Sabalza sigue triturando técnicos: despide a Diego Martínez y coloca a Braulio en el disparadero

El presidente escenifica el despido a su sexto entrenador en tres años y medio en una maniobra diseñada para apaciguar al osasunismo
OSASUNA TENERIFE Diego Martínez

El presidente de Osasuna, Luis Sabalza, lo ha tenido claro: entre Diego Martínez y la paz en El Sadar ha elegido paz en El Sadar.

Para ello, y después de más de dos horas y media de reunión en El Sadar con su junta directiva y los directores general, Fran Canal, deportivo, Braulio Vázquez, y el secretario técnico del club, José Antonio Prieto ‘Cata‘, no ha dudado en pasar por encima del criterio profesional de su director deportivo , el gran valedor del entrenador, anticipándose así a la más que posible censura de la grada ante un eventual comienzo titubeante de Liga.

Es el sexto entrenador que despide el presidente en tres años y medio al frente del club tras deshacerse de Jan Urban, José Manuel Mateo, Enrique Martín, Joaquín Caparrós y Petar Vasiljevic.

En todo caso y a la vista de los resultados, la posición de Diego Martínez tenía muy mala defensa. Tras anunciar en su presentación una propuesta futbolística fiel a los valores osasunistas y atractiva para El Sadar, el Osasuna de Diego Martínez se ha comportado como un equipo pequeño, a pesar de ser la tercera plantilla más cara de Segunda, incapaz de marcar más de un gol por partido, y que ha dejado escapar puntos en casa en trece de los 21 partidos disputados.

Lejos de atraer espectadores a El Sadar, el Osasuna de Diego Martínez ha conseguido algo que parecía casi imposible: que los osasunistas silben a su equipo y los socios, en una cifra escandalosa, hayan dejado de acudir a los partidos, dato que es uno de los preocupantes indicadores que deja la temporada 2017/18.

A ello hay que sumar que el extécnico del Sevilla Atlético fue contratado por su perfil como  formador de jugadores y esta temporada no ha debutado ni un solo canterano. Aún resuenan en la sala de prensa de El Sadar las palabras de Braulio cuando, para censurar a los jugadores que abandonan Tajonar,  definió a Osasuna como el club en el que más fácil lo tiene un canterano para llegar al primer equipo.

Braulio, tocado

Sabalza despide a Diego Martínez pero es Braulio Vázquez quien queda a la intemperie. A él hay que imputarle, y en gran medida, buena parte del fiasco deportivo tras romper el mercado de Segunda para contratar un ramillete, realmente llamativo, de jugadores con los que ha configurado una plantilla desequilibrada -basta echar un vistazo a la distribución de minutos- y con la que el entrenador que eligió no ha sido capaz de armar un equipo competitivo.

La debilidad estructural del proyecto quedó muy pronto en evidencia. Osasuna se quedó fuera de la lucha por el  ascenso directo casi a las primeras de cambio. Solo un arreón en la recta final ha impedido que también la clasificación para la fase de ascenso fuera imposible.

Arreón y opciones que evitaron que Diego Martínez haya sido despedido antes, como llegó a reclamar El Sadar cuando éste entendía que Osasuna aún podía pelear por la promoción. Porque a Diego Martínez ya lo salvaron el director deportivo y el director general del club, Fran Canal, hace mes y medio, cuando la grada pidió su cabeza tras el empate a uno contra el Lugo.

Y no fue el resultado, que también, lo que encrespó a la paciente afición osasunista. Lo que enervó a El Sadar fue la propuesta, rácana, de Diego Martínez para abordar un partido decisivo frente a un rival que no se jugaba nada. Propuesta que a punto ha estado de meter a Osasuna en la fase de ascenso a Primera división -“me acuerdo del gol del Numancia”, dijo el técnico- pero que no lo ha logrado porque no sólo se perdieron puntos en Soria. En Pamplona han puntuado trece equipos y sólo en tres partidos –Sporting, Zaragoza y Nàstic– el equipo demostró el potencial deportivo que toda la Segunda división ha atribuido al vestuario. Y eso que de esos tres partidos se ganó uno y se perdieron los otros dos.

Proyecto “a dos años”

Hace meses que Braulio inició la maniobra para blindar a Diego Martínez. El fútbol sin alma, un discurso  autocomplaciente y la falta de conexión con la grada estaban desgastando de forma vertiginosa a su entrenador que lo mismo se declaraba resultadista radical que se erigía en paladín del juego y la riqueza táctica.

Ante la falta de credibilidad del entrenador, el director deportivo se sacó de la manga lo del proyecto “a dos años”. Lo hizo, por cierto, después de recomendar la incorporación en el mercado de invierno de dos jugadores “que los quería media Segunda división” en un movimiento que solo podía ser interpretado como un paso hacia el ascenso.

Ese fue, también, el argumento que esgrimió el sábado pasado Diego Martínez en la sala de prensa del José Zorrilla cuando, preguntado por la próxima temporada, aventuraba una mejora del rendimiento del equipo si él seguía en el banquillo.

El preparador gallego puso como ejemplo al Rayo Vallecano y al Huesca. Un Rayo Vallecano que ha subido con Michel, que se hizo cargo del equipo a falta de 16 partidos para el final de la temporada pasada para evitar su descenso a Segunda B. Un Huesca que ha subido con Rubí, que este año se estrenaba en el banquillo altoaragonés.

 

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