Yemen; las incógnitas tras la muerte de Ali Saleh (Un artículo de Cierzo Bardenero)

Firma: Cierzo Bardenero En la mañana de hoy, el movimiento Ansarollah ha dado a conocer la muerte del que fuera presidente de Yemen durante más de tres décadas, Ali...
Ali Saleh

Firma: Cierzo Bardenero

En la mañana de hoy, el movimiento Ansarollah ha dado a conocer la muerte del que fuera presidente de Yemen durante más de tres décadas, Ali Abdullah Saleh, junto a parte de la cúpula de su partido, el Congreso General del Pueblo, a resultas de un enfrentamiento armado o una posible ejecución sumaria, así como la captura de uno de sus hijos.

La relación entre Ali Abdullah Saleh y el movimiento Ansarullah ha sido tormentosa desde sus comienzos, con múltiples enfrentamientos armados que acabaron con la vida del fundador del grupo Hussein Badreddin al-Houthi (por cuyo apellido son conocidos sus seguidores como los Houthis), otros miembros de su familia y destacados líderes de este grupo que surgió para renovar el culto zaidi, del que era fiel el mismo Ali Saleh.

Desde 2004 y durante casi una década, Ali Saleh ordenó una serie de operaciones militares contra los houthis para erradicar el movimiento religioso al que veía como una amenaza a su poder, valiéndose para ello de la ayuda militar de diversos países árabes sunníes encabezados por Arabia Saudí alegando que eran un peón de Irán en el Golfo Pérsico.

Pese al empleo masivo de material militar saudí, el uso de milicias islamistas/salafistas sunníes y tropas de diversos países árabes junto al ejército yemení, Ali Saleh fue incapaz de erradicar el movimiento houthi, mostrando una debilidad no vista antes en fechas previas a una Primavera Árabe Yemení que estalló en 2011.

Durante ese año, la inestabildad fue en aumento, incluyendo matanzas de manifestantes desarmados, lo que originó una crisis de gobierno que forzó a Ali Saleh a hacer una serie de concesiones a la oposición de las que más tarde se desdijo, provocando que las protestas se transformasen en un conflicto armado contra una oposición que incluía a tribus, independentistas del sur, estudiantes, milicias salafistas y a los houthis.

A mediados de año, una explosión en la mezquita del Complejo Presidencial que mató o hirió a sus colaboradores más próximos, causaron a Ali Saleh heridas de tal magnitud que le forzaron a comenzar una gira por hospitales del Golfo Pérsico y Estados Unidos mientras el poder era ejercido interinamente por su vicepresidente Abd Rabbuh Mansur Hadi.

El periodo de convalecencia se prolongó más de lo que Saleh deseaba, mientras Hadi sufría una crisis de legitimidad de tal magnitud que empujó a Arabia Saudi y Estados Unidos a forzar la dimisión de Saleh, a lo que este accedió a regañadientes en febrero de 2012, tras 34 años en el poder.

La forma en que fue desalojado de la presidencia le generó una sensación de traición y enseguida empezó a mover pieza para recobrar el poder, lo que le llevo a romper con sus antiguos aliados, incluyendo a Hadi, y unirse a unos houthis que comenzaban a avanzar desde sus bastiones en el norte del país hacia Sanaa.

A finales de 2014, los houthis entraron en Sanaa con la colaboración discreta de elementos del Congreso General del Pueblo y tribus y militares leales a Ali Saleh, dando ambos el golpe definitivo al gobierno de Hadi en febrero de 2015 al hacerse con el control de la totalidad de la capital mientras este y su gobierno huían a Adén y solicitaban la ayuda de Arabia Saudí.

El año 2015 fue el de la caída a los infiernos del que es el país más pobre del Golfo, ya que el intento de la alianza Houthi-Saleh de hacerse con el control de la totalidad de Yemen fue respondida por Hadi con la solicitud de ayuda a una Coalición Árabe encabezada por Arabia Saudí, mientras el movimiento independentista del sur cogía fuerza y Al Qaeda y el Estado Islámico campaban a sus anchas por sur y este del país.

Con Hadi y su gobierno refugiado en Riad, Arabia Saudí junto a tropas de diez países árabes o islámicos comenzaron una operación militar que se prometía sencilla para acabar con la alianza Houthi-Saleh, pero que rápidamente se empantanó causando altísimas bajas a los miembros de la Coalición y que en última instancia tuviesen que recurrir a contratar tropas mercenarias de empresas privadas.

La frustración saudí  le ha llevado a dejar Yemen como un solar con bombardeos diarios durante más de dos años a escuelas, hospitales, carreteras, líneas de suministro a civiles, cementerios e, incluso, a funerales, dejando un rastro de decenas de miles de muertos por desnutrición, cólera y los bombardeos propiamente dichos.

Si ya de por si era humillante para los Saud la resistencia de los partidarios de la alianza Houthis-Saleh, en Yemen esta se incrementaba con los avances de los segundos en las provincias de Arabia de mayoría zaidi y el lanzamiento de misiles balísticos sobre sus ciudades.

Sin embargo la alianza se empezó a resquebrajar a finales de noviembre, coincidiendo con un salto cualitativo en el alcance de los misiles lanzados por los houtis, y pese a que Qatar se ofreció a mediar entre ambos, los encontronazos entre militantes de Ansarullah y seguidores de Ali Saleh derivaron en un conflicto abierto por las calles de Sanaa que causaron decenas de muertos.

El lanzamiento de un misil por parte de los houthi contra una central nuclear en Emiratos Arabes Unidos, que no impactó contra la misma pero si en el país y un lanzamiento previo contra el Aeropuerto Internacional de Riad, hicieron saltar las alarmas a los miembros de la Coalición Árabe y valorar positivamente las ofertas de Ali Saleh de combatir a los que presentaba como agentes de Irán.

Sin embargo, cuando parecía que Ali Saleh iba a hacer su enésima pirueta para recuperar el poder, otra vez bajo el manto saudí, ha perecido en un incidente confuso en el que están implicados los houthis abriendo una serie de interrogantes sobre el futuro próximo de Yemen.

Y es que con un Hadi impotente que gobierna desde Riad a base de publicaciones en Facebook, Saleh parecía la mejor opción de los Saud para reunificar un fracturado ejército, retomar la capital del país y así poner fin a una humillante y costosísima operación militar para situar de nuevo a Yemen en la órbita de Arabia Saudí.

Pero no es que solo haya perecido el elemento clave de una futura estrategia saudí en Yemen, es que también han sido neutralizados muchos de sus sucesores al morir junto a él parte de la cúpula del partido y ser capturado uno de los hijos de Ali Abdullah Saleh, lo que deja muy debilitada la opción de colaboración entre partidarios de Hadi y del Congreso General del Pueblo.

Además, con Saleh muere un elemento moderador de unos houthis que han demostrado valor en el campo de batalla y pocos escrúpulos en usar contra sus enemigos exteriores unos misiles que afirman que son de producción propia pero que guardan similitudes con otros iraníes a fin de detener la agresión internacional contra su país.

Por tanto, los acontecimiento recientes no hacen sino alargar un conflicto sangriento, al frustrase un movimiento que hubiese decantado al balanza en favor de una Arabia Saudí a la que fuerzan a mantener la operación militar que le desangra económicamente o a retirarse reconociendo una humillante derrota ante una milicia chiita de la que se sospecha recibe el apoyo de las Guardia Revolucionaria iraní.

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