Los pequeños Nicolases y Nicolasas (un artículo de Mikel Castaño)

"La política es muy traicionera, y se pueden poner muchas acciones en marcha con el objetivo más elevado, pero ya se sabe de qué material está empedrado el camino al Infierno, y esto hay demasiados personajes en la política actual que lo ignoran"
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FIRMA: MIKEL CASTAÑO  |  

Hay una leyenda más que asentada que dice que un pastor renano de doce años en un año tan navarrísimo como 1212 tuvo una revelación: Debía organizar una procesión de niños hasta Jerusalén, tras la que, por la fuerza mística de la pureza de alma de los infantes, los musulmanes se convertirían al cristianismo y la ciudad sería recuperada así para el Orbe. La cosa terminó en Génova, donde no se produjo una esperada división de las aguas para permitir la caminata, cosa que aprovecharon unos comerciantes para embarcar a varios cientos de los chavales para después venderlos como esclavos en el mercado de Argel. Nicholas, el revelado, decidió volver al Rhin con muchos de quienes le siguieron, muriendo la mayoría durante la travesía de los Alpes. Al llegar a su pueblo, Nicholas fue linchado por aquellos cuyos hijos le habían acompañado en la fallida epopeya y terminó colgando de un árbol.

frasemk1La política es muy traicionera (pues si hablamos de religión y cruzadas en la Edad Media no hablamos de otra cosa que de política), y se pueden poner muchas acciones en marcha con el objetivo más elevado, pero ya se sabe de qué material está empedrado el camino al Infierno, y esto hay demasiados personajes en la política actual que lo ignoran. En el caso de Nicholas, él pone el mensaje de redención y el llamamiento. Los mendigos y prostitutas que se unen a la marcha hacia Génova ponen su idiosincrasia. Los mercaderes esclavistas su codicia. El propio papa de Roma sus miedos a los movimientos religiosos de base popular. La escasez de alimentos, los muertos por hambre durante la marcha. “Nicholas, colega, la que has liado” , imagino a algún compañero de fatigas diciéndole al oído. “Eh, que no ha sido mi culpa, que Dios no nos ha abierto las aguas, el tío mentiroso”, imagino la respuesta…

Como digo, últimamente veo demasiados nicholases y nicholasas por esto de la política. Mensajes fáciles, promesas a vuelapluma, una salida de tono sin sentido en un Parlamento porque te la estás jugando en un proceso interno de tu partido, un ratoncillo sin cola parido tras el bramido de unos montes que auguraban la vuelta de los mercaderes que se llevaron a la chiquillada a Argel, espectáculos de teatro de colegio. Porque a veces los que llevamos muchos años observando la política y el politiqueo tenemos en los últimos tiempos la misma impresión, la de que hay demasiadas personas en esto que hablan o redactan como si esperasen que un Ser Superior les ponga una nota. “Muy bien, Fulanita, lo has hecho muy bien”.

frasemk2Es más, diría que hay demasiada gente para la que la política se ha convertido en una forma de alargar su condición de alumno aventajado, de seguir siendo el mejor de la clase, el ejemplo que siempre pone el profesor de turno de cómo hay que hacer un examen, ese estúpido ejercicio de memoria que llevamos aguantando desde que a un señor al que volaron los genitales frente al Castillo de Pamplona se le ocurriese que el alumno que se tirase horas y horas aprendiéndose un texto letra a letra dejaba de pecar por puro aburrimiento. Y lo peor es que quien examina no es ese ser imaginario. Es quien vota.

El eterno pupilaje -hasta que un fiscal imputa a tu padrino político, debo decir tras las últimas semanas- se entiende perfectamente en el ámbito de la derecha, en el que las etapas de postulación, noviciado (éste se hace últimamente en redes sociales, botella de coñac mediante) y ordenación se han copiado literalmente como forma de renovación de sus élites políticas, pero ¿tiene alguna razón de ser en la izquierda, en las fuerzas transformadoras, en los movimientos de defensa de los derechos conseguidos a base de lucha?

frasemk3Si algo es la política para quienes creemos que la situación económica o la organización territorial actuales son un corsé de hierro insoportable que ahoga la potencialidad de todo el cuerpo social, es todo un arte -entendido como conjunto de maneras y acciones- de tomar decisiones frente a los obstáculos que nos impone la realidad frente a nuestros deseos o, más concretamente, de concretar en acciones las cosmovisiones o paradigmas que vemos necesarios a la hora de organizar ese organismo más que vivo y a veces muy poco racional que es la sociedad.

Por eso no necesitamos ni redacciones ni exámenes orales. Ni preciosos proyectos. Ni gentes que dentro de 20 años cuenten en un restaurante de platos cuadrados que un día fueron concejales, diputados o el papa del Palmar de Troya. Necesitamos personas que se atrevan a decidir y a hacer mirando más allá de sus propias narices y las de su cuadrilla. Y ya.

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