Los colores de Navarra son indoeuropeos (un artículo de Eneko Abal)

Resumen de los hitos principales del escudo de Navarra recogidos en los informes sobre la toponimia aracelitani
Imagen de la grada norte del recinto del taurobolio en Corella en la NA-6810. Foto: EAP
Imagen de la grada norte del recinto del taurobolio en Corella en la NA-6810. Foto: EAP

Firma: Eneko Abal

Así como Europa tuvo un pasado medieval con tres estadios sociales reconocidos como oratores, laboratores y bellatores también hubo antes de esa historia otra. Se llama prehistoria precisamente por ser anterior al momento en que se escriben los hechos. En ese pasado hubo unas comunidades y unos lugares de carácter indígena que no sobrevivieron o sí lo hicieron según fue su resistencia a la civilización del imperio de Roma. Aquellas sociedades pintan indoeuropeas en el mayor número de casos, incluido el navarro, y como tales es de recibo acercarles su pasado indo, ese que llegó con la agricultura en el año 1000 aC y, en ello, trajo los instrumentos y herramientas que facilitaron invernar en la misma zona que se cultivaba. Fue la llegada de la agricultura pero también la estandarización y el monopolio posterior de la estática de Roma frente a la dinámica nómada arcaica.

La dinámica nómada dejó en toda Europa lo que hoy llamamos comunidades indoeuropeas. Las imaginamos como en la actualidad, estáticas, paradas en el mismo sitio, pero en ese tiempo y desnudada esa percepción, ni estaban en un territorio estático ni las clases sociales eran tres, que es lo que concierne a este aporte. Fueron cuatro. Este número conformaba unas clases sociales que todavía hoy se denominan “colores” en algunos países de Asia, una preciosa forma para denominar lo que son ya el recuerdo de los brahmanes, que eran los sacerdotes, los vaisya para los productores en general, y los ksattriya o rathaestar para los guerreros. Parecen tres como en el medievo pero eran cuatro, porque ésta última clase social guerrera fue realmente dos: las personas que saben (magia para la historiografía) y las que van a caballo.

En la India védica a estas clases se les llama directamente “colores” o varna pero, para más contexto de esto que hablamos, en Irán la palabra “oficio” tiene la misma etimología de “color”: pistra. En suma son las referencias de “oficio”, “clase social” y “color” en una misma etimología, muy en boga por cierto, pero ciñéndonos a nuestro comentario, la clase social guerrera (bellatores en el medievo) estaba formada por personas que dirigían manadas de animales pero también por las que controlaban la mecánica de la agricultura, guerreros de caballo o guerreros de conocimiento.

Una sociedad de colores se distinguía por el tocado de su ropa, desde la capucha hasta los zapatos. Miguel Requena en “Las representaciones colectivas de los pueblos indoeuropeos” las acerca con esta información y otras, con el color blanco para sacerdotes, el rojo para guerreros y azul para productores. Sobre esto no puede pasar desapercibido que estos colores de este pasado no solo resultan familiares por la cromática sino también en la lingüística, donde se puede observar un parentesco de raíces etimológicas como castra en latino, castilla en época arábigo-romance y ksattriya en la sociedad de colores. Ni qué decir tiene que la moneda barscones también tuvo una serie impresa como brascones, o que tenemos todavía hoy las murallas de Rada a la vista. El parecido decanta más bien una evolución, un cambio de percepción que se ve reflejado en estas palabras de mismo origen.

El color rojo de Navarra es de raíz indoeuropea

Este aporte sobre el 1000 aC deja en Navarra un nexo entre el pasado histórico que no conocíamos con el que sí conocemos. Concretamente en su escudo medieval rojo, que no solo sería una orientación guerrera y educativa relacionada con la sociedad de colores sino que también señala el carácter navicularii de la época romana. De alguna manera podemos acercarnos al antes del medievo a través del propio escudo que diseñaron en los siglos medievales. Porque no solo el rojo lo señala, se completa con las naves de los navicularii en forma de nudos igual que ataron los elementos de carruajes y naves. Esos nudos y cuerdas aparecen en el escudo oficial medieval en forma de carbunclo pomelado para la heráldica. En total y dicho coloquialmente, fue un fondo rojo con nudos sobre cuerdas que protegen un interior verde, y es un verde que apunta al verde musker de la etimología histórica de la Bárdena Real.

