Navarra era reino antes del medievo (un artículo de Eneko Abal)

Algunas observaciones sobre el tiempo kairológico de Navarra en la historiografía romana desprendidas del informe de las batallas aracelitani del Alhama y el Arakil
Castejón y Urkulu en foto aérea de los años 60 del Sistema Información Territorial de Navarra
Castejón y Urkulu en foto aérea de los años 60 del Sistema Información Territorial de Navarra

Firma: Eneko Abal

Estas fechas de mayo son las del chivo expiatorio de Apolo. El día 7 era un día protagonizado por las dos personas con peores malformaciones y enfermedades de toda la ciudad. Las vestían a una de blanco y otra de negro y las utilizaban como chivos expiatorios, gritando, apalizando y mortificando. Fueron ritos mistéricos de la antigüedad y éste de mayo era en honor a Apolo, que regresaba de su letargo de invierno. Apolo fue una deidad como Cibeles, recordemos. Y en el plano del Alhama o del Arakil también hubo ritos mistéricos en ese tiempo.

Apolo era una personificación principal junto a Zeus, su padre. Fue el dios del sol y la luz, y también de la verdad y la profecía. Por ello o para ello tenía cerca de Roma un oráculo en Cumas. A él fueron a preguntarle destinos comunes e individuales toda clase de personas y entidades. Iban a consultar a la Sibilia de Cumas y a sus Libros Sibilinos de profecías de futuro. Fue un santuario importantísimo porque allí señalaron que Cibeles en Roma traería una nueva época, “cuma gauro barbaro”. Era la personificación gran madre de todo, Madre Natura, con los cabellos abrazados con torres simbolizando el poder de ordenar el caos en su pelo.

Cibeles era una diosa frigia, de Asia menor. La Sibilia aconsejó llevar a la deidad sobre un lugar prominente del urbanismo romano, como así fue, y el oráculo de Delfos añadió que fuera el mejor ciudadano de Roma quien recibiera su culto. Ambos oráculos eran de Apolo, uno en la Itálica y otro en la Helena. Corría el 205 aC y Escipión Africano recibió a la diosa junto a tres matronas en Roma que la llevaron después al monte Palatino. Además, la recibió nada más llegar de la Península Ibérica, donde estaba organizando el ejército de la conquista de Cartago.

Las batallas de Roma contra Cartago cesan tras la llegada de Cibeles.

Escipión tenía razones para recibir a Cibeles pero es interesante su contexto. En 226 aC se acordó el tratado del Ebro entre Cartago y Roma para que el río quedara como límite entre ambos imperios. En una orilla norte Roma y en la orilla sur Cartago.

En el invierno de 218 aC se enfrentan Roma y Cartago en la Batalla de Cissa, en la costa brava mediterránea, y comienza la entrada de Roma en el Ebro, con la fundación de Tarraco sobre la anterior Cissa (Cise, Tarragona). En 217 aC se produce otro encontronazo en el delta del Ebro, Himilcón de Cartago sale derrotado para dejar libre al monopolio romano. En 215 aC Roma entra en el interior desde el Ebro y asedia una ciudad cartaginesa llamada Ibera.

En el mismo año se produce la batalla de Dertosa (Tortosa), en la costa dorada mediterránea. Ya en 214 aC los romanos entran en conflicto semifinal peninsular con Iliturgi, Biguerra, Munda o Auringis, en el sur de la ibérica. En 212 y 211 aC las batallas prefinales de Castulo e Ilorci en Úbeda de Jaén. La península estaba casi completa y se nombra a Roma contra los cartagineses y los celtíberos.

En 206 aC Escipión Africano ganó a Cartago en la Batalla de Ilipa, en Sevilla. Al terminarla fundó Itálica y marchó a Roma para recibir a Cibeles como aconsejaron la Sibila y Delfos. En 203 aC apareció en el golfo de Túnez para dirigir la Batalla de Útica contra Cartago. Y en 202, cerca de Útica, ocurre la Batalla de Zama, en Naraggara, hoy llamada Sidi Youssef. En aquella última batalla tras la llegada de Cibeles el joven Cornelio Escipión, que relevaba en la familia a su anterior, también se ganó el apelativo Africano con el tratado de su victoria contra Cartago.

