Los hombres de gabardina en un homenaje cualquiera (artículo de Mikel Castaño)

"Dado que entre los que se sientan hoy en las sillas que tengo enfrente figuran varios señores con gabardina, bigotillo y gafas negras que me miran como el gato al ratón me calzo con los pies de plomo y a mi derecha pueden ver la maleta con el pijama, dos mudas y un par de libros por si hoy me toca dormir en la colina de Santa Lucía"
hombresgabardina

Firma: MIKEL CASTAÑO    |

Un día como cualquier otro, en una pequeña capital, un señor que podría ser uno de muchos se dispone a realizar un homenaje genérico de los que se suelen realizar en otras muchas ciudades, mas blancas o más grises. El ponente, sin una ropa o característica que lo distinga del común, se acerca al estrado para declamar su discurso con paso corto y mirada al rodapié.

– Ciudadanas y ciudadanos: Aun teniendo claro el por qué de nuestra presencia hoy en este patio pienso que la situación exige una aclaración que no sabemos si aclarará demasiado. Dado que entre los que se sientan hoy en las sillas que tengo enfrente figuran varios señores con gabardina, bigotillo y gafas negras que me miran como el gato al ratón me calzo con los pies de plomo y a mi derecha pueden ver la maleta con el pijama, dos mudas y un par de libros por si hoy me toca dormir en la colina de Santa Lucía.
>>Pues bien. Hoy hemos convocado este acto solemne para recordar a nuestros conciudadanos muertos en extrañas y no tan extrañas circunstancias. Extrañas por no haber sido nunca aclaradas ya no por un juicio que estableciese un mimbre mínimo para un relato creíble, sino por una simple declaración institucional que no insultase a la inteligencia”.

frasecastanojabonEl ponente suda. Es consciente de que no lleva ni un minuto hablando y ya está acercándose al límite impuesto. Carraspea y respira hondo. Alguno de los hombrecillos de gafas negras hablan con el cuello de su gabardina.

>> Sí, ciudadanas y ciudadanos. Porque de inteligencia se trata. En unos casos de inteligencia.
>> Durante décadas, esta tierra ha sufrido el estampido de la pólvora y el peso del plomo. La pólvora estalla, hace mucho ruido, paraliza el pensamiento y la acción queda congelada. Tras ese ensordecimiento el cerebro tarda en reaccionar, y dependiendo de su cercanía o lejanía la cosa puede ser de años. El plomo es peor. No sólo acompaña a la pólvora en esa paralización abrupta de todo lo colectivo: desgarra piel, carne, hueso, pensamientos… y cuando sale del cuerpo atravesado cae pesadamente en la tierra, contaminando su agua, su futuro. Pesando”.

Nuestro ponente estira los músculos. Entre el último grupo que ha entrado le ha parecido ver algún viejo conocido que bromeaba en sus años mozos sobre hacer jabón con grasa humana. Le acompañan varios jovenzuelos. Cree ver bultos extraños en sus bolsillos.

“Conocemos sus nombres, pero no podemos pronunciarlos. También por qué fueron asesinados, pero no podemos decir por quién. Quién y cuándo decidió que alguno tuvo que morir porque en ese momento vendía más un tiro por la espalda que un detenido más. Qué jueces hicieron la vista gorda y qué forenses firmaron informes casi en blanco…”

Los hombres de gafas ahumadas se remueven en las sillas. Alguno vuelve a hablar con el cuello de su gabardina en voz imperceptible. Entre los jóvenes del fondo empieza a correr una botella de coñac. El ponente sigue su discurso detallando formas de ser olvidado por decreto u orden judicial y desgrana las edades de los muertos que hoy toca recordar: 19, 23, 28…

“…y para terminar quisiera recordar a todas las personas amnistiadas, indultadas, ascendidas e incluso condecoradas por estos actos criminales. También voy a nombrar uno a uno a quien ha gobernado sacando provecho electoral de ello. De esos nombres las prohibiciones que pesan sobre este discurso no dicen nada”.

frasecastanodiscursoNuestro ponente saca un taco de folios impresos y se dispone a hablar cuando un individuo con traje negro le retira violentamente el micrófono y el de la gabardina que está en primera fila le agarra de la muñeca y se la coloca contra la espalda. Los de las gafas ahumadas ordenan silencio y que todo el mundo permanezca sentado. Los jóvenes del fondo se alborozan entre consignas y risotadas. El viejo conocido del jabón sonríe. El ponente es sacado del patio y el público, tácitamente, da por concluido el homenaje.

Ya en el exterior, Ponente es trasladado en coche camuflado a la Jefatura. Traje Negro le dice a Gabardina: “Oye, que lo que iba a leer éste era la lista de los reyes godos…”. La respuesta de Gabardina no tarda: “La orden era NINGÚN nombre”.

En la plaza adyacente los postadolescentes siguen bebiendo el vino de la tierra.

Post Scriptum:
Unos días después, en el Parlamento tutelado, El Que Habla Para los hombres de la Gabardina y el Jabón acusa al Ponente de “mezclar todo tipo de familias”. Los Gabardinas se despliegan buscando al primo del cuñado del Ponente.

Secciones
#OrainOpinión

Relacionado con