El topónimo ‘ain’ (un artículo de Eneko Abal)

Breve aporte sobre la etimología ain estudiada a propósito de las batallas aracelitani
Encinas históricas de Araciel en Corella. Foto: EAP
Encinas históricas de Araciel en Corella. Foto: EAP

Firma: Eneko Abal

Uno de los topónimos imprescindibles para conocer la geografía histórica navarra es ain. Se traduce como el comparativo castellano “tan” pero hoy vamos a ampliarlo en el día del roble, el día de la ambarvalia de Ceres y Marte y antes de los días de junio de la carnalia de Carna, la hermana de la diosa Diana. En esta fecha el aporte es sobre el vericueto historiográfico que supone la etimología ain pero lo vamos a hacer desde el día del roble y no tanto desde la percepción romana.

El topónimo ain se puede identificar de forma coloquial como “un lugar que fue”. Por ejemplo, Murugain significa el lugar que fue muru, Marsain era el lugar que fue de Marte, Barañain el lugar que fue de bar, de la raíz del agua, o Amatiain, que fue amatriainzelaia en 1698 y era el lugar que fue cella de las tres madres (cella era la casetilla que protege el altar, el ara).

Las matres aparecen en epigrafías de Burgos, Soria o La Rioja para señalar la presencia de una tríada de deidades relacionada con las necesidades vitales del agua, la tierra o la fecundidad. Son las tríadas anteriores al imperio de Roma, una forma de civilización la del “imperio” a la que se llegó tras fagocitar esas tríadas anteriores con el 3 de Cibeles, Atis y Nana. Esto ocurrió cuando Roma, Escipión y la Sibila de Cumas convergen en un mismo punto de la historia.

El topónimo ain es relativamente moderno

La llegada de Cibeles a Roma supuso una ruptura extraordinaria con la humanidad anterior al año 205 aC. A partir de ese momento una comunidad que fue amatria pasa a ser amatriain, lo que desprende que el topónimo ain es de significado “lugar que fue” frente a “lugar que es”, ain es el pasado por decirlo de alguna manera, el recuerdo para el tiempo, lo que fue. Dicho esquemáticamente, con el monopolio del materialismo romano los lugares que son pasaron a denominarse como los lugares que fueron.

Los primero lugares, los anteriores al topónimo ain son los que tenían un centro con un árbol roble o aigo que acompañaba al ara que fue el altar. En el centro indígena de una población había al menos una piedra altar y un árbol roble, y el topónimo ain describe cómo los lugares con un roble se convirtieron en lugares que fueron. Pasaron de aigo a ain.

Ciertamente aigo es “roble, encina” como dice la profesora Prosper, y si, también aritz es roble en el euskara actual. Esto ocurre porque fueron percepciones diferentes del mismo elemento estructural, el árbol roble, palabras diferentes para señalar el mismo objeto. Una percepción fue la de aigo porque era el lugar del ánimo del espíritu de la comunidad, porque es sabido que gogo significa “ánimo” en euskara y porque esto también queda señalado con los robles de la mitología que acercaba el profesor Barandiaran. La otra percepción es la de aritz, que era el árbol al lado del altar ara. El aritz al lado del ara.

 El indoeuropeo aigo cambió de percepción a ain al quemarse el árbol en la arrasada de conquista, que es lo que cambia nombre de amatria a amatriain. El árbol roble que era llamado aigo fue entonces rebautizado como ai-n, lo que decanta que hubo go antes que un n. O mejor dicho tuvo que haber un aigo para que haya después un ain. Tuvo que haber un roble central aigo que al conquistarse provocó la nueva percepción del lugar como ain.

La geografía navarra era un bosque de robles y encinas

En cualquier caso hemos de tener presente que la etimología de los árboles robles es especial en casi todos los idiomas arcaicos. Es una raíz original, una arcaica de entre las arcaicas. En la lengua euskara tenemos la fortuna de guardar un decodificador que tiene hermanadas las palabras hartza como animal oso, harri como piedra o incluso arrano como ave águila. Pero tanto el roble como el oso como la piedra como el águila fueron elementos estructurales de la comunidad, eran aigos para entendernos, los aigo de la comunidad.

La palabra aigo se traduce como roble pero tiene más sentido traerla en relación con el gogo de la mitología, los árboles sagrados que eran el “espíritu”, el “ánimo” de cada comunidad, el gogo en euskara que comentábamos. Este gogo nos lleva a otro contexto que amplía aún más la integral de ain.

Con el topónimo ain averiguamos el No de la geografía prelatina

Ahora, con el topónimo ain definido en los días del roble, la palabra arrano y la palabra aigo adquieren pues un significado más nítido y demuestran la relación árbol-águila mucho más allá de la especial ar de aritz-arrano. Esto se puede afirmar porque también están relacionadas aigo y arrano por la segmentación ar-ra-no, en la que vemos claramente tres conceptos. El primero es ar, que aparece en las monedas de la Península Ibérica anterior a Roma y puede traducirse como una forma de decir “comunidad” o “comunidad haciendo”. La raíz ar es el origen de muchas igual que an, unas de esas raíces señaladas especiales, ar para el ara o el aritz y an para la griega arcaica an.

