Yemen, el Vietnam del Golfo Pérsico (Un artículo de Cierzo Bardenero)

"Los médicos de los poco hospitales aun en pie el país ven impotentes como miles de civiles, muchos de ellos de corta edad, agonizan o mueren desnutridos en escenas similares a las vividas en los campos de exterminio de la Segunda Guerra Mundial"
Manifestación del pasado domingo día 26 en las calles de Sana.
Manifestación del pasado domingo día 26 en las calles de Sana.

Firma: Cierzo Bardenero

El día 26 de marzo, cientos de miles de yemenís se echaron a las calles para mostrar orgullosos al mundo que seguían resistiendo tras dos años una de las agresiones militares más salvajes que el mundo haya visto las ultimas décadas.

Yemen, el país más pobre del Golfo Pérsico y uno de los más pobres del mundo, es una suerte de No Estado enclavado en una de las zonas más ricas del planeta por su abundancia de petróleo y gas. Buena parte de la culpa de la pésima suerte de Yemen la tiene su vecino del norte, que más que un país soberano la considera un patio trasero que no tiene que levantar cabeza y gobernarse por sí misma.

En sí, Yemen es rica en petróleo como sus vecinas y su ubicación estratégica hace que desde Bab al Mandeb se controle una de las vías de comercio claves para la economía de la zona y del mundo, la ruta entre el Mar Mediterráneo y el Océano Indico, y es por ello que Arabia Saudí se ha inmiscuido en la política interna de Yemen desde la creación de ambos países tras el colapso del Califato Otomano.

[Para leer en Navarra.Orain más análisis de política internacional por Cierzo Bardenero]

Fruto de esas intrigas geopolíticas en esta desgraciada tierra, el país se ha visto sumido en innumerables guerras durante el último siglo como son la lucha por la descolonización en el sur, luchas entre monárquicos y republicanos en el norte, una guerra tribal disfrazada de lucha interna en el partido socialista que gobernaba el sur, fusión entre ambos yemenes, disolución de la unión, nueva y parece que definitiva unión entre ambas.

Cuando parecía que nada podía alterar seriamente la estabilidad del país, aparte de focos yihadistas en zonas remotas controladas por AQPA que hábilmente magnificaba Ali Abdulllah Saleh para recabar el apoyo económico de Estados Unidos y Arabia Saudí para combatirlos, surgió en el norte del país el huthismo como grupo de renacimiento religioso zaidi.

El zaidismo es una rama menor del chiismo, muy similar al sunnismo, siendo el grupo religioso más numeroso en el norte de Yemen y tres provincias del sur de Arabia que en el pasado fueron arrebatadas a los yemenís. Lo que en su origen era un grupo pacifico fue presentado por Ali Abdullah Saleh, también zaidí, como una cabeza de puente iraní que podía desestabilizar Yemen y el sur de Arabia.

Comenzó así una represión traducida en una década de infructuosas operaciones militares ordenadas por el gobierno yemení apoyado por tropas de Arabia, varios países del golfo e integristas islámicos contra unos zaidis que se organizaron militarmente tras el asesinato de su líder Hussein Badrredin Al Houthi, de quien han heredado su nombre oficioso, los Houthis.

Después de 33 años en el poder, en medio de una grave crisis política generada por el estallido de una primavera árabe y la insurrección houthi, Ali Abdullah Saleh sufrió un atentado que le calcinó parte del cuerpo y causó graves heridas a parte de su gobierno y cúpula militar, por lo que tuvo que recibir asistencia sanitaria en diversos países, incluyendo Arabia Saudí.

Tras resistirse durante meses a entregar el poder pese a su crítica situación, al final cedió el gobierno a su vicepresidente Al Hadi en 2012, traspaso de poder que recibió el apoyo tanto de Washington como de Riad. Sin embargo, Al Hadi fue incapaz de estabilizar el país, inestabilidad que agravó el retorno de Ali Abdullah Saleh, ya visiblemente recuperado, debido a los recelos que provocaba su vuelta entre parte de la población yemení.

En Oriente Medio hay pocas cosas seguras, pero una de ellas es que Ali Abdullah  Saleh nunca defrauda, así que en 2014 dio un viraje en sus posturas pasando a apoyar la insurrección houthi junto a sus seguidores en la clase política y el ejército. Este cambio de postura provocó la implosión en pocas semanas de las estructuras del Estado yemení que finalizaron con la toma de Sanaa.

Ante el asombro y la alarma de los vecinos, los houthis, Ali Abdullah Saleh y diversas tribus y partidos que se sumaron a la insurrección se repartieron el poder mientras sus tropas avanzaban hasta Adén, donde Al Hadi había instaurado por su parte un gobierno respaldado por Riad y los países del Golfo.

Cuando la caída de Adén era inevitable, Al Hadi huyó a Riad solicitando ayuda a los Saud para ser repuesto en Sanaa, estos, en un tiempo record crearon de la nada una coalición de países árabes e islámicos y el 26 de Marzo de 2015 comenzaron una guerra para reponer al títere saudí que dura hasta hoy.

Lo que parecía una guerra desigual que acabaría en pocas semanas entre parte del ejercito del país más pobre de la región y milicianos que acudían con armas viejas y prácticamente descalzos al frente contra los ejércitos de una coalición de diez países comandada por una Arabia Saudí que tiene un presupuesto militar de los más grandes del mundo, lleva ya dos años enteros y no tiene visos de acabar.

La superioridad aérea saudí no ha tenido repercusión en el frente terrestre más allá de salida de la coalición Houthis-Saleh de la provincia de Adén hacia terreno más fácilmente defendible, la estabilización del frente pronto generó gran frustración e impotencia en Riad, lo que se tradujo en bombardeos indiscriminados a hospitales, colegios, funerales, joyas arqueológicas y sobre todo a la ayuda humanitaria a los civiles yemenís.

Mientras, en las provincias orientales de Yemen,  Al Qaeda y el ISIS campaban a sus anchas llegando los primeros a controlar la capital de la provincia más grande del país, la coalición internacional se ha dedicado sistemáticamente a evitar que la comida llegase a los civiles en un país en el que los campos de cultivo llevan años abandonados.

La desnutrición es galopante en Yemen, los médicos de los poco hospitales aun en pie el país ven impotentes como miles de civiles, muchos de ellos de corta edad, agonizan o mueren desnutridos en escenas similares a las vividas en los campos de exterminio de la Segunda Guerra Mundial. Y la comida no llega porque se han destruido carreteras e incluso bombardeado la poca ayuda humanitaria que llega.

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Mientras, la guerra no tiene visos de acabar, ya que los houthis bien arraigados en la tierra mantienen los frentes contra la parte del ejército que apoya a Al Hadi, contra Al Qaeda e ISIS e incluso han invadido suelo saudí desde donde en innumerables razzias han asaltado bases militares para dotarse de armamento moderno y suministros para continuar la guerra.

Lo que en inicio iba a ser un paseo militar ha causado miles de bajas a los países agresores, provocando la salida de la coalición de varios de ellos y que Arabia se haya visto forzada a contratar mercenarios de diversos países y empresas para continuar los combates y que los yemeníes no se hagan con las provincias de mayoría zaidí de su país.

Tal y como hace décadas les ocurrió a los egipcios que pretendieron derrocar al rey zaidi noryemenita  y lo único que consiguieron es que decenas de miles de sus jóvenes volviesen en ataúdes, los Saud han encontrado su Vietnam del que difícilmente podrán salir sin hacer un estrepitoso ridículo al empezar a jugar por propia iniciativa en un juego en el que si no ganas (y pronto) pierdes.

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