Rajoy tiene razón (Un artículo de The Question)

FIRMA: THE QUESTION (@BWAR75) Ya ha llegado el día de las detenciones, como era de esperar. Y es que Rajoy no puede permitirse que se celebre un referéndum en...
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FIRMA: THE QUESTION (@BWAR75)

Ya ha llegado el día de las detenciones, como era de esperar. Y es que Rajoy no puede permitirse que se celebre un referéndum en Cataluña. Como bien recuerdan desde los medios de la derecha, se correría el riesgo de propagación a otras comunidades “periféricas” (sic). Rajoy no puede permitirse “una Marcha Verde”, su propia gente no se lo perdonaría. Por eso veo difícil, realmente difícil que se vote el 1-O.

No voy a ser muy original, la verdad. Yo también le echo la culpa de lo que está pasando en Cataluña a Rajoy. Pero eso si, le concedo que creo que no se equivoca cuando dice que aquellos lares no hay tantos independentistas como parece.

La cosa es que hace cuatro o cinco años estoy seguro que un referéndum pactado, con garantías, hubiese arrojado un resultado no separatista, de permanencia en el Estado. Eran otros tiempos. Los casos de corrupción PP no abrían telediarios todos los días, la prometida reforma constitucional para un Estado federal era una opción bonita, y “la nueva política” iba a acabar por entrar con fuerza tras las elecciones europeas de 2014 con promesas de cambiar la inercia de alternancia bipartidista que cerraba cualquier diálogo.

Pero eso es agua pasada, y el caudal que mueve el molino es muy diferente en septiembre de 2017. Para empezar, nadie cree ya en la reforma constitucional que plantea un Partido Socialista que por un lado dice que es difícil y que requiere consenso pero que sin embargo es capaz de reformar artículos con agosticidad para beneplácito de acreedores del Estado. Una canción que ha sonado tantas veces que ya tiene sus propias parodias. Un partido que se dice republicano pero que no cuestiona la jefatura del Estado.

El Partido Popular ha acumulado caso tras caso de corrupción. “Entramado criminal”, ha sido denominado. Un partido que ha tenido registros en su sede. Un partido imputado de norte a sur y de este a oeste. Un partido cuyos miembros han vivido a todo tren, que privatiza lo público rentable y rescata lo privado ruinoso. Nos ha tocado ver como el rescate bancario (que no lo era, decían) ha pasado de no costar 1€ a perderlo casi todo; dinero de todos para salvar a los que desahucian y se lo festejan con “volquetes de putas”. Un partido cuya miserable promesa de traer un número determinado de refugiados no ha sido capaz de cumplir, pero que ha impedido a entidades locales y autonómicas hacerlo.

Un partido que habla mucho de la libertad de prensa venezolana y de negocios con Irán pero que avala los pactos de la UE con la Turquía de Erdogan y que negocia con la Arabia Saudí que usa nuestras armas contra población civil. Un gobierno que vacía la hucha de las pensiones mientras te va vendiendo la idea del nuevo negociete del futuro, las pensiones privadas. Un gobierno que destruye discos duros a martillazos o que, cual Nerón, ve con satisfacción como arden los archivos de sus causas pendientes en el juzgado donde no sonó la alarma antiincendios…

Un partido que ha hecho pasar España de referente mundial en renovables a una sombra o chiste de país verde. Impuestos al sol, bien correspondidos con puestos en eléctricas, eléctricas que junto a la banca controlan los medios de prensa. Medios de prensa que lejos de informar son colocadores de opinión y distractores de atención.

Un país en el que los neonazis pueden manifestarse por las calles pero donde tú puedes ser multado por rodear el congreso o hacer chistes en redes sociales. Un país donde Blesa pasa una semana en la cárcel pero unos titiriteros un mes. Un país donde el presidente puede chulear ante cámara que no destina ni un euro a Memoria Histórica pero que si lo hace cada año a la Fundación Franco.

Un gobierno que demuestra no tener voluntad política alguna de cerrar heridas. Una derecha que sentencia (en referencia a Cataluña) que “una votación fuera del marco legal establecido no es democrática” pero que no tuvo reparos en apoyar un referéndum ilegal de la oposición venezolana.

Así pues, y visto que la irrupción de la “nueva política” no ha logrado evitar un nuevo gobierno del PP (cada vez más subido en una suerte de nube de triunfalismo), y que en el Estado no se va a ver (al menos pronto) una coalición a la portuguesa, no es de extrañar que mucho no nacionalista de Cataluña quiera votar. Extranjeros, hijos de segunda generación que comparan el pueblo natal de sus padres con como están en el cinturón de Barcelona. Gente no necesariamente nacionalista per sé que ve lo que hay, y la España que les espera a ellos y a sus hijos, y quiere votar. Y algunos incluso votarán que sí, mejor caer en los brazos del 3% que seguir aquí.

Rajoy tenía razón, no hay tanto nacionalista en Cataluña. Pero él los multiplica con creces a cada paso que da. Al fin y al cabo, no hay nada más español que tocarle los cojones al que manda en cuanto te dan la opción de hacerlo.

 

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