La evolución del matriarcalismo y el patriarcalismo en Navarra

"En el matriarcalismo es la costumbre la que brota como norma mientras que en el patriarcalismo es la ley de unos sobre otros la que se eleva a norma"
Cuadro de “Júpiter y Tetis”, de Jean Auguste Dominique Ingres (1811).
Cuadro de “Júpiter y Tetis”, de Jean Auguste Dominique Ingres (1811).

Firma: Eneko Abal

Si nos acercarnos a las problemáticas sistémicas de hoy veremos que el previsto colapso está en ciernes y que ya ha empezado a percibirse. Conceptos como desigualdad, peak oil, decrecimiento o reparto de la riqueza comienzan por fin a verse en medios de comunicación tras años de ninguneo y desprestigio a quienes llevaban estas teorías humanas en su frontispicio. Sorprende la velocidad con la que han pasado a primera plana toda la serie de estudios e investigaciones legales, geológicas o energéticas del sistema socio-económico que ahora impera de forma salvaje.

En esta nueva forma de acercarse a la historia de la humanidad no está de más hacer un aporte sobre la evolución del propio sistema hasta nuestros días y más concretamente en Navarra, que está señalada reiteradamente a través de la hipótesis de Ortiz-Osés en el siglo XX, “El matriarcalismo vasco”. Una hipótesis que inevitablemente motiva una confrontación con el sistema humano actual (lo llaman Capitalismo salvaje) y que desprende algunas conclusiones interesantes sobre la evolución del patriarcalismo.

Y no, el patriarcalismo y el matriarcalismo no son sólo una cuestión de género. Más bien son dos formas de vivir en sociedad, algo así como dos tipos de “civilizaciones”. Actualmente solo vemos empirismo o racionalismo en nuestro día a día (y hay quien hablaría también de hermenéutica o fenomenológica) pero ambas proceden de la Revolución Francesa y ésta a su vez es consecuencia de unos hechos anteriores. Todos estos hechos decantan de forma resumida siete puntos de inflexión antes de la llegada del capitalismo contemporáneo al Pirineo occidental.

En la sociedad navarra en su pasado matriarcalista, si todos los días ibas a recoger agua a la fuente de Iturrama, era de recibo que al paso de un tiempo esa costumbre de ir a la fuente fuese reconocida en un papel. Así se redactaban los fueros. Se recogían costumbres sociales de las comunidades y se juntaban una a una para formar ese Fuero. En el otro sistema, el que llega a hoy en forma de Capitalismo, si unos representantes deciden ejecutar una Orden, una Ley, lo hacen sin ningún problema, de hecho hacer leyes fue siempre eso: redactarlas, aprobarlas y ejecutarlas. En el matriarcalismo es la costumbre la que brota como norma mientras que en el patriarcalismo es la ley de unos sobre otros la que se eleva a norma. Y se ejecuta. Sea cual sea el parecer de su sociedad. Costumbre frente a Ley. Lo asuntivo frente a lo agresivo.

Esta y otras diferencias entre ambos sistemas hoy se ven muy nítidas pero en su momento eran variantes a las que pocas sociedades supieron resistir. Y tuvo que haber un momento primero en que la percepción de esas variaciones fuera problemática, un momento en el que todo el sistema y todos sus segmentos fueran matriarcalistas y en el que la irrupción de semejante contradicción provocara alguna revuelta. Ese primer momento (y casi literalmente) fue el día en el que aparecieron las vías de comunicación pavimentadas, estructuradas, “ordenadas” a órdenes de otros. Unos caminos que se construyeron por la fuerza y que establecieron de forma permanente un carácter agresivo al implantar directrices sociales, órdenes. Era la denominada lex romana, la ley, la primera forma reconocida del patriarcalismo que aparecía para establecerse sobre la zona.

El segundo momento de cambio apreciable fue en la época imperial sobre esas vías con Augusto, Trajano o Marco Aurelio. En este punto de inflexión ocurrieron los primeros intercambios y renuncias culturales en comportamiento, bien por propia voluntad o bien por obligación. Es la época en la que se estrenó la afamada y mil veces copiada táctica romana de embelesar o exterminar a las culturas indígenas según su resistencia. El tercer momento de la evolución del patriarcalismo en estas tierras navarras fue el colapso de Roma, que es cuando brotaban y se reivindicaban los pueblos europeos que habían logrado sobrevivir al Imperio. En este brote y en Navarra también hubo sociedades anteriores al reino de Pamplona como los ducados pirenaicos de la Novempopulania o los araquelitani.