Pero aquellas batallas no fueron espontáneas ni parte de un desarrollo aleatorio de conquista de Roma por el Mediterráneo. Parecen obedecer a una estadística bastante clara, iniciada tres décadas antes de estos acontecimientos, en 241 aC, cuando Roma había ganado a Cartago en el Mediterráneo, en Sicilia. Fue en el principio de las guerras contra Cartago, y de aquella se firmó el Tratado de Lutacio que la despachaba de la isla siciliana. Le enviaban al sur, a Túnez, fuera de la isla del norte. Después del Tratado de Lutacio en el Mediterráneo se estableció el del Ebro de 226 aC con el mismo efecto de repartir cada orilla del agua.

Los tratados de Roma con Cartago afectaron ampliamente a la geografía navarra

Con estos tratados volvamos otra vez hasta 241 aC, para ver la integral desde la primera Guerra Púnica, en la batalla de las Islas Egadas, que es como se llamó a la siciliana. Ese año y esa derrota hacen que Cartago estuviera sometida a un tributo anual a Roma. Lo comentaba Polibio, y en ese momento de 241 Cartago ha de pagar durante 20 años a Roma además de desmembrar su ejército y no rehacer ni fabricar naves.

Cuando el tratado expiraba se amplió a 10 más justo en los años del Ebro de 226 aC. Lo que deja la resta en 211 aC, que es el año de la batalla de Ilorci, Úbeda. Y también el año de dos Escipiones muertos en la Baética, el padre y el tío de quien recibe a Cibeles.

Con esas razones, el Africano recibió a la diosa y después dejó el mando del ejército familiar a su descendiente. Éste, en la Batalla de Zama de 202, renueva otra vez el tratado por 50 años más. Pero Roma ya no esperará más a los tratados. A partir de ese momento su estrategia cambia con la Sibila y el Escipión huérfano. Cuando venció el plazo aislaron los lugares de Numancia o Tiermes, del 141 aC hasta 98 aC, para que nadie pudiera llegar ni salir de ellos.

La personificación Cibeles era un calco de las religiosidades arcaicas con un cambio significativo y muy descriptivo, la una en carro y la otra en barca, la una en calzada y la otra en río. Es muy sutil pero la percepción cambió mucho de una deidad anterior Nabia que llegaba flotando en el agua, por otra que aparece a través de una calzada. El calco lo terminó el disfraz filosófico que era la diosa, porque Cibeles también simulaba la tríada arcaica y su ritualidad, que era el tipo de religión que Roma practicaba. Eran Cibeles, Atis y Nana.

Roma adoptó a Cibeles como herramienta de fagocitado en la desaparición cartaginesa

Cibeles ayuda a observar esta horquilla temporal porque era la pieza necesaria para universalizar un imperio. Tocar la religiosidad era tocar los órdenes sociales indoeuropeos anteriores de sacerdocio, belicismo, conocimiento y trabajo. Que fueron cuatro estadios pero que en el medievo son definidos como oratores, bellatores y laboratores en el poema de Adalberón (oradores, guerreros y trabajadores). Aquella universalización de estratos sociales dejó de reconocer el conocimiento como estadio social.

De esta estrategia de universalización la Sibila parece que sabía un rato, no solo de rezar. Llevaba siglos a 200 kilómetros de Roma viendo lo ocurrido en la vía Apia y sus consecuencias. Fue la primera calzada moderna de su tiempo, recta, simétrica, ejemplar, y su construcción provocó más de una guerra. Podemos decir que comunicaba Roma con Cumas, muy básicamente, y que le sirvió a la Sibila como campo de pruebas. Eran los primeros roces de Roma y fueron con la construcción de una pista de velocidad en pleno bosque natural.

El aporte de la vía Apia propone una Roma llegando al Ebro para construir otra calzada idéntica con un ejército dirigido por Claudio Neron, en 211 aC. Claudio Neron era de la familia del futuro emperador Tiberio. Llegó al Ebro en época de tratados y pagos para reformar la zona con la vía que facilitará después la circulación de ejércitos y carros de tributos. En 202 vuelve a renovarse el tributo anual, otros 50 años más en la Batalla de Zama. Ahí empiezan a conocerse dos facciones que estaban en discusión permanente dentro de Roma, los populares y los optimates, los de Cibeles y los de las tríadas tradicionales.

