La universalidad del patriarcalismo (Un artículo de Eneko Abal)

Tristemente, este es un aporte con reflexiones y palabras que al quitar la filosofía de la escuela suenan incomprensibles e inasumibles
Óleo sobre lienzo, “Huyendo de la crítica” de Pere Borrell del Caso
Óleo sobre lienzo, “Huyendo de la crítica” de Pere Borrell del Caso

Firma: Eneko Abal

Iba a terminar este invierno con un artículo sobre la “universalidad”. Había preparado un texto a propósito del 800 cumpleaños de la Universidad de Salamanca que pintaba bien sobre el calendario para argumentar cómo la universidad ha perpetuado hasta hoy una metodología no del todo óptima.

Añadía cómo es hoy criticada desde sus entrañas y han salido nuevas ligüísticas, nuevos medievalismos o nuevas sociologías. También en Salamanca. Y eso con el trasfondo particular del estudio de Navarra y de como influyó en su conocimiento histórico, que es a lo que vengo aquí en resumida cuenta.

Un compañero de algunas reivindicaciones y tracas me señaló lo interesante que era el cómo llegaba a la etimología de nava o a Cibeles, no tanto al qué. Que también. Me insistía en lo raro del cómo, le resultaba casi divertido si era como se lo contaba. Siempre le digo que es más disfrutar que divertirse, pero ese es otro tema. Hablábamos sobre nuestras cosas hasta que dijo que en 2018 se cumple el octavo centenario de la Universidad de Salamanca.

Justo después, como buenos navarros, nos acordamos de Palencia y de que la suya era realmente la primera universidad de la península, que hay quien cree que es la de Salamanca. – Unos crean la fama y otros se la llevan, dijimos. – Como en el vino, aquí la costumbre y allá la denominación. Ha sido tanto el ninguneo sobre Navarra que da hasta para postillas graciosas, entiéndannos. El caso es que me propuse en esos días que esta nota reflexiva antes de la Liberalia y sus nuevos informes fuera sobre el universalismo pero, vistas las fechas, con tiempo, hay más que introducir, cabe más.

El universalismo es esa tendencia a hacerlo todo igual, generalizarlo, globalizarlo. A priori es bueno, puede parecerlo, pero tiene algunas contrapartidas muy negativas. Una de ellas es con la historia de Navarra. Si, también mi compañero reaccionaba con estupor cuando lo oía tan claro. Puede resumirse que el universalismo ha hecho desaparecer muchas zonas de la historia hasta hoy y una fue ésta.

Es de perogrullo decir que siempre habrá momentos históricos muy conocidos y otros sin conocerse, y que de eso no tienen responsabilidad ni la ciencia ni la universidad ni el método. El método a fin de cuentas es eso: descubrir poco a poco. Así que es ilógico criticar nada de una metodología cuando la historia es ir estudiándola para ir conociéndola. Siempre habrá un después con un nuevo estudio que arroje nuevas y más empíricas conclusiones, más científicas. Es evidente. Solo que hay un problema con Navarra. Un problema que sí hace mirar al método. Porque Navarra como el Perú no fueron olvidadas, fueron voluntariamente desaparecidas hasta en sus rastros. Y ahí sí, el universalismo tiene mucho que ver.

Uniformar un método y una misma percepción hizo que se estudiara igual a Roma que a Navarra por ejemplo. Hasta el siglo XX se han estudiado los rastros a través de los mismos autores clásicos, siempre. Autores que de inicio guían la percepción y al hacerlo queda perpetuada en el mismo método. Lo impregna de metodología. Puede parecer redundante pero no: es casi la misma deontología desde hace 2000 años. La educación es testigo de ello. La metáfora casi perfecta, con sus clases arcaicas y su alumnado educado por igual, sea hiperactivo o pasivo. Eso es la universalidad: la igualdad formal.

Pero hace bien poco se ha reivindicado igualdad un 8 de marzo, y lo que en teoría parece que se quiere es equidad. Digo esto porque a no ser que se quiera más igualdad formal, que vemos no es el caso, ese error de percepción huele mucho a centenario. No puede ser nuevo. Porque tenemos claro que hoy se exige respeto, equidad.

Entonces, ¿quién ha confundido las palabras? ¿Por qué? Confundir las palabras hace confundirse en el método. Y con el método cae la propia reivindicación tarde o temprano. Y esto lo sabe muy bien el sistema contra el que nos manifestamos. Y lo sabe utilizar, tiene herramientas que van guiando cómo confundirnos y dónde. En qué palabra o a qué hora. Es pura sociología aplicada. Hasta los partidos políticos tienen su órgano tramitador de esa estrategia. Confundir es algo que se sabe hacer y es común hacerlo. Está bien visto.