El siguiente es el estadio de Enneco Enneconis en los siglos de la cultura arábiga. Hoy ya sabemos que hubo otras personas antes que estas pero se nos trasladaba que Enneco era “el primer rey de Navarra”. Lo que sí es cierto es que tras su muerte y la de sus progenitores la sociedad comenzaría una primera época que podríamos calificar de reforma vistos ejemplos como los del cambio de apelativo “eneko” y “oneka”  de sus dirigentes por el de “rey” y “reina” que iban a reivindicar.

El quinto es el escenario de las décadas anteriores a la Batalla de las Navas de Tolosa en el siglo XII. La Iglesia y algunos reyes europeos estaban empeñados en señalar a los dirigentes como duques en lugar de reyes, algo para lo que Ramírez el Restaurador y Sancho el Sabio realizaron reformas sociales durante décadas. El sexto punto de inflexión es el proceso de conquista llevado a cabo por los reyes Isabel y Fernando, concluido con el derrumbamiento de muchísimas fortalezas y archivos históricos antiquísimos en Navarra y en todas las colonias donde se abrió paso su sistema patriarcalista. Era época de copiar las famosas tácticas romanas.

Y por último el siglo XVII y sus nefastas consecuencias para las culturas que no fueran patriarcalistas: la Revolución Francesa y sus herederas industriales. Fue la entrada en la psique humana del Racionalismo y las demás directrices filosóficas impuestas por los reyes absolutistas y que repercutiría desde entonces en la idea de organización social. El patriarcalismo quedaba desfasado y surgieron dentro de sí ideologías de todo tipo que ampliaron su influencia a todos los segmentos que el patriarcalismo básico no había conseguido fagocitar.

Tras la estandarización del pensamiento “racional” y la explosión ideológica industrial aparecieron en el siglo XIX otras ideologías particulares que como base fundamental defendían rasgos de otra cultura. Se denominaron nacionalismos por aquello de defender la nación y, en esta sociedad pirenaica, apareció uno que defendía (defiende) su cultura matriarcalista dentro de un sistema patriarcalista: el autodenominado “nacionalismo vasco” (como máximo exponente junto al carlismo en la defensa de este zonal europeo). Esta ideología tiene interiorizado un elemento indispensable de su ideología, la ikurriña, que también es necesario traer como ejemplo de esta guerra ancestral. Que ¿qué tiene que ver la ikurriña con Navarra? Realmente la respuesta es “todo” porque trataban de enarbolar un nuevo símbolo que sirviera para unir a la sociedad de entonces, aunque es una respuesta que en tiempos de percepciones sesgadas queda llamativa y es necesario pormenorizar.

Los rasgos de la cultura matriarcalista aún se podían ver en algunas zonas, así que ¿por qué alguien querría proyectar una nueva simbología?. Porque el matriarcalismo estaba en extinción tras siglos de mazazos patriarcalistas. ¿Por qué lo extinguían?. Porque el patriarcalismo había actuado de forma genocida con otros sistemas sociales durante siglos, desde la Inquisición a los absolutismos y colonialismos. El patriarcalismo y sus racionalismos llegaban a la cota de monopolio y habían perdido la capacidad de convivencia con otra cultura. ¿Fue la única bandera que se creó tras los absolutismos?. No, la bandera oficial de Navarra también fue presentada por personas señaladas como nacionalistas y no nacionalistas. La actual Euskadi tuvo sus banderas anteriores a la ikurriña. Y también el norte pirenaico tiene bandera actual a la vez que recuerda sus estandartes pasados, incluso siendo la zona directamente expuesta a las consecuencias de la Revolución Francesa.

La conclusión es clara entonces: de no ser por los nacionalismos no tendríamos el mismo conocimiento de nuestra propia evolución social y la humanidad seguiría obnubilada con una historiografía de parte. Aunque también es necesario subrayar que resulta llamativo que el recorrido del matriarcalismo deje como único exponente navarro una ideología que es parte de los racionalismos y como tal es parte del patriarcalismo.

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