Como vemos ar es la raíz especial del árbol roble o del águila precisamente porque eran un aigo. No creo que aritz sea solo la traducción literal de “roble” sino que puede ampliarse su definición a elemento central junto al altar o ara, lo que le tradujo como el aigo principal y de ahí la traducción “roble, encina”. Pero eso no le quita a un arrano sus propiedades principales como aigo de la comunidad porque fue la representación de todas las comunidades, el mismo Sancho el Fuerte lo firma. Y tampoco le resta a un artz su característica importante como aigo porque ésta también fue la persona-oficio que guiaba. Eran responsabilidades en la comunidad, conceptos principales de esa comunidad, aigo, y al estar el roble junto al altar, junto al ara, parece que su traducción quedó como único aigo a la vez que traducible como ar, aritz.

El segundo concepto del segmento arrano es ra, que es la preposición “a” de destino, desplazamiento. Resulta curioso que la definición actual de arra sea “remordimiento” al asociarse con la literalidad de “alejarse de ar”, lo cual fue asimilado como una tristeza. Y como sabemos que arra-kala es una grieta en euskara, una hendidura, podemos pensar que una segmentación asimilable a arrano sea directamente arra-no, “la comunidad desplazándose a no”.

La palabra no es el acrónimo arcaico de nausitasun, “soberanía”. Concretamente puede traducirse como “soberanía para el tiempo” si atendemos solo al acrónimo “no”; aunque se explica mejor con el nausitasun del euskara y con la contraposición no y go, que nos facilita la distinción entre soberanía dinámica y soberanía en un lugar, la soberanía no y la de un lugar marcado con un roble, go. A esta contraposición llegamos porque tenemos la fortuna de guardar el “no” en la toponimia navarra, con ella se profundiza en todas estas etimologías que estudiamos: Noain, “el lugar que fue no”. Incluso tuvimos una moneda ibérica en la que se leía literalmente “nono” que apunta directamente a este lugar con la misma pátina verde y los mismos relieves que la moneda barscones. Hecha en la misma ceca.

La etimología de “soberanía”

Nausitasun es una palabra a la que igual que al topónimo ain se le ve una n final que aparentemente no cae bien en la segmentación. Creo que esta n final junto a su queda aislada porque nadie se pudo imaginar inscribir un “nausitasuain” (el lugar que fue soberano. No se puede mencionar algo que, ésta vez si, no se puede mencionar por su inexistencia. Nadie podía mencionar un ain de nausitasu porque sabemos que esta “soberanía” no cambia hasta el siglo XIX y tampoco se dejó de reivindicar.

En la etimología nausitasu-n podemos observar el segmento nausi-tasu. La terminación tasu explica la comunidad consagrada al fuego, ta-su, y es una percepción hermana de tani de los aracelitani del Ebro o de la Antonia que aparece en la piedra pamplonesa del siglo II dC. Sobre ella he aportado un breve para seguir en estos artículos. La palabra no fue el acrónimo de Nausi y de O, la representación de una comunidad con fuego sagrado su en una sola letra: no.

La raíz naus es claramente una referencia a Nausicaa, que era la diosa helena similar a Nabia. De hecho la historiografía las escribe con diferentes palabras pero eran la misma desde otra percepción – otra vez – como con aigo y ain, como en no y go, o como en aritz y aigo, que eran en el mismo concepto solo que percibidos de distintas maneras. Aquí pasa lo mismo, Nausicaa es nau y Nabia es nav, donde sabemos que la propia Roma escribió la letra U como una V en el emperador Avgvstus del ejemplo típico.

No puedo pasar por aquí sin dejar de apuntar que igualmente las raíces del agua bar, var  y uar son la misma desde diferentes percepciones. Igual que ber, bor, bur. Al igual que por otra parte “agua” se percibía como “agua física” ur, uar, el “agua sagrada” era var, el “agua en movimiento” era iz, y el “agua mitológica” era asociada a ana, conocida como “diosa indoeuropea de la madre naturaleza”. En lenguaje natural estas raíces bar, iz o an parecen percepciones de “agua” en una lista finita imposible de implementar en un solo aporte.

El lugar de No

La soberanía arcaica estaba centralizada bajo la Higa de Monreal que comunicaba con el Ebro. También más allá del Ebro, con el Pirineo, más allá de su montaña, con el poniente, el oriente y más allá de su cercanía inmediata. Descrito objetiva, toponímica y visualmente, la Higa de Monreal conectaba con todo el derredor geográfico como un centro estratégico de una magnitud sin parangón.

El lugar es hoy conocido como No-ain pero tiene también un Ber-ia-ain de raíz ber del agua. Son dos lugares que desde una localidad se denominan como “torres de Elorz” y confirman el nombre “elo” de la montaña Higa de Monreal. Esta era la torre principal por su altitud pero fue un valle con dos geologías centrales que podemos ver con nuestros propios ojos desde la carretera: la de Beriain en un lado, que hoy se llama “muga de oriz” o “alto de la cruz”, y la de “la muga de Noain” que se llamó “santo domingo”.

En ambas geologías se hallarán algún día los cimientos de antiquísimas fortificaciones que por otra parte no son únicas en el valle. Además está la de Tiebas en la entrada sur, utilizada por el Duque de Alba para dirigir la batalla del No de 1521. Está la torre del Puno en la falda de la sierra de Alaiz, está la del monte Mendi de Salinas de Pamplona , está la conocida torre de Monreal recuperándose y por supuesto Elo en el Alto de la Higa. Juntas estas torres principales conformaron el valle de No que al ser conquistado fue denominado el lugar que fue no, Noain.

 

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