Microfobias islamófobas, aquí también, en Pamplona (Un artículo de Idoia Saralegui)

La autora destaca como se produce un incremento de solicitudes por parte de colectivos musulmanes para acudir al Albergue Social tras un gran atentado yihadista
Islamofobia

Firma: Idoia Saralegui

En los ultimos años los atentados perpetrados por el fundamentalismo islámico empiezan a ser una constante que convulsiona nuestra sociedad y la forma en que vivimos. En la memoria de todos está el 11 S de New York. La mayoría recordamos qué estábamos haciendo el día que desaparecieron las torres gemelas. La masacre y el impacto social que supuso el 11 M en Madrid (casi 200 muertos, 2.000 heridos y una sociedad rota por la tristeza y el estupor ). Ultimamente los atentados de Niza, la sala Bataclán, en Paris y esta misma semana, en el Manchester Arena. Un atentado especialmente cruel porque el primer objetivo han sido niños y adolecentes que iban con sus padres al concierto de Ariana Grande.

Las condenas a estos asesinatos salvajes son unánimes. Y no solo me refiero a la clase política, los jefes de estado, los medios de comunicación, el conjunto de la opinión pública… Me refiero también a la comunidad musulmana que, condena duramente los terribles hechos y muestra su repulsa. Porque no podemos olvidar que la mayor parte de los asesinados por los terroristas yihadistas son los propios musulmanes. Porque esto no es lo que se ha dado en llamar una guerra de civilizaciones. Y a pesar de ello, cada vez que ocurre uno de estos atentados en nuestro llamado primer mundo, aumente la islamofobia. Las redes sociales arden y son un importante caldo de cultivo con hastags como #StopIslam. Recuerdo que hace alrededor de un año, la misma noche del atentado de Bruselas, un grupo ultraderechista lanzó botes de humo contra una mezquita en Madrid.

Y también hay ejemplos más cerca: seguro que recordamos las pintadas en contra del Islam en un barrio de Barakaldo o cuando se esparció sangre y carne de cerdo por todo el solar al que se pretendía trasladar la mezquita de Vitoria. Son unos pocos musulmanes los asesinos integristas, de la misma manera que fueron unos pocos vitorianos los que esparcieron la sangre y la carne de cerdo como amenaza y rechazo. Hechos aislados que la opinión pública puede generalizar si es “lo que toca”. En el norte deberíamos saber mucho de eso, porque mientras ETA atentaba, en algunos sectores existía un cierto e ilógico rechazo a todos los vascos y vascas, a pesar de que siempre hubieran condenado los terribles hechos. Tal vez con más fuerza que en el resto de lugares por haberlos tenido que sufrir con una mayor cercanía y crudeza. Esta semana ando leyendo “Patria”, de Fernando Aramburu y me fascina conocer la visión poliédrica de cualquier colectivo humano.

El terrorismo yihadista en la actualidad está creando un lógido estado de alarma, un cambio del mundo, una angustia latente que ha hecho que aumente el miedo, las medidas de seguridad cada vez que se celebra un gran evento (fiestas, conciertos, partidos de futbol…) y también, como reacción, una creciente dificultad para diferenciar entre el conjunto de la comunidad musulmana y esa pequeña minoría extremista, cruel y endogámica de donde surgen los terroristas.

En Pamplona somos ordenados, enormemente plurales y posiblemente también por eso no se producen este tipo de escenificaciones extremas. Somos una ciudad abierta, solidaria, tolerantes, con un interesante Estado de Bienestar asentado y también con amplias redes asociativas y de solidaridad. Tienden a decir de nosotros que somos cerrados a la hora de permitir que alguien entre en nuestros círculos más íntimos, pero también que somos abiertos a la hora de aceptar al diferente.

Pero no somos ajenos a la realidad de que la crisis social ha producido bolsas de exclusión social que requieren de apoyos y, con esto, cierta competitividad entre los mas débiles. No lo he analizado y, posiblemente sería dificil de explicar, pero en varias ocasiones, tras un atentado yihadista aumenta el número de personas musulmanas que se tienen que alojar en el Centro de Atención a Personas sin Hogar. Es complicado buscar una explicación única. Posiblemente tiene algo que ver con el hecho de que en esos momentos dolorosos, cuando nos acecha el miedo, se tiende a no facilitar el alquiler de pisos, habitaciones, etc… a algunos colectivos de personas árabes. Pequeños gestos particulares, pero que aun así no dejan de ser microislamofobias que debemos aprender a combatir.

Porque es fundamental que desde los medios de comunicación, los partidos políticos y los líderes de opinión no se alimente el odio y la xenofobia. Porque, junto al apoyo internacional para conseguir el fin de masacres como las que se están produciendo en Siria, Irak o Afganistan (no podemos olvidar que más del 80% de los ataques del terrorismo yihadista se producen en estos 3 países, Nigeria y Pakistan), el respeto y la convivencia son las únicas armas con las que contamos para combatir al integrismo y el odio.

Porque si queremos que el integrismo no gane la batalla debemos ser los primeros que demostremos que, realmente, aceptamos y comprendemos al otro. Al que piensa diferente.

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