Musker fue la palabra del viejo euskara para denominar el color verde, y la Bárdena fue en ese tiempo descrita como Muscaria, una geografía que solo describió Ptolomeo en el siglo II dC. Ptolomeo es además el autor más empírico de todos los clásicos, así que es bastante probable que conociera la peculiar falta de información sobre la Bárdena en los mapas anteriores a él. En ese caso está dando referencias intrínsecas en la propia palabra muscaria mucho más allá de coordenadas, también con su nombre. Nos dirige al verde pero también a la Cara romana que fue Santa Cara, muscaria parece una descripción de un ámbito geográfico y verde.

Los colores resultan de un origen anterior a Roma y es claro que no solo las legiones imperiales vistieron el rojo militar o que la ciudad-capital fuera la única en llevar togas y stolas blancas. Históricamente el Imperio Romano fue más bien un inicio de globalizaciones, no tanto un origen – el disparadero del materialismo que conocemos hoy –. Aunque Roma también tuvo raíces etruscas o sicilianas antes de ser el imperio que rompió en el medievo. Su globalización comenzó cuando el oráculo de Apolo de la península Itálica aconsejó adoptar a Cibeles en Roma, en 205 aC.

Roma quería universalizarlo todo porque esa es la idea etimológica de imperar: hacerlo todo desde la misma percepción. Entonces la humanidad se redujo a tres básicamente, desde los órdenes sociales hasta la sexualidad, pasando por la percepción matemática de medida, que también fue estandarizada. En esa universalización y orden que exigía llegar a imperio, Roma asoció el color rojo también con las comunidades navicularii, porque eran las personas de los cargamentos, destacamentos y naves en general.

La toponimia de los Montes del Cierzo describe un lugar de paso antiquísimo

Las comunidades navicularii eran las que viajaban por las vías romanas, seguramente las comunidades arcaicas, antiguas, nómadas, más adaptadas al sistema romano por la evidente forma de vida en desplazamiento. Como tales navicularii debían tener un lugar familiar, una zona de reunión, encuentro y descanso entre iguales. Una geografía característica donde asentarse estacionalmente en invierno, que era cuando paraba la socioeconomía de aquellos siglos. Estos lugares los podemos ver en la Toponimia Oficial de Navarra entre las vías, caminos y aranceles medievales. La zona más característica, la más directa, fue la toponimia histórica de Cintruénigo, que alberga la literalidad de “centro de invierno” junto a los cercanos Montes del Cierzo, que también guardan zonas que definen una frontera, un límite, un paso, una puerta. Varias puertas de hecho, porque en los Montes del Cierzo se unen: la desembocadura del Aragón-Arga en el Ebro, el propio río Ebro, el plano del Alhama con el próximo Ega, el Cidacos y el Queiles, y también su conexión con el Duero hacia Numancia (Soria). Todos estos operacionales convergen en los Montes del Cierzo y sobre el plano del Alhama.

En estos montes aparecen varias puertas de entrada. La del oeste es la geología llamada camelta de Cintruénigo-Fitero, una entrada que fue con toda probabilidad uno de los peajes más concurridos de la antigua Península Ibérica y Europa. Otro operacional de paso es el del gancho, que describe cómo se abrieron estos huecos artificiales en este de la carretera NA-160, llamado también los portillos. También está el paso del recinto del taurobolio de la plaza de toros, junto a la NA-6810. Son tres bocanas de puerta que se encuentran directamente horadadas en la geología de los montes, que fue una línea de este a oeste que empezaba en el paso del Alhama por Fitero y que terminó en Tudela en el Ebro. Un lugar que por otra parte también es una bocana, o fue percibido como tal, ya que los Montes del Cierzo fueron en este tiempo una parte más de la Bárdena y ésta llega mucho más hacia el este. Toda esta extensión de Montes del Cierzo y Bárdena Real, atravesada por el río, se elevó como un muro que separaba el Ebro norte del resto de la Península Ibérica.

