De imposiciones (I): si te dejan mear en el casco de un policía, no te obligan a hacerlo

Hay una ley en el Reino Unido que establece que una mujer embarazada puede orinar donde quiera. Incluso en el casco de un policía. Pero no consta que nadie te obligue a hacerlo.
CASCOBOBBY

FIRMA: ALBERTUIT    |

Hay una ley en el Reino Unido que establece que una mujer embarazada puede orinar donde quiera. Le permite, incluso, hacerlo en el casco de un policía. Esta ley es totalmente real. Si estás embarazada, puedes mear en el caso de un policía. Pero no consta que nadie te obligue a hacerlo.

Incluso en el Código Civil español hay tonterías de este tipo. El artículo 612 del texto de 1889, asentado en octubre de 2015 (anteayer), establece que puedes entrar en la finca de tu vecino si es para perseguir un enjambre de abejas; y también que el vecino puede quedarse tus abejas si no las persigues durante dos días. No hay noticia de que hayan multado a Antonio, de Cieza, que pasó tres cojones de sus abejas cuando éstas se escaparon; o que Pepe, su vecino, haya recibido una sanción por no quedarse con insectos que a un amigo mío le han salvado la vida.

destacadoimposicionComo se ve, incluso en las leyes más estúpidas está clara la diferencia entre permitir y obligar. Nadie obliga a lo permitido. Pero aquí, el problema de la estupidez no reside en las leyes, sino en la interpretación de las mismas. Y la neolengua de UPN convierte en “imposición” lo que por ley es, simplemente, “permitir”. Por ejemplo, con la ikurriña.

En el futuro, se va a permitir que una corporación, que representa a la ciudadanía de un municipio, decida qué banderas representan a la ciudadanía de ese mismo municipio. Lo que viene a ser una decisión política. Y la ley navarra permitirá que se tome y ejecute esa decisión. Ya está.

Lo de imponer la ikurriña, con Barkos clavando mástiles bicrucíferos por doquier, es un juego dialéctico, una demagogia, un bulo, una exageración, una boutade. Que, por cierto, son excesos que están permitidas; pero, como nadie me obliga a hacerlos, me quedo con permitir que se permitan. Que decida cada cuál con qué bulo, demagogia o chorrada tira por el retrete la poca credibilidad que le quede. Y cada palo que aguante su vela. O su bandera.

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