Las reivindicaciones de estos meses han hecho que caigan muchas caretas. Hasta ha habido algún desnudo involuntario de esos que se viralizan en la representación política. A más manifestaciones surgen más contradicciones que hace caer más caretas. Sin embargo es extraño ver que se va por partes y sin un objetivo concreto. Solo reformas y palabras de clase en un planeta que va camino del “especismo” y la totalidad. Y eso es otra contradicción. Vaya hartura.

Ya no solo es por el universalismo, ni es por el octavo centenario o por el cómo de la percepción de Navarra, es que la sociedad está siendo muy engañada con el mismo método de siempre: la contradicción. Y si, en Navarra de esto sabemos muy bien. Es un paseo, algún debate, puede que alguna rueda de prensa y cuatro programas en los medios. Al final para que el patriarcalismo, que es estructural, que es sistémico, siga existiendo de forma más refinada.

Casi nadie está planteando cambiar el orden patriarcal de la estructura social (como se dice con palabras de clase). El sistema. Solo vamos a por una de sus partes. Olvidamos que su base es la secularidad, el orden, la universalidad de ese orden, y entonces no atendemos a las señales. No atendemos al problema de su esencia culturalista, no atendemos a su agresiva forma de dividir en sexos, culturas, religiones, países o economías. Rediez, se divide hasta por dineros. Es increíble. No vemos la inidentidad que provoca el individualismo (desarraigo) pero sí vemos la complementariedad de “la mujer”. Todo conduce a ella.

A la vez es como si la viéramos a ella pero no en su paisaje. Solo a ella, sin sus causas concretas sin sus principios y causas. Solo sus problemas (que los hay y muy graves). Nos han enseñado a ver así. Solo focalizando. La mujer, en su definición sistémica, podría ser la consecuencia-causa más grande de la inidentidad en la humanidad y se ve perfectamente que es, ha sido un auténtico juguete para el patriarcalismo. Con él nos han manipulado a mujeres y hombres por igual. Y a Ella como víctima. Es muy grave llegar con estas pintas humanas al siglo XXI. Debemos recordárnoslo más. Mucho más.

Hoy tenemos investigadoras de género que atestiguan grandes análisis al respecto. Debiéramos también darles las gracias como auténticas hamas que resultan ser cada día. Ahí sí late algo ajeno al patriarcalismo. Y encima cada una con su dinámica propia. Es precioso ver la dinámica explorando la agresividad patriarcalista, criticando y estudiando desde tantos fondos. Así que da mucho respeto acercarse a un tema tan controvertido, lo confieso. Para hacerlo pongo muy humildemente la palabra matriarcalismo dos veces, sobre el texto y sobre mi solapa. Matriarcalismo.

En el patriarcalismo siempre necesitaremos complementos. O directamente seremos personas-complemento como mujer, como trabajadora, como educadora o como política. Y pasa igual en el otro sexo. No como mujer, claro. Son reflexiones y términos que al quitarlos de las escuelas junto con su asignatura de filosofía suenan a broma o a incomprensión. Es lo que quiere el propio sistema materialista, que no le critiquemos en su naturalidad. Que no veamos las raíces.

Vamos a tratar de entender este manipulado: nos manifestamos para quejar la complementariedad, si, y con eso se quiere cambiar la complementariedad por la omnipotencia. Cambiar la mujer complemento por la mujer que vale para todo, ambivalente. Vale. Pero eso lo hacemos mientras la mujer sigue como centro de un universo de complementos. Eso si no es directamente el complemento de algo. Y al ser la humanidad una división y un complemento de algo esto vuelve a señalar que es el problema es estructural, no solo de género y circunstancial. Y también hay que decirlo más.

El patriarcalismo puso a la mujer mucho peor que al hombre, siempre, es su lógica. La dejó como complemento y ahora directamente la pone de producto. Si. Incluso de consumo. Pero también fue siempre así. En el patriarcalismo siempre fue consumo, producto, complemento y víctima. Es. Más víctima que complemento. Como si fuera una antiquísima ofrenda a la agresividad patriarcal del sistema.

Y no para ahí, no, la sistémica patriarcalista también tiene víctimas en otros segmentos, a sumar en el mercado laboral, en el educativo y en el del espectáculo por ejemplo. Así que, ¿cómo no va a tenerlas en su tótem más preciado? Lo empezamos a ver hoy muy descarado, al sistema, pero seguimos paseando como nos dice él que hagamos. No me digan que no suena irónico.

Todo esto parece ser la consecuencia de universalizar, no puede ser otra causa mucho más lejana. En el fondo universalizar es lo que provocó primero conquistas, luego borrones como los de Navarra, luego testigos universales como los del siglo XVII y, después, la universalización de la inidentidad tecnológica. Ahora somos un bit en el binario, y estamos en la parte que somos 0. La inidentidad. Solo unas pocas personas son 1. Antes de eso fuimos apellidos y mucho antes simples apelativos. Unos apelativos que los daba tu comunidad según el comportamiento dentro de ella.

