La desigualdad, espoleta de los motines en Costa de Marfil (Un artículo de Cierzo Bardenero)

Poco dinero queda en el país y repartidos en pocas manos, por lo que con el dinero restante hay que pagar las estructuras de Estado, entrando en una dinámica de si satisfaces las reclamaciones de los funcionarios, no satisfaces las de los pensionistas, parados, estudiantes o la de los militares
Costa de Marfil

Firma: Cierzo Bardenero

Desde hace una semana, miles de soldados, antiguos miembros de la milicias que llevaron al poder al actual presidente Outtara, se han amotinado reclamando el pago unas primas acordadas con el gobierno pero que no llegan a hacerse efectiva.

Este motín no es el primero del año, ya que se han sucedido varios en los últimos meses, resueltos siempre con promesas de pago que nunca se acaban de cumplir por parte del gobierno pese a la mediación de países occidentales.

Costa de Marfil parecía haber encontrado la estabilidad con el presidente Alassane Ouattara tras dos décadas de turbulencias en país, tras la muerte del hombre que les llevó a la independencia, Felix Houphouët-Boigny, acontecida en 1993

Lejos parecían quedar los días en el que el principio de ivorité o marfilidad dejaron sin nacionalidad, y por ende sin empleo, a una parte sustancial de la población originaria del norte y oeste del país, dando lugar a innumerables amagos de Golpes de Estado y, finalmente, a una guerra civil en 2002 o el nuevo conflicto armado en 2011 provocado por la negativa de abandonar el poder de Laurent Gbagbo, tras perder las presidenciales de 2010 ante el actual presidente Alassane Ouattara.

Desde el acceso al poder de Ouattara, el país entró en relativa calma y la economía comenzó a mejorar en sus datos macroeconómicos lo que le permitió repetir mandato tras las elecciones presidenciales de 2015, en las que obtuvo un 83% de votos no siendo necesaria segunda vuelta.

Pero tras esos magníficos datos, en Costa de Marfil se escondía otra realidad paralela que ha estallado a lo largo de 2016 y 2017 a través de una serie de protestas de  obreros, estudiantes y funcionarios que desembocaron en la primera huelga general del país y  repetidos motines de militares que en 2011 componían la milicia que lo llevo al poder.

Medidas como retrasar la jubilación hasta los 65 años, bajar sustancialmente las pensiones y el retrasar el pago de pluses y complementos han terminado por hartar a amplias capas de la sociedad que ven como la brecha entre ricos y pobres se amplia y que cada vez más miebros de las clases medias caen en la pobreza tras aplicarse las recetas del Banco Mundial o el FMI, del que Ouattara fue funcionario.

La desesperación está cundiendo en un país que además tiene que afrontar otros retos derivados de la forma de crecimiento económico, como son la deforestación de amplias zonas de Costa de Marfil para poder crear latifundios dedicados a la plantación intensiva de cacao y otros productos exportables a Europa y que son la base de la economía desde la independencia, o la contaminación provocada por el uso masivo de productos químicos para fumigación

Lo que prometía ser una presidencia tranquila de Outtara, a tenor del avasallador resultado de las presidenciales de 2015, se está complicando desde los inicios y tiene pocas perspectivas de mejorar de cara a futuro, ya que pese a que Costa de Marfil es una de las grandes potencias económicas del norte de África, los mayores beneficios los obtienen inversores provenientes de Marruecos, Francia, Reino Unido o una reducida capa de la población del país.

Poco dinero queda en el país y repartidos en pocas manos, por lo que con el dinero restante hay que pagar las estructuras de Estado, entrando en una dinámica de si satisfaces las reclamaciones de los funcionarios, no satisfaces las de los pensionistas, parados, estudiantes o la de los militares.

La tropa que se ha amotinado fueron los hombres que le empujaron a principios de esta década para llegar a la presidencia, muchos son de su tierra de origen, el norte del país, de su misma religión y también discriminados en los años 90 por no ser marfileños puros al no poder demostrar el lugar de origen de sus padres.

Si Ouattara no cede ante los militares amotinados puede perder el apoyo de estos y pasar a depender de la parte del ejército que apoyó a Laurent Gbagbo para poder mantenerse en el gobierno y si cede el resto de colectivos se sentirán agraviados por lo que las protestas se podrían trasladar al resto de la sociedad marfileña.

Acepte Ouattara las presiones de los amotinados o no la situación en el país tiene visos de enrarecerse en un futuro próximo en una zona de África donde sus vecinos del norte y lugar de origen del 25% de la población como son Mali y Burkina Faso, están pasando momentos de fuerte inestabilidad, sobre todo en Mali.

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