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí sigue adelante, aún sin prácticamente apoyos en el Líbano.

Esta tercera opción, probablemente pasaría por una operación militar que implicase el uso  tropas árabes y/o el ejército israelí para enfrentarse a la milicia del partido libanes, en un enfrentamiento en el que la segunda tendría el apoyo los cristianos del país, otras minorías religiosas y probablemente una parte sustancial del Ejército libanés.

Además, Hizbullah ya no es la misma que se enfrentó a Israel en el sur del país años atrás, sino que la experiencia militar adquirida en seis años de guerra en Siria la han trasformado en la mejor infantería ligera de la región y su arsenal ha crecido de forma exponencial con armas modernas de todos tipo incluyendo misiles, por lo que un enfrentamiento con Israel sería más parejo que en la anterior ocasión.

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