La piedra de Navarra en los Itinerarios Antoninos (un artículo de Eneko Abal)

El artículo expone el siglo II dC como el punto crítico de Navarra en la entrada a la red de calzadas que fue los Itinerarios Antoninos
piedraPamplonesa

Firma: Eneko Abal

La piedra pamplonesa del siglo II dC está fechada en la misma época de la dinastía Antonina. Fue la de los emperadores que diseñaron los Itinerarios Antoninos, el último registro de la red de calzadas de época romana. Es la propuesta que se desprende si analizamos su edad desde otros prismas, no solo como una estela funeraria del siglo II.

El primer rasgo es el de la propia figura del relieve, un carro con la Luna y el Sol dentro del vehículo. Tirado por las ruedas del tiempo y auspiciado por una tercera rueda en el cielo. Vemos que aparecen dos figuras astronómicas como un mismo tótem, el sol y la luna. El relieve no parece el de una estela funeraria indígena, es un carro en sí mismo, demasiado recto, demasiado evidente que es un carro. No suelen verse así otras piedras y estelas.

Bajo el relieve ya aparecen letras latinas, que son diferentes a las de la moneda de estas zonas peninsulares, en esa misma horquilla temporal. No es mucha vuelta apuntar que fue una piedra con rasgos romanos en suelo indígena. Y que seguramente sería a propósito de los Itinerarios Antoninos, visto el carro y los relieves de Luna y Sol.

Responde en letras latinas con el texto:

SIXTILIVS · SILO · AL

ANTONIA ·  AN · XLVII

SERENVS · FRATER · ET

STRATONICE · SOROR

H  S  S

FESTA · ET RVSTICA

HE  D  S  F  C

Es un texto encontrado en 1895 en el centro de Pamplona con algunos nombres del pasado de Navarra. La lectura clásica dice que es una estela funeraria de “Sextilius” pero su etimología explica mucho más de la Navarra arcaica. La apunta en el siglo de los Itinerarios Antoninos, y eso es mucho. Y hace de aquel momento de la piedra un auténtico hito, porque a su vez señala un aparejado con la nueva jurisdicción, la de la vía, y dice que es sobre otra existente.

Las frases están en pares de dos menos al final, que son 3 líneas. En ellas se aportan rasgos principales de unas comunidades matriarcalistas . No es exagerado, no es repetitivo, no es un deje filosófico. Es descriptivo, y hay que decirlo más. Porque no es lo mismo mirar la piedra con ojos patriarcalistas de hoy que hacerlo con los de su propia comunidad, para reconocerle su sistema y presencia matriarcalista.

Bien mirada, esta piedra del Itinerario es un elemento estructural viario del norte de Pamplona que propone una reflexión sobre los nombres Sixtilius, Antonia, Serenus y Stratonice. Puede que sea una estela funeraria de una persona de 47 años, sí, pero entonces ese tótem del Sol y la Luna apuntaría algo así como lo uno y lo otro de un todo, la noche y el día. Propone un dibujo del paso de la trifuncionalidad indoeuropea a una dualidad como la de Cibeles y Atis. Una acción de tres que se hicieron dos, llevando el viejo todo de tres hacia un dos de Luna y Sol.

La primera parte de este aporte viene por la Luna y el Sol, la segunda hace referencia a su inscripción como miliarum estructural de la geografía. No uno cualquiera, uno inicial, una forma de señal arcaica de mapa y guía, con el tótem de la Luna y el Sol nuevos, y las tres ruedas que pasan al tiempo. Pudo ser una piedra-señal de características viarias, y con un texto que va adquiriendo significado al acompañarlo de lo visto en el tótem subido al carro.

Antonia es la huella de una palabra extraordinaria de la edad antigua natural. Segmenta como an y tono, an-tono. La segmentación deja ver toni con cercanía a tani en Aquitania o de los araquelitani de Plinio en el Ebro. La etimología de tani y toni apunta como pariente de tono, la puerta de un lado, el árbol puerta de la muerte también. Relacionada con los árboles robles, con un significado de hoy como “el árbol de la extensión”, “del estiramiento”, en latín tonus. Aparece en variantes tano, tani, tono o toni, aunque se ve también en el sar arcaico del euskara actual. Fueron lugares como Sajrat Qais, la fortaleza pirenaica que impresionó a los árabes. El acceso difícil de Orarregi, sargaitz.

No queda ahí el nombre, la otra acepción de tanos y tani es literalmente una “piedra preciosa”, “única”. Serenus señala a un antecesor de Enneco y a Stratonice de Onneca. Enea y gunea, la casa y el espacio. Las raíces ser y strato aparecen en Serenus y Stratonice. Stratonice viene de sterno, que es donde sale stratus, una parte del sterno. Sterno es una cubierta, una extensión, un ensanchamiento, y ser es un verbo controvertido en estos términos. Complicado de traer sin una buena ampliación, porque indica una parte de la antigua Navarra, ser es el verbo seer, del latín sedere.

Con sedere se llegó al hablado romance essere, por ejemplo. Su raíz esse apunta sin muchas dudas a comunidades ese essea, como la de Ejea de los Caballeros. Las etimologías desprenden un buen puñado de reflexiones pero la estructural, la última, dice que hemos sido muy patriarcalistas si no señalábamos el completo del contexto, también con Festa y Rustica. No tanto por la etimología sino por lo que comportan sobre una fiesta blanca y roja de “San Fermin”. En ella el carácter sigue presente, fue y sigue siendo – aunque ese es otro tema, el de ser y existir –.

Hoy celebramos sanfermin y lo llamamos La Fiesta porque así lo escuchó un premio novel. Sanfermin es la herencia de una Festa, un rito ancestral de ésta geografía asociado a otro, Festa y Rustica. Actualmente con tanto consumo no distinguimos que el acto de comer era una fiesta en la antigüedad, Festa, y que se trabajaba el campo para hacerlo, Rustica. Éste hecho en sí mismo se ve en la piedra: la percepción anterior de Navarra frente a la linealidad del carro actual. O dicho estrictamente, la piedra dice que la cíclica del devenir y la trifuncionalidad desaparece y se inaugura la linealidad del tiempo, del ser de dos partes, con la Luna y el Sol.

 

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