Mazas y catapultas (un artículo de Eneko Abal)

Cuando hoy dibujamos el relato del ayer histórico y geográfico delimitamos colores, fronteras y nombres en base a una necesidad propia de nuestra conciencia
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FIRMA: ENEKO ABAL  |  

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Decía el profesor de Geografía José Luis Vara Muñoz que el espacio subjetivo es el espacio vivido. Es una de esas afirmaciones que junto a otras está hoy en el frontispicio de muchos estudios e investigaciones de toda Europa, aunque parece no haber llegado con suficiente rotundidad y claridad a Navarra y su circunstancia.

Cuando hoy dibujamos el relato del ayer histórico y geográfico delimitamos colores, fronteras y nombres en base a una necesidad propia de nuestra conciencia: para querer entenderla necesitamos acoplar las acciones y mapas del ayer como si estuvieran ocurriendo hoy, por decirlo llanamente.

Algo así como imaginar una vía romana o un camino medieval como si fueran autovías o carreteras de hoy.

eneko1Este instrumento con el que formamos nuestra percepción de un lugar o una circunstancia es lo que se denomina “mapa mental”, y es un ejercicio cerebral que ocurre en segundo plano cuando pensamos, leemos o vemos una serie, por poner algunos ejemplos.

En la serie, para acabar de definir esta cosa de la psique humana, es el propio guión quien nos ha ido introduciendo en la forma de pensar de ese argumento y es entonces cuando a partir de él elaboramos nuestros análisis y sentimientos, por muy corruptos o impasibles que sean sus personajes.

Esto ocurre y ha ocurrido desde siempre en el ser humano. Las historias de César y Augusto, las del Medievo o las de estos siglos recientemente pasados, también son mapas que están siendo analizados de forma crítica en muchas facultades y estudios del planeta, y van conformando una nueva y actualizada percepción del pasado.

Pues bien, con una visión menos sesgada por los acontecimientos de épocas anteriores, este siglo XXI comienza a desprender conclusiones más abiertas y desinhibidas de lo acontecido en el pasado histórico y su análisis.
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Siguiendo con los ejemplos. Hasta hoy hemos identificado nuestro “mapa mental” de Grakurria (Graccurris) con un reducto de tan sólo unos pocos kilómetros cuadrados en el Ebro; básicamente el núcleo de población de Alfaro en La Rioja. También se definió Muskaria como Arguedas, Andelos con Mendigorría, y se hablaba de Pompaelo como la ciudad actual de Pamplona.

Aunque reducir hoy tales demarcaciones parece ser un graso error de inicio para una síntesis, porque realmente cuando Roma define Calagurris Nassica Iulia (Calahorra o Kalakorikos en su rastro monetario) no solo comprende la ciudad del Ebro que imaginamos hoy, sino todo su derredor o “ager”, que es con el que subsiste y comercia la ciudad. Además en él intervienen villas y otros tipos de núcleos de población que son parte de esa “ciudad”.

Es la “civitas” romana, estrictamente y para acabar por cumplir el párrafo: no solo el urbe principal, también todo su entramado anexo.

Caer en la trampa lleva al “error histórico”

Este detalle de establecer líneas y fronteras puede parecer minúsculo pero es de gran relevancia si se utiliza como herramienta para confrontar muchos de los “errores históricos” con los que nos han contado la Historia hasta hoy.

eneko2Este error es lo que se denomina una causa última, un problema principal que da origen a muchos otros. Y esta causa última nos ha dejado la consecuencia de muchas investigaciones de hoy denominando aquellas épocas como “panfletos publicitarios de la antigüedad”.

Para superar este estadio de la humanidad se utiliza en algunas escuelas la metodología crítica, que analiza de forma integral los contextos históricos y que se imparte en algunas facultades pero no en otras.

En el caso de Navarra, como no podía ser de otra manera, también averiguamos relatos y metodologías que es interesante actualizar con las herramientas de las que hoy disponemos. Recientemente se han cumplido una serie de acontecimientos relacionados con la geografía del comportamiento y la percepción de Navarra que es preciso comentar.

Concretamente, la asociación cultural Doble12 realiza unas charlas interpretadas por el profesor Javier Andreu Pintado, de la Universidad de Navarra, en las que se realizan afirmaciones del tipo “el euskera nunca se habló en la Ribera y solo era usado por campesinos”.

Además de tales acontecimientos, el Diario de Navarra publicaba un artículo de Javier Martínez de Aguirre en el que seguía rememorando la interpretación historicista de las cadenas en la bandera de Navarra, eso sí, con algunos apuntes nuevos para hacerla más atractiva.

Para ello, incluso este reducto asociacionista ha llamado a manifestarse por una bandera de Navarra de la que poco o muy poco se conoce de ella o de su idiosincrasia.

