Las claves del ataque a Douma (Un artículo de Cierzo Bardenero)

Firma: Cierzo Bardenero Siria vuelve a estar en medio de un torbellino de incalculables proporciones a causa del enésimo ataque con armas químicas sobre la población civil, esta vez...
Douma

Firma: Cierzo Bardenero

Siria vuelve a estar en medio de un torbellino de incalculables proporciones a causa del enésimo ataque con armas químicas sobre la población civil, esta vez en la localidad de Douma, situada en las afueras de Damasco y en manos de islamistas desde el inicio de la guerra civil que asola el país desde 2011.

El contexto del ataque cuando menos es curioso ya que la ciudad que fue objeto del mismo está radicada en la región de Ghouta, de la provincia de Rift Dimashq o Damasco rural colindante a la capital del país y unos de los últimos focos de resistencia del entorno contra el gobierno de Bashar al Assad.

La misma está cercada por el ejército sirio desde hace varios años y en el interior convivían, no sin dificultad, diferentes grupos rebeldes e islamistas, incluyendo a milicias próximas a Al Qaeda, lo cual motivaba que los enfrentamientos entre las mismas por la primacía y  controlar la redes de contrabando eran cada vez más frecuentes.

Ya en 2018, una vez conjurado el peligro del Estado Islámico al confinarlo en el desierto sirio, la frontera con Israel y un distrito de Damasco y recuperado un tercio de la provincia de Idlib, el ejército sirio decidió que ya era hora de erradicar el cerco de Ghouta desde donde se bombardeaba de forma periódica a los barrios aledaños leales al gobierno de Bashar Al Assad.

Tras un comienzo difícil, con innumerables bajas por ambos lados, el Ejército sirio consiguió romper la línea de defensa islamista y una tras otras fueron cayendo pequeñas localidades rurales del cerco, trasladándose el frente a las afueras de ciudades ampliamente pobladas y objeto de duros combates los años previos.

Ante un panorama difícil por delante por ambas partes, desde el bando gubernamental se ofreció la posibilidad a los diferentes grupos islamistas de abandonar la zona y ser trasladados al lugar que decidiesen en manos de los rebeldes, medida a la que suele recurrir el ejército sirio a fin de retomar una zona ahorrándose bajas en sus filas y al que los milicianos se suelen acoger cuando ven que la resistencia es imposible.

La estrategia de ofrecer a los rebeldes de determinadas localidades clave la posibilidad de coger los famosos autobuses verdes, surtió efecto ante el temor del resto de grupos de verse de repente con el enemigo a sus espaldas y los grupos, que controlaban ciudades dormitorio densamente pobladas de Ghouta, accedieron a trasladarse fuera de la región con la excepción de los de Douma.

La misma, considerada como la capital de la Damasco rebelde estaba controlada desde sus inicios por una milicia islamista conocida como Jaish al Islam o Ejército del Islam, patrocinada por Arabia Saudita y dirigida por Zahram Alloush hasta su muerte ocasionada por un bombardeo de la aviación siria el día de Navidad del 2015.

En ella se encontraban retenidos un número indeterminado de civiles leales al gobierno sirio en condiciones deplorables, siendo utilizados como mano de obra esclava o escudos humanos desde hace años, tras la captura de parte de ellos en una operación rebelde contra la cercana localidad de Adra en diciembre de 2013, en la que además más decapitaron o introdujeron en hornos de pan a varias decenas de civiles pertenecientes a las minorías religiosas alawi, drusa y cristiana.

Ante la insostenibilidad de mantener la plaza, los elementos más posibilistas de Jaish al Islam se avinieron a negociar con el ejército sirio el traslado a otro lugar en manos rebeldes a cambio de la liberación de dichos civiles que ellos mismos cuantificaban en al menos 4.000 pero del que se sospecha que solo viven varios cientos.

Sin embargo, los conflictos internos en Jaish al Islam estallaron cuando el pacto estaba prácticamente cerrado y comenzaron los enfrentamientos entre posibilistas y extremistas dentro del grupo, por lo que el acuerdo fracasó y el ejército comenzó a avanzar sobre la periferia de la ciudad.

Paralelamente, y a miles de kilómetros, Donald Trump anunció su intención de comenzar a retirar tropas de Siria al considerar que el conflicto estaba en vías de solución al haber cumplido su promesa electoral de erradicar al ISIS de Oriente Medio. Sin embargo, esa decisión del presidente estadounidense encontró reticencia dentro del estamento militar y de sus colaboradores más próximos

Y es con una Douma estrechamente cercada por el ejército y en manos de los elementos más radicales de una milicia islamista que aboga por la instauración de un Califato y la eliminación física de chiitas y alawis, cuando tiene lugar el ataque químico causando la muerte a decenas de civiles.

Rápidamente los actores internacionales implicados en el conflicto como Francia o Reino Unido condenan el ataque y el ejército israelí lanza un ataque contra la base de Tiyas, a considerable distancia de Douma y que sirve de dique en el avance del Estado Islámico contra zonas pobladas de Siria, en la cual se encontraban miembros de la Guardia Revolucionaria iraní destinados en Siria para combatir el yihadismo sunnita.

La presión conjunta de Francia, Reino Unido, Israel, Arabia Saudita y halcones del gobierno del Estado Unidos  y el ejército aprovechan la coyuntura para forzar a Donald Trump de desdecirse de la promesa de retirar tropas de la zona e incitarle a realizar una operación militar del alcance en Siria.

Si en un primer momento Trump accede y anuncia de forma grandilocuente las represalias internacionales contra Siria, la amenaza rusa de responder a un ataque contra sus aliados en la región enfrían la escalada al menos momentáneamente, lo que da un breve respiro a la zona.

De las declaración de ayer de Trump sobre que las represalias pueden ser en breve o no y otras declaraciones por parte de Rusia y Turquía se puede intuir que hay negociaciones al más alto nivel entre ambas partes que pueden conducir a una desescalada de los conflictos en la región, o al menos que sea un paréntesis en una guerra que ya entra en su octavo año.

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