A los ayuntamientos de Pamplona-Iruñea no les gustan la barandillas (Una carta de Juan Arconada)

"¿Tanto dinero cuesta una barandilla?¿No piensan en las personas que caminamos con dificultad?"
MULETAS

Firma: Juan Arconada*

Hay enfermedades que van evolucionando de una manera lenta y silenciosa pero de forma incesante. En ocasiones te resulta difícil hacer una valoración del empeoramiento de los síntomas y necesitas establecer hitos que permitan comparar tu estado a lo largo del tiempo. En mi caso, la referencia utilizada son los viajes. Son mi pasión y, a la vez, me permiten medir la evolución de la enfermedad recordando cómo caminaba en una ciudad, cuánto aguantaba, cuándo necesité bastones para caminar o el momento en el que el scooter eléctrico se convirtió en compañero inseparable para ciertos desplazamientos.

En la primavera de 2014 en Estambul caminaba sin ayudas pero, por la noche, llegaba a la habitación sin un paso más en la reserva. En enero de 2015 Milán fue mi último viaje con bastones y en Semana Santa de ese mismo año, en Edimburgo, debuté con mi scooter eléctrico plegable.

Otra forma de establecer el progreso de la enfermedad podrían ser mis cursos en la Escuela de Idiomas (EOI). Tras tres años de inglés, al cursar 4º, llegó un momento en el que no podía llegar de la parada de la villavesa en la cuesta del Labrit a la Escuela situada en la plaza Compañía ni ayudado por un bastón. Ese año llegó el diagnóstico, con todo lo que ello supone, y abandoné los estudios. Un cambio drástico en mis hábitos alimenticios me hicieron mejorar. Volví a la EOI y comencé a estudiar francés. Aprobé los cuatro primeros cursos y acudía en bicicleta, hiciera frío o calor, lluvia o buen tiempo. El último año ya llegaba con dificultad, sobre todo caminando, desde el cercano parking de bicis hasta la puerta de la Escuela.

Tras un año sabático, en cuanto al aprendizaje de idiomas se refiere, comencé a estudiar euskera. Mi empeoramiento físico ya era evidente pero, al contar con tarjeta para aparcar en las plazas reservadas a personas con discapacidad, acudía en coche. El edificio de la EOI ya cuenta con una rampa en uno de los costados para salvar las escaleras. En mi caso, y tras caminar con bastones los casi 300 metros que separan la plaza de aparcamiento más cercana, ya no me quedan pasos para llegar hasta la citada rampa -aunque esté a un par de decenas de metros- y solicité en la web de la EOI la posiblidad de instalar una sencilla barandilla que facilitara el acceso tanto al subir como al bajar esa pequeña escalera.

En menos de 24 horas me contestaron de la EOI diciendo que transmitían al ayuntamiento mi solicitud ya que el edificio es de propiedad municipal. Era en la legislatura anterior e hicieron caso omiso a mi petición. Recientemente volví a dirigirme a la web de la Escuela con el mismo asunto. La respuesta fue igual de rápida y lo trasladaron, de nuevo, al ayuntamiento. En este caso ya eran otras personas las inquilinas del consistorio pero el trato recibido fue el mismo. Yo no soy de los que creen que todos los políticos son iguales, pero en el caso de la barandilla, el comportamiento ha sido el mismo.  Incluso, en esta ocasión, desde ADEMNA (Asociación de Esclerosis Múltiple de Navarra) también se ha solicitado pero hemos vuelto a recibir la callada por respuesta.

¿Tanto dinero cuesta una barandilla? ¿No piensan en las personas que caminamos con dificultad? El mundo de la discapacidad es muy diverso y necesita de una mayor empatía para entenderlo. Me hubiera gustado que, en mi décimo aniversario en la EOI, hubiera podido contar con la dichosa barandilla pero parece que no va a poder ser. Seguramente, el año que viene no iré pero -si deciden colocarla- podrá será utilizada por muchas otras personas. Y me alegraría por ellas.

Con barandilla o sin ella, como dice un proverbio chino: “Aprender un idioma es tener una ventana más desde la que observar el mundo”

*-Juan Arconada es miembro de la Asociación de Esclerosis Múltiple de Navarra (Ademna)

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