Todo esto ocurre, no lo olvidemos, mientras la sociedad del siglo XXI viaja, trabaja en el extranjero o experimenta el intercambio de ideas y metodologías entre cátedras y geografías. Ya sea de forma personal o virtual, el intercambio brota pero no parece querer asentarse o ser asentado en Navarra (por cualquiera de las razones que sean); y es necesario apuntar que también ocurre en el momento más trascendental de la Historia de Navarra de los últimos siglos.

eneko3Sin querer mencionar todas las agresiones a la legalidad Foral acontecidas en los últimos años, en opinión de quien suscribe este artículo, todos estos hechos sugieren una explicación metodológica pero, al serlo histórico-social, también decanta rasgos políticos que es necesario advertir.
De forma muy esquemática, la profesora Mari Mar Larraza, de la misma Universidad de Navarra y en una charla sobre el anterior momento crítico de Navarra (la “Protesta Foral de 1893”, Huarte, Diciembre 2016), nos ofrecía por fin de forma pública algunas pistas de cuál era otra de las causas últimas de estos rasgos.

La titular de Historia Contemporánea abría la puerta de un fenómeno poco conocido hoy en día, casi un tabú el de la guerra entre el sistema racionalista-capitalista y el naturalista-comunitario.

Un tabú, abordado tras 500 años en Navarra, el cual deja una reflexión que podríamos abreviar así: es necesario hacer un ejercicio de autocrítica y congratularse por tener personas que ejerzan de forma valiente y templada el conocimiento de nuestra Historia, ya sea desde la sociedad o desde instituciones con metodologías tan antiguas.

Mazazos metodológicos

Vivimos un momento de inflexión en Navarra que no ha sido el único en su recorrido temporal, como bien señalaba la profesora en su análisis de diciembre.

Las anteriores luchas de liberales y carlistas y casi la generalidad de las acontecidas en el territorio pirenaico occidental, no eran sino la herencia de una lucha ancestral (en términos de legalidad) que se remonta al propio imperio de ley de Roma y de los visígodos después. La lucha de dos sistemas, uno individualista y otro comunitario, el racionalista “superdopado” de hoy, y los extintos sistemas naturalistas del ayer. Y esta guerra también tuvo su versión con la cultura árabe.

Las lenguas arábigas o euskaras, estas últimas negadas por el profesor Andreu Pintado en la Ribera, llevaban aparejada una legalidad prelatina, con lo que parece arriesgado seguir afirmando que núcleos como Kalakorikos, Grakurria o Kaiskata nunca la practicaron. Y esto sin querer meter en la particular división de “Ribera” a Bardena o a Muskaria, donde es claro el continuo traslado histórico de personas y familias con el Roncal.

Este artículo quiere denunciar precisamente este tipo de mazazos metodológicos con los que se sigue martilleando a la sociedad navarra. Mientras en otras parcelas europeas y planetarias se ha modernizado el estudio e investigación histórica, aquí mantenemos un carácter decimonónico no sólo en nuestra enseñanza y conocimiento sino que como decía al principio, ello provoca una alteración del espacio subjetivo. Alguien nos lo ha manipulado y sigue catapultando su manipulación a lo largo del tiempo.

La vieja lucha ancestral entre las legalidades y lenguas prelatinas sigue vigente más que nunca cuando vemos este sistema capitalista abocado a un desastre inminente. Y tal vez sea por esto por lo que sufrimos esa necesidad de seguir politizando la Historia de Navarra.

Se consiguió perpetuar un sistema hasta hoy gracias a la conquista y la homogeneidad aparente que la historiografía nos trasladó con Cesar y Augusto, Leovigildo, los Reyes Católicos y sus conquistas, o las luchas del Racionalismo y el Liberalismo en siglos de revoluciones (cronológicamente y de forma genérica).

Todas estas batallas en el tiempo conforman, como referenciaba la profesora Larraza, una guerra ancestral en el mundo y concretamente y de forma muy violenta en Europa: la del racionalismo contra el naturalismo, la del paternalismo y la ley impuesta contra el matriarcalismo y la costumbre hecha fuero.
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Evidentemente son terminologías que el propio sistema que vivimos hoy en día nos hace identificar como raras y poco conocidas. Más cuando se suprimen asignaturas de Literatura o Filosofía en la Educación Básica.

Se ha conseguido trasladar términos como “fuero” como “matriarcalismo” o como “racionalismo” de forma tan abstracta que el mapa mental que tenemos de ello permanece lejano, confuso.

Es la subjetividad del espacio vivido que pretenden hacernos vivir de nuevo. Y está en nuestra mano acercarnos de forma radical a esta guerra entre un sistema en decadencia y otros que fueron tapados con mucha fantasía o directamente exterminados para su conquista.

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