Todo es susceptible de empeorar en el Sahel (Un artículo de Cierzo Bardenero)

Firma: Cierzo Bardenero Recientemente se ha conocido, gracias a un juicio llevado a cabo en los tribunales de Senegal contra  varias decenas militantes del Estado Islámico nacionales de este...
Mapa Sahel

Firma: Cierzo Bardenero

Recientemente se ha conocido, gracias a un juicio llevado a cabo en los tribunales de Senegal contra  varias decenas militantes del Estado Islámico nacionales de este país que los mismos estarían implicados en un plan para desestabilizar Gambia, a fin de radicarse en su territorio y desde allí expandirse a la propia Senegal, ambas Guineas y Mali. El mismo estaría orquestado por Abubakar Shekau, líder de Boko Haram,  en cuyos campos los militantes recibieron entrenamiento, siendo abortado por las autoridades senegalesas al dar captura a los yihadistas cuando se disponían  a pasar a la acción.

Dicho plan ha pasado desapercibido en los medios ya que es un incidente más y no de los más graves en un Sahel cuya seguridad en los últimos meses se está deteriorando a marchas forzadas, en medio de múltiples enfrentamientos de diferentes orígenes que están causando un alarmante número de bajas entre la población civil de Mali, Níger y Burkina Faso, alcanzado zonas hasta ahora relativamente tranquilas.

La eterna disputa entre agricultores y ganaderos para controlar los pastos y el agua se encuentran tras recientes masacres en los estados centrales de Nigeria entre fulanis y pueblos cristianos, o los enfrentamientos entre los primeros y tribus bambaras, dogones y tuaregs en el centro y el norte de Mali.

A la violencia tribal que está desangrando la región, hay que sumar la cada vez mayor actividad yihadista en la región maliense de Mopti, que se está extendiendo a la vecina Kulikoró (hasta ahora libre de actividad terrorista) y una actuación ocasional en el norte del país como respuesta a la campaña de erradicación del Estado Islámico en el Gran Sahara por parte de milicias tuaregs.

En Níger, el ejército ha de hacer frente a las incursiones de Boko Haram desde Nigeria en la  sureña provincia de Diffa y a la presencia de un EIGS en el occidente del país que ya causó la  muerte de sus soldados y de fuerzas especiales de Estados Unidos en una emboscada que tuvo lugar a finales del año pasado en la localidad de Tongo Tongo.

Burkina Faso, por su emplazamiento, ha de hacer frente a la actividad yihadista del grupo autóctono Ansarul Islam en la provincias fronterizas con Mali, atentados de gran envergadura como el ataque a la embajadas francesa y el cuartel general del estado mayor del ejército en Uagadugú organizados por un JNIM, cuyo ámbito de actuación se centra mayoritariamente en Mali y a incursiones del EIGS desde Níger.

La actuación de tres grupos yihadistas en un país relativamente pequeño como es Burkina Faso está dando lugar a una extraña dinámica en la que los diferentes grupos reivindican ataques próximos en el tiempo y el espacio dando la sensación de libre tránsito de los mismos por diferentes provincias del país y de una actuación coordinada o cuanto menos de pacto de no agresión entre los mismos.

Para rematar la situación, en las últimas semanas se ha detectado la presencia de grupos armados no identificados en las regiones Este y Centro-Norte de Burkina Faso en las que hasta la fecha no había noticias de actividad yihadista y otros grupos de desconocidos han causado una cadena de matanzas de civiles pertenecientes a las tribus tuareg y fulani en el norte de Mali, en lo que parece un intento de provocar una guerra tribal a gran escala.

Ante la gravedad de los acontecimientos, que han causado más de un centenar de muertes en pocos días, los dirigentes de las milicias tuaregs MSA y GATIA y del grupo de autodefensa de las poblaciones negras del norte del país conocido como Ganda Izo han llegado un acuerdo para rebajar tensiones históricas entre ellos y colaborar en la búsqueda de seguridad para la región.

Como conclusión se puede afirmar que tanto los ejércitos nacionales de Burkina Faso y Mali, así como operativos militares trasnacionales como la MINUSMA o FC G5 Sahel se están viendo desbordados por la ola de violencia que azota sus países y, en menor medida, Níger y que solo las  milicias tribales son capaces de enfrentarse con relativo éxito al yihadismo.

Sin embargo, un excesivo reforzamiento de las mismas aviva las tentaciones de ajustes de cuentas históricas entre tribus sin que los ejércitos tengan la capacidad de frenarlas, dependiendo el fin de las matanzas de la voluntad de los líderes militares y/o políticos de las milicias ya sea porque perciben que el conflicto se les va de las manos o porque entra en escena un tercer contendiente enemigo común de dichas milicias enfrentadas.

Pero el incremento de la fortaleza tribal va en detrimento del Estado en sí y de sus estructuras, convirtiendo irónicamente a dichas tribus en presas fáciles de potencias neocoloniales a la hora de negociar la explotación de las materias primas que existen en los territorios que controlan e impidiendo salir a dichos países en su integridad de la cola del índice de desarrollo.

Sin embargo lejos queda el momento en el que los ejércitos de Mali, Níger, Burkina o Nigeria controlen la totalidad de sus territorios nacionales, tras expulsar a los grupos yihadistas, y puedan mediar en conflictos étnicos, dos de los principales problemas de violencia e inestabilidad en sus países, que se están extendiendo a los vecinos como demuestra el juicio contra los yihadista senegaleses.

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