La loteria de la vida (Un artículo de Juan Arconada)

Firma: Juan Arconada* Solía decir bromeando que Ainhoa no jugaba a la lotería porque bastante suerte había tenido ya con cruzarse en mi camino. En el fondo soy plenamente...
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Firma: Juan Arconada*

Solía decir bromeando que Ainhoa no jugaba a la lotería porque bastante suerte había tenido ya con cruzarse en mi camino. En el fondo soy plenamente consciente de que es al revés y que soy yo el afortunado. Tampoco suelo jugar a la lotería más allá de la de Navidad: algunos compromisos centrando mis esfuerzos en la de Ademna y en la del trabajo. En ambos casos mi entorno más cercano estaría servido y no tendría que dar muchas vueltas a la cabeza en un reparto del premio. De un tiempo a esta parte, desde el comienzo de la crisis, se suele decir -y no les falta razón- que el mejor premio que te puede tocar es la nómina de cada mes en tu empresa.

Muy esporádicamente compro algún boleto de la ONCE soñando con esos 20 años a 5.000 € del ala mensuales que suelen anunciar ya que esa si que es una buena nómina sin madrugar. Ya no necesito ser dignificado por mi trabajo. Otra cosa bien distinta es cuando salen a la luz las probabilidades de ser premiado ya que se te quitan las ganas de jugar.

Pues bien, siguiendo con las estadísticas, la esclerosis múltiple afecta más o menos a una persona de cada mil. No es fácil que te toque. Miras en tu barrio y hay unas 999 personas que no tienen esa enfermedad y de repente apareces tú. Como dijo  Konrad Adenauer -excanciller alemán- “La suerte es una flecha lanzada que hace blanco en quien menos lo espera”

Se considera una enfermedad femenina por aquello de que dos de cada tres personas diagnosticadas son mujeres. Apenas un 10% padece la enfermedad de forma progresiva (no en forma de brotes) que te va incapacitando poco a poco. Con todos estos datos se puede considerar que si eres hombre, las posiblidades de tener esclerosis múltiple en sus formas progresivas son escasas. Pero como dicen que las estadísticas están para romperse -mantra que repite hasta la saciedad la prensa deportiva- ahí aparecemos algún “compañero del metal” y yo.

Como muchas de las enfermedades, la esclerosis múltiple, es una cuestión de azar. Te toca a ti como le podía tocar a cualquiera.  También es una cuestión de azar encontrar un sitio libre donde aparcar el coche. Alguno no debe estar lo suficientemente satisfecho con haber esquivado el “premio” de una enfermedad degenerativa y, por lo visto, quiere compartir sensaciones que tiene una persona con discapacidad al aparcar.

Hace unas semanas, me hiciste andar más que lo que podía y tuve que subir a duras penas con mis bastones la cuesta de los “edificios inteligentes” desde casi las piscinas de Oberena. Tú que puedes caminar sin dificultar -quizá el tener más cara que espalda te dificulte algo la marcha- decidiste que para encargar y recoger la comida en un bar de la calle Goroabe el mejor sitio para dejar tu coche era una plaza reservada para personas con discapacidad. “Solo ha sido un momento” me dijiste. Un momento de un cuarto de hora. Y aunque hubiera sido un minuto, has impedido que una persona necesitada de esa plaza de aparcamiento la utilizara.

Piensa que el que puede andar sin dificultad y tenía que haber hecho algo más esfuerzo buscando una plaza de aparcamiento libre eras tú y no yo. ¿No te das cuenta de que por una cuestión de azar podías haber sido tú el que se encontraba en mis circunstancias y yo en las tuyas? Te aseguro que yo no hubiera ocupado la plaza ni por un segundo como hacen la mayoría de las personas.

Hace un año varios medios de comunicación publicaban mi carta en la que denunciaba a los 136 vecinos que, con una cara de cemento armado, hacían uso fraudulento de las tarjetas de estacionamiento para personas con discapacidad. Parece increíble pero todavía falta mucho por hacer.

Salud para todo el mundo. Incluso para ti.

*Juan Arconada sufre esclerosis múltiple y es miembro de Ademna

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