Riad Sattouf regresa con la tercera entrega de ‘El árabe del futuro’ (Un artículo de Jon Spinaro)

Firma: Jon Spinaro Probablemente no habrá una serie de cómic autobiográfica de mayor éxito en lo que llevamos del siglo que la que protagoniza Riad Sattouf en El árabe...
Arabe del futuro

Firma: Jon Spinaro

Probablemente no habrá una serie de cómic autobiográfica de mayor éxito en lo que llevamos del siglo que la que protagoniza Riad Sattouf en El árabe del futuro. Con la primera de sus entregas, que llevaba por título Una juventud en Oriente Medio (1978-1984), Sattouf consiguió merecidamente el Premio al Mejor Álbum en el Salón del Cómic de Angoulême en 2014. La obra no tardó en convertirse en un hito a nivel internacional tanto en traducciones a numerosos idiomas como en ventas.

La clave de que conectara con el público era aparentemente sencilla: Sattouf contaba su propia infancia, la de un niño parisino de rubios cabellos rizados, de padre sirio y madre francesa, y que pasó su niñez entre la Libia de Muamar el Gadafi y la Siria de Hafez el-Assad, con estancias ocasionales en la Bretaña francesa en casa de su abuela, y siendo testigo de importantes acontecimientos acaecidos en sus países de estancia.

En la segunda entrega, Una juventud en Oriente Medio (1984-1985), la acción se desarrolla en una localidad cercana a Homs, donde la familia se ha establecido y abarca el primer año de su curso escolar pero describirá también lo que supone la adaptación a un entorno muy complicado, con mucha escasez y totalmente diferente a lo visto hasta entonces.

Arabe del futuro

Todo ello desde el punto de vista de un niño adorable de pelo dorado, que resulta muy llamativo en la sociedad árabe, y unos mofletes que nadie se resiste a pellizcar. Un niño que todavía no comprende el mundo de los adultos y que siente una tremenda admiración por su padre, un profesor universitario de historia obsesionado por el panarabismo.

En esta tercera entrega, que va desde 1985 a 1987, todo sigue aparentemente igual. La familia sigue en viviendo en Ter Maaleh, localidad cercana a la ciudad de Homs. Como se describe magníficamente en el retrato de la primera viñeta Riad tiene siete años y es digno de ver, es extremadamente coqueto continúa yendo al colegio, donde se aplica por ocupar la primera fila de pupitres, sacar dieces en todas las notas y evitar así, los duros castigos físicos a los que les somete el profesor.

Pero en esta ocasión vamos a ir viendo un giro en el papel de la madre, quien ya desde la primera página muestra a todas las luces por su hartazgo a cuenta de las condiciones en las que transcurre su vida. Quiere vivir en la ciudad, quiere tener coche, no soporta que el agua salga marrón y considera que no se puede criar a dos niños en esas circunstancias. Esta actitud y el deseo materno de regresar a Francia, que no se había mostrado en las dos primeras partes de la historia, choca con un padre que pese a haberse licenciado en La Sorbona, sigue alabando las grandezas del arabismo, pese a no ser un estricto practicante y definirse como liberal, tolerante e intelectual. Para los que nos había sorprendido hasta el momento la actitud conformista por parte de la madre, quizás este cambio sea uno de los grandes momento de la obra ya que hasta ahora ella había tenido un papel menos destacado.

Por su parte Riad seguirá viviendo el choque cultural que le supone la diferencia entre las dos culturas en las que está siendo educado. Por un lado disfrutará de la Navidad, algo que no vivirán de igual modo sus primos quienes, por el contrario, ya saben lo que es la circuncisión, un trance por lo que él todavía no ha pasado. Está también el ramadán, que se sigue rigurosamente en el colegio, conseguir cintas de VHS con películas occidentales o las dificultades que suponen establecer una conexión telefónica con Francia.

Todo ello dese el punto de vista de un niño de siete años, lo que permite describir cosas muy serias con dosis de humor y destilando un excelente realismo a veces no exento de crudeza y dramatismo.

En cuanto al dibujo, todo él es en un tono de caricatura y manteniendo la plantilla de tres filas de viñetas a lo largo de casi todas las páginas utilizando siempre el rosa como color de fondo, a excepción del capítulo que transcurre en Francia que es en azul, un capítulo que contribuye a dar otra perspectiva a la realidad de lo que sucede en Siria.

En definitiva, se trata de una serie magnífica que parece estar destinada a llegar a las cinco entregas, que se lee con deleite y que es absolutamente recomendable para todo aquel que quiera disfrutar de un buen rato de lectura.

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