Con Cibeles en la geografía del Ebro brotan los aracelitani y los nabarri antes de reconocerse un Reino de Navarra

La zona del Ebro estaba de nuevo bajo tributo pero Roma volvió a aparecer. Ya no esperaría más la fecha de pago y llegó definitivamente para fundar ciudades y colocar los ediles y pretores que controlaron la geografía durante siglos. Primero ocurrieron toda una serie de respuestas que se etiquetan como íberas desde 197 hasta 195 aC. Y tras esos años llegó Catón para dar una vuelta por el Ebro norte en 195 aC.

Catón estaba enfrentado con Escipión porque al Africano le gustaban las costumbres helenísticas (de origen griego). Y Catón en esos viajes era Catón el Censor porque fue quien censó en su vuelta a las personas civilizadas o no, señaló etnias en este caso. Aquella vuelta de Catón tuvo lugar mientras terminaban el templo de Cibeles en Roma, antes de inaugurarse, que era precisamente la afición escipiona que el Censor no aguantaba. Después en 187 aC Acidino derrotó una revuelta en el Ebro, en Calagurris (Calahorra). En 183 aC el cartaginés Aníbal se suicida con 63 años para que Roma no disfrutara con su muerte – así lo dijo –; y en 179 aC un emparentado de los Escipiones, Tiberio Sempronio Gracco, funda Graccurris sobre Ilurcis.

Dos siglos más tarde ocurrieran las batallas contra los aracelitani en 79 dC, y mucho más tarde otra de iguales rasgos contra los bagaudas aracellitani en 443 dC. Es una horquilla de 4 siglos, y en otra más Carlomagno en el siglo VIII dC inscribe otra contra unos nabarri. Al inscribir los nabarri en el 778 dC parece que aún se reconocía a Escipión, porque estas palabras reflejan literalmente lo mismo en su etimología. Aracelitani fueron las comunidades del altar o ara de la cella, y nabarri fueron las de naos, que es la palabra griega para la cella del templo. De hecho una era la cella romana de la diosa y la otra más bien el habitáculo del templo que se ve desde fuera, naos – y aún falta una etimología crítica para la definición general de una nava).

La estrategia sibilina de Cibeles fue un elemento estructural civilizatorio

 Es toda una pregunta si Cibeles llegó con Roma o si por el contrario ya estaba su ritualidad. Sí, era Frigia, pero también Cartago tuvo contacto con Asia Menor. De la llegada desde la península de Anatolia se guardó casi toda la burocracia imaginable. Atracó en el Tiber con el rey Átalo de Pérgamo acompañado de la piedra negra del culto de Pesinunte, denominada kybele. Sin estatua, era un meteorito negro del río Sakarya de Frigia que se acomodó en el Palatino, junto al lugar donde la república romana votaba y elegía a sus dirigentes, el comicio.

Roma adopta a Cibeles como compañera de Zeus. Con ella escribió una historia sobre los celos de Zeus hacia Atis, porque éste era el amante de Cibeles. Lo cual puso a “la mujer” en el eje del sistema patriarcalista para siempre – es interesante pasar de vez en cuando el cepillo filosófico a la historia para explicarla más allá de guerreros y oradores –. Aquel patriarcalismo describe a las sacerdotisas cernophoras proyectando el origen de la legalidad universal. Primero comenzaron fuero con Cibeles, en el Imperio Romano, y después llegaría la reforma del feudo o fehu, rebaño, en el Sacro Imperio Romano Germánico del medievo.

Un bug curioso asoma pasados pocos años de adoptar a Cibeles. En 186 aC Roma descubrió que la humanidad de la religión mistérica practicaba ritos mistéricos. Vaya sorpresa. Y como la diosa tenía asimilados los estratos sociales era entonces considerada patrona del estado. Al ser la patrona de estado podían reformar esos estratos. Y lo hicieron. Recortaron sus ritos y restringieron bacanales, lupercales, grupales e individuales, un largo etcétera.