La heráldica de Navarra original es una figura de cuerdas y nudos navicularii

Las calzadas de la época romana eran utilizadas por los navicularii, un oficio de transportistas reconocido en toda Europa desde época imperial hasta la caída del imperio. Con colegio profesional propio, algo importante en la legalidad de aquel momento. De hecho, y como dijo Aitor Pescador en la presentación de la bula papal de 1513, Navarra fue pionera en lo que entendemos hoy como diplomacia moderna, y creo que es fácil añadir que fue pionera porque ya sabían todos los idiomas de Europa desde la antigüedad navicularii. Al menos. Porque la raíz indoeuropea de su idioma madre la deja anterior de todas las lenguas con las que interactuaron a partir de entonces. Ni qué decir que conocían a la perfección el continente europeo porque los mejores augures y sacerdotes de la antigüedad eran de esta geografía o de Panonia, al noreste de la Península Itálica.

El color de estos augures arcaicos sería el blanco, con fama en todo el continente e interpelados por Cumas en 205 aC. De aquella religiosidad del blanco aun pueden verse huellas actuales junto al color rojo de las fiestas navarras y a los animales sacralizados de la antigüedad: la ofrenda del animal toro. Porque los hombres de este tiempo tenían mal visto el animal cerdo, un jabalí que había emasculado a Atis, el amante de Cibeles. Lo que deja a la mujer con favores sobre el animal cerdo y al hombre con obcecaciones sobre el animal toro, los dos indispensables de las ceremonias grandes. Porque sacrificar pollos o vegetales no era lo mismo, evidentemente.

Hubo otras diosas además de Cibeles, que es la que ordenó para Roma los sacrificios, las sexualidades y las clases sociales. Las otras deidades quedan confusas en la historia bajo un nombre “mari” o de otros como “basajaun”. Quedan confundidas, porque si observamos la filosofía de estas comunidades indígenas es necesario apuntar que no podían nombrar nada, mucho menos a sus dioses. A lo sumo describieron una palabra que hoy percibimos como nombre, dejando a “mari” como un apelativo antiquísimo de la madre relacionada con la naturaleza y el agua. Una diosa que por otra parte es idéntica a otras como Nabia o Ana, ambas indoeuropeas. Así que es de recibo pensar que en una filosofía natural los nombres Nabia, Ana o Mari fueron los apelativos de una misma personificación solo que desde diferentes percepciones.

Todo esto porque el profesor Barandiaran o Baroja ya tenían en cuenta la norma social de la antigüedad, que era la prohibición de nombrar a sus dioses. Y si no podían nombrarlos quiere decir que el sistema era un mote descriptivo, un apelativo, no un nombre propiamente dicho. La norma es parte de una filosofía humana anterior a la romana patriarcalista y puede verse recogida en la hipótesis del matriarcalismo del profesor Ortiz-Oses, aunque vamos a abreviarlo todo diciendo que estrictamente no pudieron nombrar deidades porque una sociedad natural no puede materializar, y mucho menos un nombre propio (verbalizar una materialización es una redundancia en sí misma). Aún se puede entender mejor si recordamos las películas con los indígenas llamados nube azul, corzo gris, o los apelativos históricos como águila negra.

Rojo, blanco, azul, verde y negro fueron los colores principales de las sociedades antiguas. Se pueden ver representados después en toda la heráldica medieval, no solo en Navarra. El rojo muestra una sociedad guerrera y educada que se corresponde con la geografía del renacimiento anterior al de Florencia, como decía Miguel Izu sobre el reino de capital en Pau. Antes de aquello también había sido una geografía del conocimiento y milicia con Sertorio y su academia en Osca (Huesca), y también fue parte del ejército cartaginés en tiempo íbero. Milicia y academia es igual a rojo.

Pero más allá del rojo es el color verde el que completa la definición histórico-etimológica del escudo de Navarra y con ello del pasado que reflejaron en el medievo. Verde es el color relacionado con Muscaria por su raíz musker (verde), que aparece en un centro de ocho cuerdas unidas con nudos sobre fondo rojo, simulando el lucero de ocho brazos que la heráldica llama carbunclo. Esto hace pensar que los navicularii estuvieron representados en este escudo y a la perfección en su misión de transportar, en tierra y mar, como en Roma. Lo que transportaban, para el tiempo, fue su propia filosofía natural verde, hoy heredada como legalidad foral y costumbres de valores femeninos.

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