¡Vivan las ‘caenas’! (Un artículo de Mikel Zuza)

Firma: Mikel Zuza  | El monolito que, delante del Archivo Real y General reconoce y homenajea al reino de Navarra, fue inaugurado por el Gobierno Foral el 3 de...
Vivan las Caenas

Firma: Mikel Zuza  |

El monolito que, delante del Archivo Real y General reconoce y homenajea al reino de Navarra, fue inaugurado por el Gobierno Foral el 3 de diciembre de 2016, en el marco de la celebración del día de la Comunidad.

Entonces no se oyó a ningún supuesto defensor de las esencias patrias quejarse, quizás porque para muchos de ellos subir ¡andando! a aquel rincón de la Navarrería supone demasiado esfuerzo.

Así que ha habido que esperar un año entero para que Jaime Ignacio Del Burgo, aprovechando la presentación en prensa de su último libro, que lleva por título: “Navarra en la Historia: Realidad histórica frente a los mitos aberzales” [sic.], meta al pobre Teobaldo I en no sé qué conjura eusko-masónica por la cual el escudo de armas que aparece en dicho monolito sería un invento de la dinastía de Champaña que los “euskalherriacos” (y recomiendo a quienes sufran estados febriles y/o catarrales que aprovechen para pronunciar semejante palabreja, porque despeja al instante la garganta y la nariz, sobre todo si se hace lentamente: e-u-s-k-a-l-h-e-r-r-i-a-c-o) habrían adoptado ahora mismo, en 2018, para llevarnos a todos empomelados (que no encadenados) de pies y manos a Euzcadi.

Y la verdad es que no acierto a comprender por qué le ha tomado semejante manía al buen rey Teobaldo, que además de ser un gran poeta –cuyos versos siguen ¡ay! sin tener una traducción integra al castellano o al euskera (¿o debo decir vascuence? No sé, se lo consultaré al primer euskalherriaco con el que me encuentre)- fue precisamente quien ordenó compilar el Fuero.

Ese Fuero que a don Jaime Ignacio tan bien le ha venido para desarrollar toda su carrera política, y que no entiendo por qué no echa en cara también a nuestro coronado trovador.

Porque si el escudo que él diseñó es el que ahora emplean las hordas (y seguro que también los hordos, que recién pasadas las navidades todavía no se habrán puesto a régimen foral) para engañar a los pobres navarros, quizás también el Fuero hecho recopilar por aquel rey esté trufado de peligrosas Transitorias Cuartas.

Es más, estoy seguro de que en su próximo libro nos descubrirá, además del Pagasarri, la nueva versión de la –en principio- inocua lección cantada por Txirri, Mirri eta Txiribitón (que sin duda debieron pertenecer también a la malhadada dinastía de Champaña).

Así, la consabida tonada: Sagarra, manzana. Ikatza, carbón. Mujer, andrea eta hombre, gizon, se convertirá en la mucho más apropiada: “Navarra en peligro, si manda Asirón, nos llevan a Euzcadi, si no lo impido yo”.

Lo que pasa es que la realidad es tozuda, y por mucho que el señor Del Burgo trate de rivalizar con Philip K. Dick o con Isaac Asimov en cuanto a imaginación desbordada, el monolito que le causa más congoja que el de la película “2001” al crítico Carlos Pumares, no ostenta el escudo de Teobaldo I de Champaña, sino el que los técnicos del Archivo Real y General juzgaron más oportuno para simbolizar al Reino de Navarra.

Aunque sucede que ellos no se lo sacaron tampoco del caletre, sino que se basaron en el que dibujó en 1571 Ramón de Oscáriz, a la sazón rey de Armas nombrado por la Diputación del Reino, en el Libro de Armería, como puede comprobar cualquiera que le eche un vistazo.

¿Y sabéis por qué tuvo que dibujar un nuevo Libro de Armería?

Pues porque en el año 1557, el muy castellano doctor Hernán Juárez de Toledo, visitador de los Tribunales, incautó el libro antiguo, alegando que no reunía los requisitos legales para hacer fe, como hasta entonces, en las causas de nobleza.

Aquel robo levantó tan gran polvareda en el Reino, que tanto las Cortes de Tudela de 1558, como las de Sangüesa de 1561 reclamaron su devolución inmediata, que como podemos suponer, aún estamos esperando.

Así que a ese latrocinio heráldico (uno de los muchos que se dieron a partir de 1512 por estos lares), y no a otra cosa, es a lo que debemos que la Diputación del Reino tuviera que encargar un nuevo Libro de Armería, que como ya he dicho, confeccionó el rey de armas Ramón de Oscáriz en 1571.

Ese es, por tanto, el libro que conservamos, y de él, y no del escudo de Teobaldo (que era partido y dimidiado de Navarra y de Champaña, como puede comprobarse, por ejemplo, en los famosos capiteles de la catedral de Tudela o en la clave central de la iglesia de Santa Eufemia de Tiebas), es de donde los técnicos del Archivo de Navarra sacaron el diseño del escudo que aparece grabado en el dichoso monolito.

Claro que también puede ser que hayan entendido mal la palabreja, y en vez de monolito hayan pensado que era un Manolito. Concretamente el amigo de Mafalda. Porque hay algunos en Navarra que parece que toman siempre de guía y ejemplo aquel momento en el que la maestra de escuela le preguntaba:

Veamos, Manolito, ¿Qué es lo que no has entendido?

Desde marzo hasta ahora ¡nada!, señorita.

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