¿Medalla de oro a los mayores enemigos de Navarra? (Un artículo de Mikel Zuza)

Firma: Mikel Zuza El próximo 3 de diciembre el Gobierno Foral entregará la medalla de oro de Navarra a Hermilio de Olóriz, Julio Altadill y Arturo Campión. El decreto...
Escritorio

Firma: Mikel Zuza

El próximo 3 de diciembre el Gobierno Foral entregará la medalla de oro de Navarra a Hermilio de Olóriz, Julio Altadill y Arturo Campión. El decreto de concesión afirma que son: “tres personalidades de los siglos XIX y XX que destacaron por su contribución a la historia y la cultura navarras y a la defensa de los derechos históricos del antiguo Reino de Navarra.

Pero sobre todo y de una manera especial, por su labor decisiva a la hora de definir para Navarra un símbolo permanente de su identidad del que carecía hasta entonces: la bandera de Navarra tal y como se conoce hoy, cuyo diseño fue aprobado por la Diputación Foral en 1910.

Más allá de que yo piense que en el comunicado falta la palabra “oficial” entre símbolo y permanente y de que considere personalmente que los tres homenajeados no se lucieron especialmente a la hora de escoger el diseño que hoy en día sigue representando -oficialmente- a Navarra, ya que siempre he creído que la bandera que debería representarnos es la Navarra-Evreux; aquella que –y no por casualidad- en 1512 fue la primera cosa que los invasores se empeñaron en hacer desaparecer mostrando de esa manera la importancia que daban a tal símbolo, que era exactamente la misma que le habían concedido los navarros desde 1328, como todavía demuestran tantos testimonios heráldicos en edificios, murales, documentos o monedas de aquella época, opino también que el reconocimiento al trabajo que llevaron a cabo Altadill, Olóriz y Campión merece este –tardío, como casi todo en Navarra- reconocimiento.

Una lástima que no se haya ampliado a la figura de Juan Iturralde y Suit, maestro y mentor de los tres premiados, del que sólo nos queda ya su panteón en el cementerio de Pamplona, salvado de la ruina hace pocos años por el empeño de unos cuantos pesados como el que esto escribe.

Aunque no, no es cierto que sólo nos queden unas piedras conmemorativas: nos queda también la ingente labor intelectual de todos ellos, plasmada en sus libros, fruto naturalmente de su época, que no es –afortunadamente- la nuestra, aunque leyéndolos (insisto: leyéndolos) pueden sorprendernos todavía por su actualidad en estos tiempos en que todos los Gamazos -los de fuera y los de dentro- aúllan por la misma recentralización a la que se enfrentaron nuestros protagonistas.

¿Cómo no asombrarnos entonces con lo que Hermilio de Olóriz escribió en la Cartilla Foral, publicada en 1894, justo después de la Gamazada? Veamos:

-¿Los Fueros de Navarra alcanzaron siempre el respeto de los monarcas?

-Casi siempre.

-¿De modo que actualmente continuarán rigiendo?

-No, señor; el Pacto de 1512 fue reformado por otro nuevo pacto el 16 de agosto de 1841.

-¿Y la reforma resultó ventajosa para Navarra?

-Para España fue muy ventajosa; para Navarra muy perjudicial.

-¿Y qué sacrificios hizo Navarra en beneficio de España?

-En primer lugar cedió sus Cortes, y con ellas la facultad legislativa.

-Grande fue entonces el sacrificio, porque de hacer buenas o malas leyes se sigue la felicidad o desgracia de los pueblos.

-Vivamente habría agradecido España tales sacrificios…

-Ignoro hasta dónde llegó su gratitud; sólo sé que desde aquella fecha no ha cesado de cercenar nuestros mermados Fueros, tachándonos de egoístas.

O con lo que escribió Altadill en su obra Castillos medioevales de Navarra:

“Cayeron unos castillos por las tropelías de nuestras guerras civiles; otros por nuestras rivalidades con los reinos vecinos; algunos por las guerras fratricidas con alaveses y gipuzkoanos; otros por las luchas invasoras de Castilla y Aragón. Cayeron algunos por las furias devastadoras, como fue el desolado de Rada por la iracundia de un rey usurpador; alguno por la cobardía y la traición, como el incendiado de Tiebas; sucumbieron otros al ser derribados como los de Cáseda, Pintano e Isaba, acribillados como aconteció al de Oro y más tarde al postrero de Amayur, derruidos estos por sus heridas mortales como el de Etxarri-Aranaz y otros; abandonados aquéllos por su decrepitud como los de Asa y el inexpugnable de Tudela. Los hubo, cedidos a los nobles en gran número, como pago a la lealtad, la honradez y remuneración de buenos servicios; otros ante la aparición de las armas de fuego poderosas, ante la debilidad de sus construcciones; otros por fin, a causa de la pobreza de sus defensores. Y como si todas estas consideraciones no bastaran, todavía surgió un Fray Francisco de Cisneros…”

Pero de los tres premiados, quien más críticas ha suscitado es sin duda alguna Arturo Campión, polígrafo que durante muchos años fue considerado, incluso por sus adversarios políticos, como el “príncipe de las letras navarras”. A partir de aquí, copio un prólogo sin firma a una recopilación de sus cuentos de temática histórica publicada por Diario de Navarra en 1972:

“Este calificativo, muy de la época, ya arcaico, de “príncipe de las letras navarras”, es sin embargo, un síntoma del concepto que en esta tierra –la suya- se ha tenido de D. Arturo. Porque de él puede decirse que estuvo y brilló solo, muy por encima de los historiadores y literatos de su tiempo, con un crédito y un prestigio nacionales.

En pleno hervor político de los años 30, editorializábamos comentando la última obra de don Arturo: Podrán muchos disentir de Campión en apreciaciones políticas, pero hay una primera política para todo ciudadano decoroso que consiste en rendir acatamiento al talento, al trabajo, a la labor máxima de la cultura, ofrecidos perennemente al amor de su tierra y en esa política que es la principal, porque no está contagiada de mezquindades alevosas, don Arturo merece bien de Navarra”.

¡Maldita hemeroteca!, dirán hoy algunos, y con ello sólo darán la razón –una vez más- al a mi juicio muy merecidamente acreedor de la medalla de oro de Navarra, que en la cuarta serie de sus Euskarianas dejó uno de los mejores retratos que conozco de nuestra personalidad histórica, como podrá comprobar cualquiera que se asome diariamente a la prensa local:

Arturo Campion“Mis investigaciones sobre los acontecimientos narrados por Guillermo Annelier, revelaron a mi espíritu una verdad cruel y odiosísima: que los mayores enemigos que los nabarros han tenido y tienen son nabarros. El poder extraño, las influencias extrañas que avasallan y descartan, rondaban nuestra casa; pero nosotros les abrimos siempre la puerta. El Conde de Lerín parece ser hombre representativo de Nabarra. Nabarros guiaron al duque de Alba, nabarros mutilaron los fueros, nabarros los comprometieron en locas empresas, nabarros consienten, a diario, el quebranto de ellos, nabarros abominan del baskuenze y cuando no lo abominan lo desdeñan. ¡Lamentable genio el tuyo, patria mía!”

Pero como dijo el Guerra: “Tiene que haber gente pa tó”. Y es estupendo que así sea, así que enhorabuena a don Julio, don Hermilio y don Arturo por su medalla, y sobre todo gracias mil – mila esker (si es que a alguien no le da un síncope al leerlo) por su trabajo.

Secciones
#OrainOpinión

Relacionado con