Roma se hizo la sorprendida y lo escribió para la historia. Por lo visto aconteció una máxima sorpresa e indignación cuando se enteraron que los lupercos paseaban como todos los años, que había grandes comidas grupales los días de Ceres o impresionantes borracheras en días de Baco. Ni qué decir del dios Dioniso, dios del vino que sustituía a Apolo para su descanso en la Hiperbórea de invierno. Dicho llanamente, llevaron a Cibeles a Roma para recortar incluso su propio pasado indígena.

En el siglo II aC Roma dejó varios rastros de los que Castejón es la primera señal visible  

En este tiempo histórico se levantó un tropaeum en Castejón igual que los de Pompeyo sobre el Pirineo. No puedo obviar mencionarlo por ser el primer rastro que aún se conserva hasta hoy, pero también porque este valle está puesto bajo proyectos de nuevas pistas, canales y aviones contemporáneos. El castellón o castelón de Castejón es un morrosco geológico artificial de unos cien metros de diámetro que no estaba ahí, no se ha despedido ni horadado de una geología. Carecemos de rastros que lo corroboren pero apunta como anterior al Escipión Nasica de la Calahorra de 171 aC, pudo ser Catón en 195 aC.

Después se amplió de trofeo a herramienta, cuando entraron los populares de Sertorio y los optimates de Metelo Pio. Proponen una ampliación de Castejón como torre singular de comunicación. Levantada con dos propósitos, primero en monumento de llegada al valle y segundo para conectar con la Higa de Monreal. Este segundo punto señala directamente a Metelo Pio como el reformador, puesto que su aliado Pompeyo es quien está en la Higa de Monreal y Sertorio no tenía a nadie en el norte. Castejón guarda el órgano de diálogo entre Pompeyo y Metelo en sus invernadas de 74 aC.

Navarra brotó como reino después de los tratados cartagineses

Después de la antigüedad llegó el medievo de los aracelitani y los nabarri, ambos de idéntica etimología. Con ellos o tras ellos brotó la reivindicación de un reino denominado Navarra durante el nuevo Imperio Romano Germánico del medievo. Llegaron a esa reivindicación porque el antes fue navicularii, que eran los transportistas del nuevo tributo annona que la península pagaba al Imperio Romano de Tiberio Claudio (41-54 dC). Estuvieron activos y reconocidos por Roma, aún quedan numerosas estelas funerarias de familias armadoras del Pirineo con una rueda o un lucero de luz.

Al final Roma hizo lo de siempre y como siempre. Primero les facilitaron todo tipo de costumbres (324 y 326 dC), y después y otra vez inscribieron la batalla de los bagaudas aracelitani. Ese año era a causa del tráfico bagauda que había cortado las vías en el norte peninsular (Hidacio sobre el 443 dC).

Fueron una humanidad nómada arcaica acoplada a ese ayer romano como viajante. Con una casa de invierno porque el tráfico se cerraba del 11 noviembre al 19 marzo (mare clausum – mare apertum). La casa comenzaba en los Montes del Cierzo y la Bárdena, en centruynnego, el centro indo invierno – dicho estrictamente y para mantener la arcaica raíz indo que dejaría el enea de hoy –. Se identifican como aquellas comunidades que cambiaron su vida dinámica anterior por la del transporte, y reconocidas por Roma. El reconocimiento lo alcanzamos con la definición del régimen jurídico de un “reino”.

La palabra reino era un estatus que aparecía en el orden de urbem, civitates, regna, imperium. Este orden era la carrera profesional de entonces de las ciudades de entonces, el cursus publicus en comunidad y el cursus honorum en las personas. Era una carrera pero en sociedad y en más tiempo, claro. Se fundaba un urbem, se crecía hasta municipium, al crecer más se reconocía una civitates, y después de un complejo de infraestructuras, recursos e inclusive régimen jurídico, se convertía en un regno con aspiraciones a imperium.

La palabra reino la pone en entre líneas una piedra pamplonesa del siglo II dC. Sin embargo la señalaron para Navarra en 1212. Ese año las cadenas y los tributos propios de aracelitani, navicularii, nabarri y Navarra fueron reconocidos en Ilorci, en la Batalla de las Navas de Tolosa o Batalla de Úbeda. En el mismo lugar donde se despachó a Cartago – vaya fantaxia negra –.

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