Urge una solución global e integral para el Sahel… antes de que sea tarde (Un artículo de Cierzo Bardenero)

El no ayudar ahora a Mauritania, Mali, Burkina Faso o Chad, limitándonos devolver a los inmigrantes que llegan y pagando a otros países para evitar su salida solo aplaza la solución del problema hasta que este tenga difícil solución
Mapa Sahel

Firma: Cierzo Bardenero

En fechas recientes, el general Vincent Desportes, antiguo director de la Escuela de Guerra donde se forman los altos oficiales del ejército y la gendarmería francesa, alertó en el canal público de noticias France Info sobre la falta de medios de las tropas francesas para luchar contra el yihadismo en el Sahel.

En dicha entrevista, el militar afirmó que el Gobierno francés inició una operación militar con material obsoleto y que desde entonces tampoco se ha invertido en renovación de vehículos militares y helicópteros por lo que las averías de los mismos les fuerzan a actuar bajo mínimos la mayoría de las veces.

Actuando la operación Barkhane, la mayoría de las veces con información de la inteligencia de unos Estados Unidos que no quieren implicarse en el patio trasero de los franceses, las tropas de estos países a duras penas han conseguido contener el yihadismo en el Sahel aun cuando este actuaba por separado en diferentes organizaciones.

El alto coste humano, debido a las bajas militares, y económico empujó hace meses a Francia a buscar ayuda entre sus socios de la Unión Europea para abordar conjuntamente una solución para el Sahel recibiendo como única respuesta el compromiso de Alemania de invertir económicamente para desarrollar la zona y el envió de instructores de cuerpos de policía expertos en lucha antiterrorista de Portugal, España e Italia.

La ayuda, aunque bien recibida por Francia y el resto de países que componen la operación Barkhane, es escasa ante el redoblado desafío yihadista, lo que empujó a los gobiernos de esos países a la creación de un ejército conjunto compuesto por soldados de Mauritania, Mali, Burkina Faso, Níger y Chad, conocido como FC-G5S cuyo presupuesto asciende a 400 millones de euros.

Tal y como ocurrió en la anterior petición de ayuda internacional por parte de Francia, la creación del FC-G5S recibió muy buenas palabras en el contexto internacional pero solo recibió el apoyo económico expreso de la UE, China y Rusia y reticencias de Reino Unido y Estados Unidos así como un apoyo mínimo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Una de las primeras medidas tomadas por Macron al llegar al Eliseo fue visitar el Sahel y mostrar su apoyo a las tropas francesas destacadas en la zona así como reafirmar su compromiso con el resto de componentes de Barkhane en la lucha contra las bandas terroristas y criminales que azotan la región.

Aunque teóricamente la puesta en marcha de FC-G5S no sustituye a la Operación Barkhane sino que lucharían en el mismo espacio geográfico contra un objetivo común como es el yihadismo, el hecho de mantener dos contingente militares es difícil de sostener por tanto por las haciendas como por los ejércitos de los países africanos implicados aun si se cumpliesen las promesas de ayuda económica internacional.

En cuanto a Francia, es posible que la realidad acabe imponiéndose a las promesas de Macron y sea difícil de justificar un aumento de la inversión en Defensa y en financiación de la Operación Barkhane y el FC-G5S mientras se realizan duros ajustes económicos en el país, incluyendo despidos masivos de funcionarios, recortes en servicios públicos y una reducción de miembros tanto en la Asamblea Nacional como en el Senado.

Por tanto, pese a las buenas palabras generalizadas a nivel internacional, no hay seguridad de que las partes que se han comprometido a apoyar la lucha contra las lacras que acechan en el Sahel cumplan con su palabra y la falta de financiación acabe por disolver la Operación Barkhane y/o llegue el fin de FC-G5S, incluso antes de salir de los cuarteles.

En el corazón del Sahel se está gestando una situación explosiva debido a la actuación no solo de yihadistas de JNIM, Ansarul Islam, Estado Islámico en el Gran Sahara o Boko Haram sino también de traficantes de drogas, armas, seres humanos y órganos, en un terreno donde la miseria es extrema y la desertificación avanza sin freno.

Esa pobreza extrema hace fácil la labor de reclutamiento por parte de estas organizaciones criminales o yihadistas y dificulta extremadamente la labor de las fuerzas policiales o antiterroristas al depender el sustento una parte sustanciosa de la población de la existencia de las mismas.

Por eso, mientras las condiciones de vida en los países del Sahel no mejoren será imposible poner freno al avance de la criminalidad y del yihadismo, siendo  tanto FC-G5S como la Operación Barkhane solo un muro de contención que impide que dichos países o parte de ellos caigan en manos de redes terroristas trasnacionales.

La actuación conjunta del avance de la desertificación, los conflictos tribales por el control del agua y los pastos, las operaciones de la redes criminales y yihadistas están generando contingentes de personas cuya alimentación depende de la ayuda internacional y columnas cada vez más grandes de personas que cruzan el Sahara en busca de una vida mejor.

En el Sahel nos jugamos mucho si las instituciones internacionales, estatales y autonómicas/regionales no abordan de forma integral la búsqueda de una solución duradera para la región puede que en un futuro próximo su inestabilidad arrastre a los países del Magreb y el sur de Europa.

Es difícil justificar en época de crisis y recortes generalizados el hacer inversiones económicas durante una serie más o menos larga de años para que otro país se desarrolle, consiga estabilizarse y más difícil defender la financiación del mantenimiento de tropas propias o de los países del Sahel en la lucha organizaciones yihadistas que actúan a miles de kilómetros de casa.

El no ayudar ahora a Mauritania, Mali, Burkina Faso o Chad, limitándonos devolver a los inmigrantes que llegan y pagando a otros países para evitar su salida solo aplaza la solución del problema hasta que este tenga difícil solución, cuando el Sahel se haya convertido en un santuario yihadista desde el que lanzar ataques y columnas de refugiados desborden las fronteras del Magreb y Sur de Europa tal y como ocurrió en Turquía y los Balcanes recientemente.

 

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