En la comunidad, para dar ese nombre, se ponían en valor tus labores, tu existencia, añadían algún color o número característico y ya tenías el nombre. Esto implica que esas comunidades no fueron precisamente patriarcalistas hasta hace bien poco (nombre frente a apelativo) lo cual da conclusiones muy amplias y largas. Una sí que puede traerse, además importante. El ser humano no puede existir como un ser independiente con nombre, con apellidos, con número, o con lo que quiera que se invente para mencionarle y quitar su existencia concreta.

Nos hemos manifestado por esa existencia concreta con las pensiones, con la mujer, con los jóvenes o con la deuda, si, pero al mirar con profundidad vemos que ésta de poner nombre a la existencia, dividir con nombre cada segmento, es una de las raíces principales del problema – y son muy pocas –.

De hecho ésta en concreto es una de las partes fundamentales con las que se estudia una lengua en la Universidad de Salamanca por ejemplo. A través de esto de nombrar y de los consiguientes pronombres de una lingüística puede saberse un origen u otro, indoeuropeo o no. Eso tiene que ver mucho con Navarra además. El pronombre, la mezcla de nombre y posesión. Mío, tuyo, suyo. Propiedad privada, es ya lo que faltaba.

La posesión, el nombre y la independencia son en resumida cuenta las características de inidentidad y de esencia del sistema patriarcalista. El nombre frente al apelativo de una responsabilidad en la comunidad. Águila negra por ejemplo. La esencia independiente frente a la existencia concreta que ocurre desde que nacemos (hoy contaminada de complementos). Se puede palpar que por más que este sistema diga que sí, es imposible, no puede ser que el ser humano sea independiente. No nacimos para ello.

De haberlo hecho hubiéramos salido del agua con un caparazón como el de las tortugas, pero no fue así. Tenemos voz y voluntad (conciencia), una madre y un amigo, así que entenderán que la reflexión concluya resumiendo que la sociedad tiene un claro síntoma de contradicciones. El remedio del diagnóstico se suma a los numerosos que señalan una única solución posible: reivindicación general y perpetua. La palabra huelga se queda corta. La totalidad junta. Porque por si no ha quedado definido lo suscribo otra vez: nos están dividiendo en sectores y con ello los esfuerzos que serían posibles.

Manifestarse está muy bien, no reneguemos nunca de ello, pero es contradictorio tratar de femineizar un sistema patriarcalista, que es una de las claves con las que hemos dado en la sociedad. El cambio parece que va por ahí, pero igual es mejor matriarcalizar el sistema después de ponerlo a cero, no antes. Si no sobrevive su esencia. Y los femeninos son unos principios preciosos incluso desde la masculinidad. Quien lo niegue está un poco desnortado como ser humano – muy materializado –.

Muy universalizado frente a la “totalización del sentido” femenina. A través de ahí se ve la raíz, ¿se ve lo siguiente? Avancemos de estadio: es humanamente imposible traer dinámicas matriarcalistas a un sistema que permanece patriarcalista. A lo sumo se refina un poco. O igual sí se puede femineizar algo que es patriarcalista, pero en ello tendríamos que cambiar el universalismo masculinizado, y hacerlo mientras nos manifestamos por universalizar cualidades del matriarcalismo dentro del patriarcalismo. Vaya lío.

Es más óptimo tomar la radical y cambiar la agresividad de la ley por la asuntividad de la comunidad. Que por cierto es algo que empezábamos a interiorizar como sociedad antes de estas semanas – ¿casualidad? –. Y antes de año de elecciones – no puede ser –. En ese panorama hay zonas del planeta que ya han iniciado su cambio biosustentable alejando problemas como éstos. Y las tachan de jaleo, claro, por ir a la base del problema.

Hasta se ha reivindicado repoblar bosques y se practica ahora. Por lo visto es mejor otro paseo para decir que lo que haya que hacer, que nos lo hagan quienes sabemos que no hacen nada. Y que refinen el problema como hacen con el petróleo, para contaminar menos y gastar menos. Pero seguir gastando y contaminando al fin y al cabo. Reformar. Un arte en el siglo XXI. Es esencial actuar y cambiar nuestra propia percepción del total que nos rodea porque pronto nos quedamos sin ese petróleo y llegan nueves y claros. Eso sí que conseguirá un cambio lo queramos o no.

Hay quien augura catástrofes sociales de todo tipo en ese momento de clímax climático, energético, financiero y de movilidad. Si quieren ver mi posición, soy de los que frunce el ceño sólo cuando alguien desconfía de la humanidad y de sus posibilidades. Ahí sí me podrán ver enfadado. No en la conversación crítica. Ésta a lo sumo puede ser irónica, pero no con maldad, eso sería insultar. Y la crítica tiene base, argumento, y puede llegar a transformar. De hecho en la sociedad era una herramienta para ello. Me niego en rotundo a desconfiar del ser humano. Sobre todo si viene con mucha crítica y es tiquismiquis. Eso es que lleva inquietudes dentro.

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