UPN de Pamplona se preocupa ahora por la conservación del poco patrimonio arqueológico que no destruyó durante sus mandatos

El grupo municipal de UPN en Pamplona ha exigido al cuatripartito un “proyecto escrupuloso” para el huerto urbano Rincón de las Pellejerías. Según los regionalistas, existe el peligro de...
Restos encontrados en la Plaza del Castillo
Restos encontrados en la Plaza del Castillo

El grupo municipal de UPN en Pamplona ha exigido al cuatripartito un “proyecto escrupuloso” para el huerto urbano Rincón de las Pellejerías. Según los regionalistas, existe el peligro de actuar “sin control” en un espacio con restos arqueológicos que podrían verse afectados. Hasta el momento, dicen, no hay un proyecto técnico de la obra, sino “un croquis que define, de una manera superficial”, dicen, “la distribución del espacio interior y lo que quieren hacer en cada zona”. En la nota en la que aseguran todo esto, dejan claro que “es necesario ser mucho más rigurosos cuando se interviene en el patrimonio de todos los pamploneses y, especialmente, en espacios de valor arqueológico”.

La necesidad de velar por el rigor en las intervenciones que puedan relacionarse con patrimonio arqueológico en Pamplona queda clara si repasamos algunos casos, más o menos recientes, en esta materia.

Parking de la plaza San Francisco (1992) Fue el primer gran parking subterráneo excavado en el casco histórico pamplonés. La empresa Trama fue la encargada de la supervisión arqueológica de las obras (se puede incluso consultar el dossier íntegro). Aparecieron restos de varias épocas, y algunos de ellos fueron llevados a una exposición debido a su importancia y buen estado de conservación.

163 objetos y fragmentos de aquellos restos tan importantes fueron noticia 24 años después. En septiembre de este 2016, fueron encontrados en un almacén, metidos en cajas de cartón, envueltos en papel de periódico, sin identificar ni catalogar. Según el Ayuntamiento, habían sido guardados en unas condiciones que no garantizaban ni su integridad ni su conservación, por lo que es posible que parte de ese patrimonio se haya echado a perder.

Parking de la Plaza del Castillo (2001-2003) Unas obras largas y llenas de polémica terminaron con un nuevo aparcamiento subterráneo en el llamado salón de estar de Pamplona. Durante los trabajos, fueron hallados abundantes restos medievales, unas termas romanas y la necrópolis musulmana más antigua de toda la Península Ibérica. Sus 190 enterramientos, datados entre el 713 y el 799, en 4.000 metros cuadrados constituían un hito arqueológico que cambiaba la Historia de Pamplona, e incluso ha sido objeto de una tesis doctoral… en Alicante.

De la necrópolis que cambiaba la Historia musulmana de la Península Ibérica, hoy quedan… el recuerdo y la hemeroteca. En el parking de la plaza del Castillo solo se incorporaron varios lienzos de muralla, sin carteles explicativos. Gran parte de los restos arqueológicos se encuentran en el barrio de Lezkairu… enterrados en un talud para el que sirven como relleno.

Palacio de Congresos Baluarte (2003) La construcción de un palacio de congresos y auditorio con 900 plazas de parking “desenterró” una parte de los muros de la Ciudadela: el baluarte de San Antón, derribado en la década de los 50. En 1999 se aprobó el primer proyecto básico, con un presupuesto (según la auditoría que realizó la Cámara de Comptos) de 46 millones de euros. El “hallazgo” del baluarte (que podía haberse previsto simplemente mirando un plano de Pamplona), supuso un cambio del proyecto tan radical como el incremento de los costes, que acabaron por ascender a una horquilla, según Comptos, de entre 78 y 86 millones de euros. Es decir: incorporar un elemento arqueológico que se sabía que podía encontrarse en el lugar excavado terminó por encarecer el proyecto casi un 90%. ¿Cabe preguntarse sobre la rigurosidad del primer proyecto técnico?

Los adoquines revendidos de la Estafeta En febrero de 2007 salió a la luz qué había ocurrido con parte de los adoquines que se cambiaron en las obras de peatonalización de la Estafeta pamplonesa. En concreto, con 8.400 piezas de adoquín. Un adoquinado del siglo XVIII, retirado por la empresa adjudicataria de las obras, y que teóricamente se retiraba por inservible, acabó revendido al precio de 42.000 euros (de los que el Ayuntamiento pamplonés no recibió nada). A cinco euros el adoquín, lo que se había quitado de la Estafeta para, presuntamente, enviarlo a una escombrera, acabó en Beasain. Hoy, ese adoquinado es pavimento del puente de Igartza, restaurado en aquellos años. Quizá llamar “patrimonio arqueológico” a esos adoquines sea un exceso; sin embargo, no es excesivo preguntarse cómo una empresa privada pudo hacer negocio con un material proveniente de Pamplona sin que el Ayuntamiento de Pamplona lo supiera ni recibiera ninguna compensación por ello.

De estos pocos ejemplos elegidos, se puede deducir que sí, que UPN sabe de qué habla cuando pide rigor en el cuidado del patrimonio arqueológico de Pamplona y proyectos técnicos completos que tengan en cuenta este tipo de cuestiones.

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